(Tomás de Jesús). N. en Lisboa en 1529, m. en Marruecos el 17 de abril de 1582. De ilustre familia, hijo del tesorero del rey don Juan III, era hermano de Diogo de Paiva de Andrada, teólogo y predicador, que representó a Portugal en el Concilio de Trento; de Francisco de Andrade, cronista mayor del rey; del padre Cosme da Presentaçáo, teólogo y filósofo muerto en Bolonia, y de Violante, segunda mujer del conde de Linhares, y tío de Diogo de Paiva de Andrada, hijo del cronista y autor de la obra O casamento perfeito.
A los 10 años, Thomé de Andrada fue confiado al agustino Padre Luis de Montoya, quien lo condujo a Coimbra y lo educó en el colegio de «Nossa Senhora da Graça». Habiendo corrido el peligro de morir ahogado en el río Mondeço y considerándose salvado de milagro, sintió en 1644 el deseo de entrar en la Orden de los Agustinos.
No se conoce bien el carácter de sus estudios, pero su vocación religiosa fue sincera y profunda sin duda alguna. Tuvo la dirección de los novicios del convento de «Nossa Senhora da Graça» de Lisboa, cargo que le dio amplia experiencia espiritual y le movió a escribir las Costumes de Noviciado y a proyectar, en 1574, la institución de una ‘congregación de reforma de su propia Orden, que constituyó para él fuente de conflictos y de amarguras y que sólo más tarde fue puesta en práctica en España por fray Luis de León.
Escribió también la Vida do venerável P. Luis de Montoya, y completó con una IV parte la Vida de Cristo, dejada sin terminar por el mismo maestro. Mantuvo relaciones espirituales con fray Luis de Granada, fue prior del convento de Terrafirme y visitador de la Orden.
En 1578, el rey don Sebastián lo escogió para la expedición a África, como capellán y experto en medicina. Herido y hecho prisionero en la batalla de Alcazarquivir, y comprado por un ermitaño árabe que quería convertirlo al islamismo, intentó a su vez convertir a su amo al cristianismo,, con lo que provocó la ira y el odio fanático de éste, que se tradujeron en cruelísimos maltratos.
Don Francisco da Costa, embajador en Marruecos del cardenal don Enrique, rey de Portugal, logró sustraerlo a una muerte segura y obtener su liberación con el dinero de la poderosa familia Andrada y el apoyo de Felipe II de España; el fraile se negó a regresar a la patria y prefirió permanecer en la cárcel, entre sus compañeros de cautiverio, para prestarles su asistencia espiritual y sanitaria.
Escribió entonces su obra más importante y religiosamente más profunda, Los sufrimientos de Jesús (v.), publicada después de su muerte, la primera parte en 1602 por V. Craesbeeck, la segunda en 1609 por Vicente Álvarez: ardiente exaltación del dolor en una suave resignación a la voluntad divina. Como prólogo y dedicatoria de la obra anterior, Thomé de Andrada escribió también, el 8 de noviembre de 1581, una Carta a Naçao Portuguesa, dirigida al país en el momento de las tribulaciones de la expedición a África.
L. Panarese

