Muallaqāt

 Nombre dado a siete fa­mosas «qasīdas» (odas) de la Arabia anti­gua, atribuidas a siete poetas diferentes, que vivieron entre los siglos VI y VII. Es incierta la etimología del nombre, que al parecer significa «las eminentes poesías pre­ciosas»; en cambio, una leyenda nos expli­ca que son llamadas así por estar «colga­das» con cadenas de oro en las paredes de la Kaaba, en La Meca.

Los siete poetas son Imru-l-Qays, Tárafa, Labīd, Zuhayr, cAntara, Amr ibn Kulthüm, Hārit ibn Hillizo, de consistencia histórica y valor artístico diverso (otros en lugar de las odas de cAntara y Hárit, insertan en la lista de poesías a otros dos poetas: Nābiga y al-Asha). De todos ellos, además de la respectiva «mu« aliaga» (singular de «mucallagat») poseemos versos que les son atribuidos y que confir­man o modifican la impresión despertada en nosotros por su oda más famosa. Imru l-Quars es el rey-poeta preislámico, prófu­go y aventurero, en torno al cual florece una rica leyenda: su «mucallaga» refleja’ las cualidades viriles de su figura, y está animada de verdadera fuerza poética en la descripción de su corcel, de episodios de amor, de escenarios naturales; la «mucallaga» de Tárafa, a pesar de tener bellos pasajes, constituye la desesperación de los traductores por la minuciosísima descripción clásica de su camella en que ejercita su habilidad; es igualmente céle­bre la descripción del asno salvaje, y de su vida en el desierto, que se halla en el centro de la «mucallaga» de Labīd; la de Zuhayr es de tipo predominantemente sen­tencioso; la de cAmr, que artísticamente fi­gura entre las mejores, es un ejemplo in­signe de poesía de gloria («fajr»), dedicada como está a la alabanza de la tribu del poeta, los Banū Taglīb; insignificante por su cualidad estética, la «mucallaga» de Hārit está aparejada con la precedente sólo porque se contrapone a la anterior con la alabanza de los Banū Bakr, rivales de los Taglīb.

Hecha la conveniente reserva en cuanto a la forma como nos han sido trans­mitidas y la autenticidad de su atribución a cada uno de los poetas, las «mucallaga» nos dan típicas muestras de la poesía ára­be de la época preislámica, aunque la época de algunas de ellas coincida casi con los comienzos de la predicación de Mahoma. De ardua interpretación por sus dificultades léxicas y referencias hoy obscuras, inge­nuas o doctamente pesadas, contienen, sin embargo, acentos de viril poesía selvática, que justifica el interés y la admiración que suscitaron no sólo en orientales y filólogos orientalistas, sino en todo lector de poesía. Faltan traducciones italianas; las mejores versiones literarias son las de A. y W. Blunt, The seven golden Odes of pagan Arabia (Londres, 1903).

F. Gabrieli

Por un lado, pasiones desenfrenadas de un tiempo bárbaro, el asesinato, la sed de venganza; por otro, una sutileza de lenguaje y una tan rebuscada finura en la expresión, que parece como si la poesía hubiera sido escrita para ilustrar un capítulo de gra­mática. (Schack)