Alain de Lille

(Alanus de Insulis). N. en Lille entre 1115 y 1118, m. en Citeaux en 1202-1203. Adornado por sus contem­poráneos con el título de «grande» y por la posteridad con el de «doctor universal», es quizá el máximo representante del huma­nismo francés del siglo XII, y al mismo tiempo, de aquella sumisión de la ciencia a la fe, típica de la época, por lo cual, llegado al ápice de su carrera y de la gloria, en lugar de esperar premios terre­nales entró como simple monje en la aba­día de Citeaux.

Había estudiado en Chartres y en París, asimilando sobre todo las ideas neoplatónicas, muy difundidas en su tiempo, y añadiendo a ellas elementos aris­totélicos derivados de Boecio, en un mo­saico, más que una síntesis, de la primera escolástica.

Durante su enseñanza en la Uni­versidad parisiense, de la que también fue rector (aunque desempeñó asimismo cáte­dra en Montpellier), redactó sus Regulae de sacra theologia y su De fide catholica contra haereticos: cuatro libros —respecti­vamente dedicados a la refutación de los albigenses, de los valdenses, de los hebreos y de los árabes— escritos con la intención de mantenerse fiel a la interpretación ra­cional de la Escritura y de los Padres, «quia auctoritas — decía agudamente — cereum habet nasum», y a todos es grato modelár­selo a su propio gusto.

Escribió también una obra voluminosa de interés canónico: el Líber poenitentialis. Pero su mayor influjo sobre la posteridad lo ejerció como poeta: con el Liber parabolarum y sobre todo con el Anticlaudiano (v.) —un viaje por los siete cielos montado en el carro de los sen­tidos y guiado primero por la Teología y luego por la Fe —, del que probablemente extrajo inspiración el Dante, y con las Lamentaciones de la naturaleza (v.), que inspiró, aunque en un sentido totalmente distinto, a los autores del Román de la Rose (v.). Anteriormente se le había atribuido también la obrita Del arte o De los artícu­los de la fe católica (v.), que hoy se atri­buye generalmente a Nicolás de Amiens.

C. Falconi