[Oraisons funèbres]. Típica por los complejos motivos que la caracterizan en la elocuencia sagrada del siglo, es esta obra de Esprit Fléchier (1632-1710), obispo de Lavaur y luego de Nîmes. Recopiladas las oraciones en 1705, representan uno de los más notables documentos de la literatura de la época.
Aun sin abandonar su naturaleza de observador sagaz (v. Memorias sobre los Grandes Días de Auvernia), el autor siente que puede dedicarse a la oratoria sagrada con el mismo amor a la perfección formal que tanto le apasionaba en la vida de sociedad, y entregarse a la renovación espiritual del clero de Francia.
Después de la primera oración fúnebre (1658), el interés por este género, que había de encontrar en Bossuet su expresión más elevada, se hace cada vez mayor en Fléchier; son documentos notables las oraciones por Madame de Montausier (1762), por Turenne (1676) y por Monsieur de Montausier (1690).
Precisamente en el conflicto entre la moral evangélica y los atractivos del mundo muestra el autor la sencilla vida de algunos personajes e indica los escollos que obstaculizaron el camino de aquellas almas, las cuales supieron evitar la derrota espiritual sin abandonar la sociedad en la que tenían que vivir — por su excelsa posición nobiliaria — como ejemplos de probidad y de magnanimidad.
En estas Oraciones fúnebres brilla, aun entre los diversos artificios del amaneramiento literario, un vivo espíritu religioso, que siente el valor de las cosas terrenas, trata de comprenderlas con humanidad y fineza, y demuestra piedad incluso por los mismos vicios.
Como transportado por una onda lírica, Fléchier, en lugar de hacer silogismos sobre las vidas y los pensamientos del muerto, trata de representarlo amorosamente con una fidelidad y sinceridad que asombran. Así los rasgos más singulares — y de mayor fuerza artística — de estas Oraciones son los que tratan de interpretar las pasiones de los personajes, como en un retrato moral. Entre todas es célebre la dedicada a Turenne, de cuyo comienzo se dijo que daba «la sensación de un canto».
C. Cordié
Fléchier es un magnífico retórico, de suprema elegancia de forma, de rara delicadeza de oído: su prosa tiene un ritmo maravilloso. (Lanson)

