París Revolucionario, Georges Lenótre

[Paris révolutionnaire]. Obra de Georges Lenótre (Théodor Gosselin, 1857-1935). Es una colección de artículos aparecidos en el «Moniteur», publicada en 1891 y continuada después en seis series con el título Viejas casas, viejos papeles.

El autor va buscando en el viejo París y en las ciudades de pro­vincia los lugares donde se desarrolló la vida de los hombres de la Revolución, ilus­tres u oscuros; se dirige a las casas donde vivieron, interroga a sus descendientes, in­vestiga en los archivos y de todo ello entre­saca aquellos detalles de ambiente, rasgos reveladores y detalles materiales que nos ayudan a hacer revivir personajes y esce­nas, y devolviendo palpitación de vida humana a situaciones que en la gran his­toria quedan rígidas.

Vemos así como la vida burguesa continúa en medio de las atrocidades cotidianas, penetramos en la tranquila intimidad doméstica del indigna­do Pére Duchesne o del cruel Fouquier-Tinville (los revolucionarios más furibun­dos eran amantes de la normalidad familiar) o en las habitaciones donde se desarrolló el breve idilio trágicamente truncado de Camille y Lucille Desmoulins; seguimos a los honrados Simón en la siniestra morada del Temple, sabemos lo que divisaban desde sus ventanas Danton o Marat.

Topografía y objetos de museo se animan y dan vida a los lejanos recuerdos. A veces el fin es obtenido poniendo en primer plano a figu­ras de menor cuantía; la tragedia de André Chénier es seguida en la tumultuosa an­gustia de su padre; la caída de Robespierre, a través del calvario de la jovencita de veinte años Elizabeth Duplay; la muerte de la Dubarry, a través de los remordimien­tos de su paje negro Zamor.

Las mujeres de los más ardientes revolucionarios son amorosamente estudiadas: la madre Duches­ne, ex monja que continuó siendo devota; la «femme» Simón, buena ama de casa; madame Fouquier-Tinville, que recitaba versos pastoriles el día del cumpleaños de su maridó. El autor investiga la juventud de muchos de los héroes de la revolución y sigue a los supervivientes en su edad más avanzada, cuando cesa de iluminarlos la luz de la Historia; papá Pache, alcalde de París en el 1792-93, entierra sus tremendos recuerdos en la quietud contemplativa de un pueblecito; Tallien ofrece a los «bouquinistes» del Sena la colección de su dia­rio y, reconocido por Pasquier, acepta una pensión de Luis XVIII; Drouet acaba sus días como lector de periódicos realistas a un gentilhombre de provincia.

Los historia­dores más modernos han reprochado a Le­nótre su tendencia a no ver en la revolu­ción más que el fruto de una loca exalta­ción de unos pocos, dentro de una general incomprensión; con todo, su punto de vista, no político, sino privado y novelesco, exclu­ye toda animosidad. Se le reprochó también el sustituir con la fantasía el documento, a lo que replicó que aunque había preferido consultar fuentes distintas de los fríos tes­timonios oficiales, todo estaba documentado, e incluso el estado del cielo, descrito en sus animadas escenas, estaba sacado del boletín meteorológico.

La variedad, la fuerza evo­cadora, la abundante cosecha de curiosi­dades anecdóticas, el arte del escritor, ha­cen de este libro uno de los más atractivos de la literatura sobre la Revolución. [Trad. española de Zoé Ramírez (Barcelona, 1946)].

P. Onnis