Nacido en Findö el 25 de agosto de 1802; m. en Froland, cerca de Arendal, el 6 de abril de 1829. De 1821 a 1825 asistió a la Universidad de Cristianía; pero fue ante todo un autodidacto, estudiando principalmente las obras de Euler y de Lagrange.
En 1825 obtuvo una beca bienal de estudios en el extranjero. Permaneció seis meses en Berlín, donde trabó amistad con Crelle, que publicaba por entonces su conocido periódico de matemáticas, el Journal de Crelle, y que imprimió diversos trabajos suyos.
De allí marchó a Friburgo, donde inició sus brillantes investigaciones acerca de las funciones elípticas, que constituyen uno de los mayores méritos de este autor, y a continuación a París, donde residió hasta diciembre de 1826.
Pero aquí le faltaron los apoyos que había tenido en alemania, especialmente por parte de Cauchy, tanto que una de sus memorias más importantes, Sur quelques propriétés générales d’une certaine sorte de fonctions trascendentes, que Cauchy habría debido presentar a la Academia de Ciencias, quedó largo tiempo olvidada.
Dicho trabajo no se publicó hasta 1841 a instancias de Jacobi y a consecuencia de la presión que ejerció Holmboe, que había sido profesor de A. y que reconoció sus méritos publicando sus trabajos: Œuvres complètes de N. H. Abel, par Holmboe, 2 vols., Cristianía, 1839 (v. Investigaciones sobre las funciones elípticas).
En diciembre de 1826, A. abandonó Paris y, tras una breve estancia en Berlín, regresó a su patria en la mayor indigencia. Algunas clases que allí obtuvo le permitieron vivir difícilmente. La obra de A. es fundamental en la matemática del siglo XIX.
Cultivó la rama del análisis matemático referente a la teoría de las funciones multiperiódicas o trigonometría superior. Su nombre ha quedado vinculado, juntamente con el de Jacobi, a uno de los más importantes descubrimientos en dicho campo: ambos matemáticos llegaron a las funciones «theta», que constituyen una parte importante de las funciones elípticas.
A. estudió también por primera vez ciertas entidades matemáticas que fueron llamadas más tarde «funciones abelianas» y cuya teoría ha sido investigada por muchos estudiosos modernos. El teorema en que demuestra sus proposiciones fue calificado por Lagrange de «monumentum aere perennius».
Descubrió, además, un criterio en el campo de las series y demostró por primera vez el teorema relativo a la imposibilidad de formas resolutivas para las ecuaciones de 5.° grado, teorema enunciado por primera vez en 1798 por Pablo Ruffini. Los méritos de A. fueron reconocidos demasiado tarde, cuando él había muerto ya. a la temprana edad de 27 años y en la más absoluta miseria.
R. Fedriani

