Obra de Oliva Sabuco de Nantes. En Madrid, 1587, apareció este libro singular. Hace poco se ha descubierto que no es obra de doña Oliva Sabuco, sino de su padre, el bachiller Miguel Sabuco (m. 1588), vecino de Alcaraz, que puso a su hija «por autor sólo para darle la honra».
El libro, importante por sí mismo, es un tratado de las pasiones en relación con la Fisiología, estableciendo un nuevo sistema que afirma no ser la sangre la que nutre nuestro cuerpo, opinión de todos los médicos de su época, sino el «suco nérveo» derramado del «cerebro», «causa y oficina de los humores de toda enfermedad». Pormenorizadamente analiza las distintas pasiones, origen de las dolencias y de la muerte, explicando sus causas y dando sus remedios.
Para la tristeza recomienda la lectura, la música; para el miedo prescribe la alegría, el campo; el amor y deseo, el odio, la vergüenza, la congoja, la pereza — imagen de la muerte—; el ocio, los celos, la esperanza, la alegría…, columnas son que sustentan la salud y la vida humana. «Feliz y dichoso es aquel que no le causan congoja las glorias perecederas del mundo, ni pone su estimación en el fausto mundanal, sino que pasa sus días en quietud, silencio, sosegado, sin obrar mal y con la alegría de una buena conciencia».
Termina con tres coloquios: sobre la compostura del mundo (meteorología), sobre los auxilios y remedios de la Medicina (medios higiénicos y curativos), sobre las cosas que mejoran el mundo y sus repúblicas. Entre otros asuntos, pinta la inmoralidad de los pleitos, «perdición del mundo», y clama contra la Babilonia de las leyes. Todo ello escrito con soltura y amenidad, poblado de citas más o menos eruditas y de anécdotas o fábulas que la Antigüedad suministra con abundancia.
Al final del libro, que se lee aún hoy con agrado, pues quien lo compuso se supo servir no sólo de sus conocimientos, sino de sus propias observaciones y experiencias, hay unas «sentencias breves» (Dicta Brevia Circa Naturam Hominis medicina fundamentum) «para poderlas llevar en la memoria», redactadas en latín.
La «tabla» de lo que contiene la obra de doña Oliva o de su padre, es la siguiente: un coloquio del conocimiento de sí mismo, en el cual se dan grandes avisos; por los cuales el hombre entenderá su naturaleza, y sabrá las causas naturales por las que vive y por las que muere o enferma, y podrá evitar la muerte temprana, o violenta, y podrá vivir feliz hasta llegar a la muerte natural de vejez, que se pasa sin dolor. ítem, un breve tratado de la compostura del mundo como está. ítem, las cosas que mejorarán este mundo, y sus repúblicas. ítem, remedios de la vera Medicina, con los cuales el hombre podrá entender, regir y conservar su salud.
Contiene más la vera Medicina, y vera Filosofía, oculta a los Antiguos, en dos diálogos. ítem, dichos, y avisos breves, y paradojas notables, y de gran fruto. Antonio, Veronio y Rodonio, tres pastores filósofos en vida solitaria, son los que hablan y exponen ante el lector todo el sistema en que fundamenta el autor de la obra sus razones en defensa de la vida moral e higiénica, única fuente de verdadera salud. Unos sonetos dedicados a doña Oliva por el licenciado don Juan de Sotomayor, vecino de la ciudad de Alcaraz, que debió creerla autora del interesante libro, preceden al mismo.
C. Conde

