Ana Comnena

Princesa bizantina, ha dejado unido su nombre a una obra histórica que comprende la época de las Cru­zadas y de las primeras relaciones entre Oriente y Occidente (1069-1118). N. en 1083, m. en 1150; la ambiciosa Ana se refugió en la historia cuando vio frustradas sus espe­ranzas de reinar.

Recibió de su padre, Alejo Comneno (1081-1118), que ya hacía dos años que reinaba cuando ella nació, cuidadosa educación literaria, y fue prometida, toda­vía de tierna edad, a Constantino Dukas, hijo del emperador Miguel VII Dukas, que había sido destronado en 1078.

Muerto su prometido, se casó con Nicéforo Briennio, veintiún años mayor que ella, hijo del general homónimo y también él buen lite­rato. Puede creerse que no fue un matri­monio de amor. Ana ayudaba a su padre en los asuntos de Estado, adquiriendo, con la experiencia de la administración, el ansia del poder.

Su madre, Irene, que sentía debi­lidad por ella, usó de toda suerte de me­dios para convencer a su marido Alejo de que excluyera de la sucesión a su hijo Juan y dejara el trono a Ana y a su marido. La negativa del emperador y la lealtad del pro­pio Briennio hicieron vanas todas las ten­tativas, de modo que, a la muerte de Alejo, las dos mujeres, desilusionadas, se retira­ron a un monasterio.

No dejaron, sin em­bargo, de tramar intrigas para apoderarse del poder, y al fin urdieron una conjura contra el nuevo emperador. Pero una vez más Briennio anuló las intrigas de su cón­yuge, la cual lo cubrió de injurias.

A con­secuencia del descubrimiento de la conju­ración, fueron confiscados los bienes de Ana; pero poco después le fueron devueltos gracias a la generosidad de su hermano. A partir de entonces, la desilusionada A., ya de treinta y cinco años, se despidió de sus ambiciones y se refugió en sus recuerdos, narrando para la posteridad la vida y las obras de Alejo. Así nació la Alexíada (v.), en quince libros (1148), concebida como una continuación a la Historia de Alejo Comneno (v.), obra que Nicéforo Briennio dejó sin terminar.

B. Lavagnini