[Notizie dell’Europa non barbara]. Cartas de Lorenzo Magalotti (1637-1712), escritas con evidente fin artístico y publicadas en más de una colección; con su armónica selección de temas forman una pequeña obra digna de interés por la manera con que el «postillón de Europa» inaugura un nuevo estilo de viajar, el de conocer a las gentes sin perder tiempo en antiguallas.
El espíritu de observación del famoso hombre de ciencia, junto con una despreocupación apenas velada por las conveniencias, le incita a escribir a Bettino Ricasoli sobre la manera con que hay que tratar a los franceses (que fastidian al prójimo con su altanería, pero que le tienen miedo a quien sabe replicarles con sutileza y vivacidad); al príncipe Leopoldo de Mé- dicis sobre la sociedad española, que es más ignorante de lo que se cree, con toda su jactancia doctrinal, o a Leone Strozzi sobre las peleas de gallos en Londres.
La originalidad de sus consideraciones y la independencia de su juicio hacen aparecer a su autor como un juez del mundo contemporáneo, libre de prejuicios, apreciado y temido por su ciencia como naturalista, por sus cortesías de hombre de mundo y especialmente por su familiaridad con los poderosos. Cuando, en efecto, el príncipe heredero de Toscana, que fue más tarde Cosme III, hizo con él un célebre viaje de instrucción por distintas naciones, en Holanda le llamaban el «príncipe de Magalotti».
El sabio y el hombre de sociedad se encuentran frente a una Europa bárbara, aún no llena en sus hombres mejores del culto a lo antiguo y de la viva curiosidad por lo moderno; de capital a capital el autor observa así una espiritualidad común. Todo el mundo es igual, parece decir Magalotti, y bajo todos los cielos; así como son casi iguales las constantes científicas sobre el agua y el fuego, también la naturaleza muestra siempre ciertas leyes de euritmia y de simplicidad que no es lícito violar.
En este panorama de Europa hay varias y brillantes descripciones, en que Magalotti dejó un documento muy movido sobre una Europa .amanerada, aunque espléndida por su atmósfera de ciencia y vida cortesana; un siglo más tarde seguirá su ejemplo Baretti en sus Cartas familiares a sus hermanos (v.), mucho más famosas y vivas.
C. Cordié

