Odas y Baladas, Victor Hugo

[Odes et Ballades]. Título bajo el cual Victor Hugo (1802-1885) reunió en la edición defini­tiva de 1828 toda su producción poética de juventud.

Gran parte de estas poesías ya habían sido publicadas anteriormente en cuatro libros: en 1822 y en 1823 (Odes); en 1824 (Nouvelles Odes), y en 1826 (Odes et Ballades) o sea dos libros de Odas y uno de Odas y Baladas. Ordenando de nuevo esta materia en un solo volumen, el poeta dividió todas las Odas en cinco «Libros», los tres primeros de poesía histórica y polí­tica (1818-1822, 1822-1823 y 1824-1828), y los dos restantes de temas varios y de inspira­ción más estrictamente personal (1819-1827 y 1819-1828); mientras otro libro recogía las quince baladas compuestas desde 1823 a 1828.

Con las primeras odas, dos años pos­teriores a las Meditaciones (v.) de Lamartiné y solamente a pocos meses de los Poemas (v.) de Vigny, Victor Hugo, que contaba apenas veinte años, se coloca en­tre los tres grandes poetas del nuevo siglo; y su arte, si bien en sus principios pa­rece más bien cauto y respetuoso para con las maneras líricas tradicionales, muestra en seguida algunas cualidades fundamen­tales.

El poeta se presenta como discípu­lo de Chateaubriand, cantor de un reno­vado espiritualismo cristiano y del legitimismo de la Revolución, y este programa se hace evidente incluso en la selección de los temas («La Vendée», «Les Vierges de Verdun», «Louis XVII»…); pero por encima de este apresurado conformismo (que debía progresivamente ceder terreno a muy dis­tintos ideales) es de notar en seguida el vivo y sincero interés por los acontecimien­tos políticos y sociales de su tiempo, un ar­diente sentimiento de la Historia y una ele­vada idea de la misión del poeta, que tien­de ya casi a identificar con la voz y la conciencia de la Humanidad.

Estas notas más enérgicas, a decir verdad, resuenan con plena sonoridad solamente en las odas del libro III (donde, por otra parte, ya se per­fila el tema de las gestas napoleónicas), casi en una progresiva afirmación de indepen­dencia que encuentra clara confirmación en los sucesivos prefacios, cada vez más auto­ritarios e inclinados a las teorías del na­ciente Romanticismo. En el libro IV y en el V el genio del poeta tiende sin más a afirmarse en todos los géneros y temas con creciente maestría: pinta con bravura fan­tástica frescos históricos que son casi un anticipo de la Leyenda de los siglos (v.), busca con ambiciosa solemnidad en los abis­mos del tiempo («Ainsi d’un peuple entier je feuilletais l’histoire!») o esboza con ima­ginativa elocuencia coloquios con la Divi­nidad, o trata con gran simplicidad temas íntimos, en estrofas bien timbradas y justa­mente famosas («Mon enfance»).

Hugo, aún joven, se presenta ya bajo el doble aspecto, que se ha convertido en tradicional, del poeta-vate y del «gran artesano». Pero si en las Odas encontramos un espíritu pode­roso y equilibrado, iluminado por un agu­dísimo sentido de las relaciones entre la tradición clásica y la nueva poesía, en las Baladas tenemos en cambio un poeta total­mente romántico: un colorista audacísimo de dinámica fantasía dedicada a la búsque­da de los temas más fantasmagóricos, interesado en hacer gala de todo el instrumen­tal medieval según la moda de la época que gira con desenvoltura entre esqueletos y espectros, hadas, brujas y gnomos («La Ronde du Sabbat»), que pone en escena monjas, malandrines y fantasmas («La Légende de la nonne»), y se abandona, como embriagado por su propia habilidad, a cen­telleantes y extravagantes acrobacias mé­tricas («La chasse du Burgrave»).

Mientras que de esta manera daba el más complejo ejemplo del nuevo género romántico (hasta el punto de inducir al joven Sainte-Beuve a comparar sus invenciones a «ventanales góticos» a causa de su gusto por el detalle pintoresco, vivido, crudo), Hugo presentía además los refinamientos estilísticos de Gautier y de la escuela parnasiana. Pero no es difícil divisar en estos geniales ejercicios la parte de la voluntad y del artificio: su profunda naturaleza de poeta se revela de una manera más perfecta en los dos últimos libros de Odas. [Trad. española de Jacinto Labaila en Obras completas (Valencia, 1886- 1888), y de Fernando Girbal Jaume (Bar­celona, 1910)].

M. Bonfantini

Hugo hizo en sus baladas su cabalgata romántica. (Carducci)

Odas totalmente clásicas en su dominante retórica que las convertía en el término espléndido del lirismo según la fórmula de Jean-Baptiste Rousseau, obra maestra de virtuosismo sin sinceridad. (Lanson)

Ha sido el rey de las palabras… Este so­ñador tan poco filósofo tiene a veces versos profundos; y este poeta, mucho más rico de imaginación que de ternura, tiene versos delicados y tiernos. (Lemaitre)