El tema, tratado también por Gabriele D’Annunzio (1863-1938), dio origen a una tragedia en cuatro actos, en verso, Parisina, que sirvió de libreto para una ópera de Pietro Mascagni (1863-1945), estrenada en Milán en 1913 y publicada el mismo año.
Alrededor de la historia incestuosa de una mujer enamorada de su hijastro, como Fedra (v.), el poeta intenta, fijar las líneas de una fábula coherente y precisa, después de las opuestas tentativas del Martirio de San Sebastián (y.) y de la Pisanella (v.). Segunda obra, por su argumento, del ciclo Los Malatestas (v.), renueva el tema, el tono y el lenguaje de Francesca da Rimini (v.); pero empobrecido hasta quedar reducido al limbo de las meras intenciones, como lo prueba el hecho de que la misma exigencia musical que en El martirio de San Sebastián y en La Pisanella le había hecho acudir a la música de Debussy y de Pizzeti, se realiza no en el texto, sino fuera del texto, hasta reducir este último a mero libreto de melodrama.
Sin embargo, en el sentido de la aspiración musical no faltan sugestivas insistencias sobre el conocido tema de la voluptuosidad amorosa; tales los tenues versículos anticipados en la Contemplación de la .muerte (v.), donde, fuera de la endeble y pesada acción, se adaptan mejor a la sensualidad del último D’Annunzio.
E. De Michelis

