Breve poema polimétrico, especie de novela romántica, de Antonio Fogazzaro (1842-1911). Apareció en 1874 y pareció revelar un nuevo poeta en Italia. Alabada por Giacomo Zanella, tomada en consideración por Capponi y por De Sanctis, Miranda logró un gran éxito de crítica y público. Consta de un proemio narrativo, «La lettera», de dos diarios titulados «II libro d’Enrico» e «II libro di Miranda» y de un epílogo también narrativo, «Da te, da te, solo da te».
La madre de Miranda (v.), viuda y con sólo aquella hija, y el tío de Enrique, viejo médico sin hijos, han descubierto una simpatía entre los jóvenes y conspiran por su felicidad, hasta que Enrique encuentra valor para escribir a su amada palabras como éstas: «Lasciami amar Desdemona stasera, / domani Ofelia… / Non potrei / obliar sul tuo seno i baci ardenti / onde in culla baciavami un’altera / beltà, la Musa» [«Déjame amar a Desdémona esta noche, / mañana a Ofelia… / No podría / olvidar sobre tu seno los besos ardientes / con que en la cuna me besaba una altiva / belleza, la Musa»]. Esta decisión tiene una justificación en el cuadro psíquico ofrecido por el «Libro de Enrique», cuaderno íntimo de un poeta egotista. El «Libro de Miranda» recoge en cambio las confidencias de la muchacha de dieciocho años abandonada y siempre enamorada, vanamente en busca, junto con su madre, de distracciones y salud junto al mar y en los montes, y declinando bajo la amenaza de una enfermedad cardíaca. Llega finalmente el día en que Enrique, traicionado por todo espejuelo, cede a la fascinación de los recuerdos y a la renaciente llamada del amor.
Pero vuelve al pueblo apenas con tiempo para asistir a la muerte de la muchacha. El poema es reflejo de una época y de un gusto ya lejanos y descoloridos. Pero en la historia de su autor tiene una gran importancia. Su carácter de compromiso entre el canto y el cuento nos lo hace aparecer como una especie de limbo del que Fogazzaro debía salir decidiéndose, ya por la poesía pura, ya, y más a menudo y con mejor resultado, por la novela y el cuento. Los orígenes externos de Miranda habrían de buscarse, según Molmenti, en la impresión experimentada por Fogazzaro leyendo el episodio de Federica en las Memorias de Goethe y la carta de Foscolo a Francesca Giovio. Rod ha comparado Miranda, por su plan, su tono y sus cualidades poéticas, a ciertos poemas hogareños popularísimos en alemania y que descendían directamente de Hermann y Dorothea (v.) o de Luisa (v.) de Voss: tipo, en suma, del Trompeter von Säckingen de Scheleff o del Rattenfänger von Hameln de Wolff.
P. Nardi

