Obras, Arnau de Vilanova

[Opera]. Bajo este título fue impresa varias veces en el siglo XVI (Lyón 1504, 1520 y 1586; Basilea 1585) una colección de obras médi­cas y científicas a nombre de Arnau de Vilanova (1238-1311), quien fue en vida médico de cámara de tres pontífices y de los reyes de Aragón, Nápoles y Sicilia y dejó al morir una fama extraordinaria.

Nacido en Valencia (o en su diócesis) a raíz de su conquista por Jaime I (en 1238), debió de aprender el árabe en su infancia y aficio­narse a la medicina en el trato con los moros, aún muy numerosos, que poblaban el país. Siguió sus primeros estudios con los dominicos en Valencia, desde donde pasó a cursar la medicina en Montpellier, y más tarde en Nápoles.

Pedro II el Grande le nombró médico de la casa real aragonesa, con obligación de residir en Barcelona; cargo que siguió desempeñando durante el reinado de sus hijos Alfonso II y Jaime II. Asimismo fue médico y hombre de con­fianza del rey de Sicilia Federico III, her­mano de los anteriores. Hacia 1290 fue lla­mado a profesar la medicina en la Univer­sidad de Montpellier; y allí se contagió de las ideas escatológicas y apocalípticas de los «espirituales».

En 1299 abandonó el profe­sorado y se lanzó por el camino de las acti­vidades diplomáticas; con ocasión de las mismas, desplegó una intensa campaña para divulgación de su ideario religioso y refor­ma de la Cristiandad, en la que cosechó sinsabores y contratiempos a granel. La fama póstuma de Arnau de Vilanova se cimienta en sus numerosas obras médicas y científicas, que van desde los tratados gene­rales hasta opúsculos monográficos breves y versan sobre una gran variedad de temas: higiene, medicina, cirugía, farmacia, astro- logia y alquimia.

En su doctrina, la tradi­ción griega hipocraticogalénica se combina con los nuevos conocimientos asimilados de los árabes. Arnau es considerado como el más conspicuo transmisor de la medicina árabe a Occidente. Empezó su carrera lite­raria traduciendo del árabe obras médicas de Avicena, Costa ben Luca, Abu-1-Salt, Alkendi y otros.

Comentó, además, a Galeno y a Hipócrates, a semejanza del cual pu­blicó varias obras aforísticas, entre ellas las notables Medicationis Parabolae. De sus tratados generales sobre medicina hay que destacar el Breviarium practicae, en el que se describen todas las enfermedades del cuerpo humano y se proponen sus remedios. Muy aficionado a la higiene, escribió varios tratados para conservación de la salud, en­tre los que sobresalen su Comentario al Régimen Salemitano y el Régimen de Sani­dad escrito exprofeso para su rey, Jaime II de Aragón.

Arnau cultivó asimismo las cien­cias ocultas, en especial la alquimia y la astrología; a su pluma se deben el Rosa­rías philosophorum, el Perfectum magisterium dedicado también al rey de Aragón, varios tratados alquímicos dedicados a Bo­nifacio VIII y los Capitula astrologiae. Ade­más de estas obras auténticas, en los si­glos XIV y XV le fueron falsamente atribui­das otras muchas del mismo carácter. En los últimos veinte años de su vida Arnau de Vilanova compuso numerosos escritos de carácter religioso.

Entre 1290 y 1300 dio a conocer varios tratados extensos, inspirados en la ideología del abad calabrés Gioacchino da Fiore, tales como una introducción a la obra apócrifa de dicho autor De semine scripturarum, una Exposición del Apocalip­sis, un opúsculo sobre la significación del Tetragrammaton, un catecismo destinado a los hijos del rey de Aragón y, sobre todo, el famoso tratado sobre la venida del Anti­cristo, que suscitó una viva oposición en los teólogos de la Sorbona.

Detenido, el rey de Francia mandó respetar su condición de embajador; pero no pudo evitar que el li­bro fuese quemado, y su autor obligado a retractarse. Comenzó entonces para Arnau una etapa de persecuciones, a la que repli­có con una agria polémica, rica en episo­dios; los más sonados ocurrieron en Gerona, en Lérida y en Marsella. De esta polémi­ca queda una serie de tratados menores, opúsculos y documentos compuestos en oca­sión de la misma.

Arnau buscó la impunidad en su condición de familiar del Pontífice y en el apoyo del rey de Aragón. La elección de Clemente. V, amigo y simpatizante de Arnau, detuvo la polémica. Desde 1305, Ar­nau se dedicó a llevar a la práctica sus ideales de reforma de la Cristiandad, cuya ejecución encomendó a los dos reyes her­manos de Aragón y de Sicilia.

Dirigió a éste una especie de manifiesto político titu­lado Allocutio Christiani, que desarrolló luego en un extenso programa de actuación. Para recabar el apoyo del Papa y del Cole­gio cardenalicio, leyó en consistorio público un largo documento, que se conoce con el nombre de Raonament d’Avinyó; los car­denales del bando adverso le acusaron en­tonces ante Jaime II de haberle difamado.

El rey le retiró la confianza; y, aunque su hermano Federico se mantuvo fiel a Arnau, la empresa política quedó estancada. Ar­nau murió, durante una travesía por mar, a fines de 1311, sin haber logrado aplacar el enojo de su monarca. Cinco años más tarde, habiendo fallecido Clemente V, los enemigos de Arnau lograron que una re­unión de teólogos convocada por el Inqui­sidor en Tarragona condenara catorce tesis y todos los escritos suyos de carácter espi­ritual.

J. Carreras Artau