Jean Le Rond D’alembert

Nacido el 16 de noviembre de 1717 en París, m. en la misma ciudad el 29 de octubre de 1783. Hijo natural del general de Artillería Destouches y de la señora de Tencin, fue reco­gido en los escalones de la iglesia de Saint- Jean Le Ronde, cerca de Notre Dame, por un comisario de policía, quien le dio preci­samente el nombre de Jean-Baptiste Le Rond.

Criado por la mujer de un pobre vi­driero, a quien amó siempre como a su ver­dadera madre, recibió una buena educación, porque su padre se ocupó siempre de él de un modo secreto, y a su muerte le dejó una renta de 1.200 libras.

A los 12 años fue enviado al colegio mazariniano de las Quatre-Nations, donde pronto se distinguió por- su rápida inteligencia. A los 18 años añadió a su apellido el sobrenombre Daremberg, que unos años después había de convertirse en d’Alembert.

En el colegio Mazarino se interesó sobre todo por el derecho y la medicina, de acuerdo con su vocación fun­damentalmente científica. Cuando tenía poco más de 20 años, la Academia de Ciencias de París le nombró miembro suyo gra­cias a su Mémoire sur le calcul intégral (1739), seguida de la obra Sur la réfrac­tion des corps solides (1741). La Academia de Berlín premió pocos años después sus Réflexions sur la cause générale des vents (1746) y le nombró socio suyo.

El Tratado de Dinámica (v.), aparecido en 1743, dio nuevas bases a la física y le proporcionó renombre universal. Pero este autor, re­chazando los generosos ofrecimientos de Federico II y de Catalina de Rusia, vivió siempre en París, sin preocuparse de hono­res y celoso de su independencia, hasta su muerte.

Tristes fueron sus últimos años, des­pués de la muerte de Julie de Lespinasse, a la que le había ligado una larga y tierna amistad. Miembro de la Academia de Fran­cia desde el 54, fue también secretario per­petuo de la misma desde 1772. Colaboró apa­sionadamente con Diderot en la gran em­presa de la Enciclopedia (v.), pero se re­tiró de ella en 1759, cuando más violentos eran los ataques de los católicos contra la obra y contra sus promotores.

No cesó, sin embargo» en las investigaciones, en sus ama­dos estudios. Sus más significativas obras filosófico – literarias, las cuales sustancial­mente no hicieron otra cosa que divulgar en Francia el pensamiento inglés, son Mélanges de philosophie, d’historie et de littérature (1753), en donde se encuentra el famoso Discurso preliminar de la «Enciclo­pedias» (v.); el Essai sur la société des gens de lettres avec les grands, en la que señala los graves peligros de orden moral y civil que comporta el mecenazgo: los Élements de philosophie (1759), que contiene la sistematización más completa de su pensamien­to, y, por último, Sur la destruction des Jésuites (1765).

Pero el talento de nuestro autor brilló de un modo especial en los estu­dios de matemáticas y de mecánica, como lo demuestran el Traité de dynamique, los ocho volúmenes de Opuscules (1761-80) y diversos artículos de la Enciclopédie.

G. Costa