Nacido en Wantage en 849, m. en 901. Hijo del rey Ethelwulf, subió al trono de Wessex, sucediendo a su hermano Etelredo, en abril de 871.
Era aquél un período borrascoso para el reino, amenazado por las invasiones danesas, que sólo mediante el pago de un rescate aceptaron la paz estableciéndose en Mercia los invasores. Renovadas las hostilidades en 876, Alfredo consiguió, después de dos años de guerra, llegar a una paz más conveniente.
Desde entonces se dedicó, desplegando cualidades excepcionales, a la reorganización del reino. Obligó a los nobles (thegn) a una mayor sumisión al poder soberano, reformó el ejército y proveyó a la fortificación de las fronteras; de modo que cuando los daneses se lanzaron de nuevo sobre Inglaterra, Alfredo los contuvo duramente (896).
Notable importancia tiene también la obra legislativa de Alfredo, que reunió en un código las leyes antiguas y estableció otras nuevas, en contradicción muchas veces con las consuetudinarias. Con la ayuda de monjes extranjeros consumió enormes energías en la restauración de la cultura entonces barbarizada, y se le considera el iniciador de la literatura anglosajona en prosa.
Mandó reordenar la Crónica anglosajona (v.), continuándola él mismo con la narración de la historia de su reinado. No menos importante es la iniciación y el desarrollo que dio a las traducciones al anglosajón de las obras latinas, difundiendo algunos de los máximos monumentos de la cultura cristiana y pagana del Medioevo, como Los consuelos de la filosofía (v.), versión de De la consolación de la filosofía (v.), de Boecio; la Regla pastoral (v.), de Gregorio Magno; la Historia eclesiástica de los anglos (v.), de Beda, y la Historia Universal del rey Alfredo (v.), traducción de la Historia contra los paganos (v.), de Pablo Orosio. Son éstas versiones libres, con algunos añadidos e interpretaciones personales.
M. Colombi Guidotti

