[Oraisons funèbres]. Obra representativa — sin duda la más famosa literariamente — de Jacques- Bénigne Bossuet (1627-1704), publicada como Recueil d’Oraisons funèbres en 1689 y, a cargo del abate Lequeux, en 1762.
El carácter orgulloso y a menudo intransigente del obispo de Meaux no estaba ciertamente inclinado, como otros religiosos de su época, al género de la conmemoración fúnebre. Sin embargo, debido a su cargo de instructor del Delfín y a su amistad con muchas grandes familias, tuvo que pronunciar varias veces sermones que sólo por voluntad de las familias dio a la imprenta.
Entre las «oraciones» más famosas están las dedicadas al padre Bourgoing (1662), gran predicador del Oratorio, a Enriqueta de Francia, hija de Enrique IV y de María de Médicis, esposa de Carlos I rey de Inglaterra (1669), a Enriqueta de Inglaterra, hija menor de Enriqueta de Francia y de Carlos I (1670), a María Teresa de Austria, infanta de España, reina de Francia y de Navarra (1683), a Ana Gonzaga de Cléves, princesa palatina de novelesca vida (1685), a Michele Le Tellier, canciller de Francia (1686) y al príncipe Luis de Borbón, el famoso príncipe de Condé (1687).
Bossuet, sin perjuicio de la viveza dramática con que evoca la figura y la obra de los difuntos, endereza las oraciones al aleccionamiento moral de los oyentes. Las repentinas muertes y los dolores de la existencia han de demostrar a los poderosos la vanidad de las cosas mundanas e incitarlos al bien.
Algunos discursos dan una representación escultórica del carácter, a menudo idealizado, de los personajes; son también dignos de^ mención, especialmente por su fondo histórico, los pasajes episódicos, ricos en relieve, que han hecho célebres a estás oraciones.
Por la altura del pensamiento, la intensidad de la emoción, siempre dominada por su elocuencia amplia y mesurada, es una de las obras más significativas del clasicismo francés. [Trad. de Francisco Navarro y Calvo en «Biblioteca Clásica» de Hernando (Madrid, 1928)].
C. Cordié
En el innumerable concierto de las voces cristianas, es el instrumento que, casi a la manera de una fuga austera y convincente, nos dice todo lo que es razonable creer. (Du Bos)
Nadie está más seguro de sus palabras, ni es más fuerte en sus verbos, ni más enérgico y libre en todos los actos del discurso, más atrevido y feliz en la sintaxis y, en resumen, más dueño del idioma, es decir, de si mismo. (Valéry)

