Pan, Knut Hamsun

Novela del escritor noruego Knut Hamsun (1859-1952), publicada en 1894, y, junto con Hambre (v.), su obra más cono­cida.

Consta de dos partes: la primera y más amplia, en capítulos brevísimos, tiene la forma de recuerdos del tiempo que el teniente Tomás Glahn pasó en el extremo septentrional de Noruega hacia 1885; la se­gunda es una relación, que se supone escrita por su propio asesino, de la muerte del te­niente en las Indias en 1861.

Exteriormente la obra tiene, pues, la forma de libro de memorias, o sea, páginas sueltas que reflejan sensaciones y acontecimientos singula­res, cuya unidad reside en la identidad del sentimiento y del tono: no un tono descrip­tivo a la manera de una novela, sino lírico.

No narra unos acontecimientos; refleja las sensaciones de un hombre, del teniente Glahn, que es todo sensibilidad y sólo halla su equilibrio en el contacto inmediato con la naturaleza solitaria, con los elementos, los animales, con las mujeres puramente instintivas como Eva. «Era soberbiamente bello, lleno de juventud, fascinador…

Dicen que una señora definía de este modo su fascinación extraña: estoy perdida cuando me mira, me siento tan turbada como si me tocase». La sociedad humana surge sobre los instintos, es varia y compleja.

Esto ex­plica que, siendo en el libro tan feliz la re­presentación de la vida elemental, sea tan débil la del mundo social. Aquellos hombres malvados con apariencias corteses (el mayo­rista Mack), hinchados y ridículos (el ba­rón y también el médico), con los que Glahn está en contacto durante su vida de nómada cazador, son caricaturas; también Eduarda, la hija del mayorista, que no está segura de si ama o no a Glahn ni hasta qué punto es amada por él, es un personaje incoherente.

El contraste entre una natu­raleza pura y la sociedad corrompida no puede ni siquiera plantearse. Por otra parte, Glahn no es tampoco un verdadero y sano hijo de la naturaleza; es un fauno moderno, incurablemente enfermo de «spleen», que tras de haber probado las sensaciones de las deshabitadas comarcas del Nordland, quiere experimentar las de Oriente para no volver ya más a las Indias; se diría un alumno de Rousseau pasado a través del exotismo romántico.

De esta debilidad en la psicología adolece sobre todo la segunda parte, la narración de la vida en las Indias que termina con el asesinato de Glahn. No se ve claro porqué Glahn trata de hacerse matar a toda costa, ni por qué lo mata su compañero; ni la antipatía ni los celos a causa de la mestiza Maggie parecen moti­vos suficientes.

En un «fin de siglo» turbio y sensual, el primitivismo de Glahn ejerció una fascinación semejante a la llamada de la naturaleza y de la animalidad virgen. Pero, independientemente de motivos exte­riores, hay en Pan páginas inolvidables: las que nos hablan, con rara penetración, de la vida de las estaciones, de las plantas y de los animales, aquellas en que los sentimien­tos elementales de los hombres armonizan perfectamente con el fondo natural y se funden con él. [Trad. española de Alfonso Hernández Catá (Madrid, 1942), incluida posteriormente en la edición de Obras com­pletas (tomo I, Barcelona, 1952)].

V. Santoli