Orlandino, Teofilo Folengo

Título de una obra de Teofilo Folengo (1491-1544) y de otra del Aretino. La de Folengo es un poema caballe­resco compuesto con intención satírica, y publicado en 1526 y en 1527, en dos edicio­nes diversas en su texto y su estructura, con el pseudónimo de Limerno Pitocco (Limerno es anagrama del pseudónimo Merli­no, con que el autor escribió las Macarro­neas, v.).

El poema, en ocho cantos, se pro­pone presentar la vida del pequeño Orlando (v.), pero la multitud de motivos satíricos y burlescos fue tal en la apresurada com­posición del libro, que en gran parte de la obra no se habla más que de los padres de Orlando; Milón, paladín de Carlomagno (v. Rey Carlos), y Berta, princesa real.

La des­cripción heroicocómica de un torneo, los amores a menudo salaces de los dos jóvenes (y añádase la intromisión de una camarera de Berta, Erosina, y de un caballero amigo de Milón, Rampallo) en una serie de aven­turas divertidas y de fácil vena, pero a veces descaradas y artísticamente desigua­les representan la parte más viva de la na­rración.

Un banquete y el baile en la corte de Francia, una especie de rapto y la fuga de los dos amantes, la hospitalidad de un pescador, muestran que el autor se ha va­lido del mismo material que en su Baldo (v.) para la creación de los héroes epónimos en uno y otro libro.

Del mismo modo se servirá de algunos trozos del Orlandino, para volver a escribir con profundas innovacio­nes la parte, en la tercera redacción del Baldo, que se refiere a la hospitalidad del campesino y la vida que junto a su hijo conduce Baldovina, no presentándola ya muerta de parto, como en sus dos primeras redacciones.

En el Orlandino la fuga de los dos amantes por medio de una embarcación, Berta raptada por un noble calabrés, la defensa heroica que aquella mujer hace de su virtud, el nacimiento del niño, y después sus fullerías, son todos episodios ágiles, pero desligados, de género fácil y aun tri­vial por la excesiva desenvoltura que el au­tor quiere mostrar a cada paso.

La obra resulta también desigual a causa de varios pasajes inspirados en concepciones innovadoras en el campo de la religión; especialmente por una famosa charla de Berta respecto a la fe. La más acre diatriba ins­pira a Folengo el episodio caricaturesco del beato Griffarrosto, un pésimo sacerdote lleno de vicios. Pero aquí se interrumpe el relato.

Aparte algunas confesiones del autor que declara dejar la empresa a otros para que canten las hazañas de su héroe, convertido en paladín, con Reinaldos — y baste para todos el ejemplo del Orlando furioso (v.) de su admirado Ariosto —, se advierte cla­ramente que aquella obra fue más que nada un pretexto para descripciones extravagan­tes y jocosas y de propósitos satíricos con fondo personalista.

C. Cordié