Mireya, Frédéric Mistral

[Miréio]. Título del gran poema narrativo del poeta provenzal Frédéric Mistral (1830-1914) que, publicado en Aviñón en 1859, fue reconocido pronto como la obra más significativa del renacimiento poético del Felibrismo (v.) y como una de las obras maestras de la literatura europea del si­glo XIX. El poema consta de doce cantos, en estrofas de siete versos; algo entre la «laisse» de los poemas épicos medievales, como el Cantar de Roldán (v.), y la balada histórica romántica.

Vicente es el joven hijo de un cestero, y cestero él mismo, po­bre y vagabundo, pero apuesto, apasionado y elocuente, valeroso y sagaz como un hé­roe adolescente. Huésped una noche con su padre, el artesano Ambrosio, en la gran­ja de las Almezas, sus relatos conquistan la admiración de la hija del dueño, Mireya (v.), muchacha en la flor de su belleza. Desde entonces Vicente aparece frecuentemente en la finca, y el amor de los dos jóvenes aumenta y se acompaña na­turalmente de las alegres labores del cam­po, cuando la juventud se reúne para des­hojar las moreras para los gusanos de seda o para arrancar los capullos de seda. Por Vicente, Mireya rechaza « a tres ricos pre­tendientes: Hilario, el dueño de numerosos rebaños; Verán, el ganadero de caballos, y el terrible Elzear, mayoral, domador de toros. Este último se encuentra con el mu­chacho, tiene lugar una terrible riña y, derrotado, le hiere a traición; pero mien­tras huye, los espíritus se adueñan de él y se ahoga en el Ródano. Vicente, casi moribundo, es llevado a la finca, y desde entonces Mireya se siente vinculada de un modo indisoluble a él.

Ella le acompaña, para que cure, a una hechicera en las en­trañas de la montaña. Por fin el joven se atreve a enviar su padre al soberbio don Ramón para pedirle la mano de su hija; pero el pobre viejo Ambrosio ‘ es echado de muy mala manera. Mireya trata vana­mente de obedecer a su padre; vuelve a ver a Vicente en la vendimia, en la Crau, y comprende que su destino ahora ya está todo en su amor. Decide abandonar su casa a escondidas y partir sola, a pie, en rome­ría para el Santuario de las Tres Santas (o de las tres\ Marías, en la Camarga, en la desembocadura del Ródano) para pedirles consejo y ayuda. Durante el viaje la daña el sol demasiado ardiente, la opri­me la angustia y la aplasta la fatiga: llega a las Tres Santas muriendo, y en el San­tuario expira, entre el llanto de Vicente y de sus parientes, desesperados, que la han alcanzado, y los cantos de fe de los ro­meros. La historia se desenvuelve natural­mente en una serie de episodios, de deli­cadas escenas de idilio y de grandes cua­dros corales, muchos de los cuales se han hecho célebres. El poema es una felicísima fusión de aquella sublimación^ de los sen­timientos, de aquella exaltación de la fa­talidad de las pasiones que fue propia del gran Romanticismo, con el sentido de la vida más simplemente realista y más po­derosamente campesina que Mistral encon­tró como intérprete de su tierra; y toda su poesía está en este apasionado amor hacia los seres humanos, hacia sus obras y hacia sus sueños, hacia los árboles, las aguas y el cielo de Provenza, en una vi­sión intensa que se levanta naturalmente, por su gigantesca altura, en una atmósfera de eternidad.

Mireya fue saludada por La­martine (v. Curso familiar de literatura) con unas palabras que anunciaban el na­cimiento de un gran poeta épico, y que recordaban de una manera romántica la continuidad de la antigua civilización medi­terránea. El mismo Mistral, por otro lado, declara en los primeros versos de su obra que no es más que «un muy humilde dis­cípulo del gran Homero», y aquel presti­gioso nombre no ha parecido inoportuno a la posteridad. [Trad. en prosa castellana de C. Barallat, Madrid, 1863, reeditada varias veces, la última en Barcelona, 1954; por’ Lorenzo Riber, Barcelona, 1919, y catalana en verso por M. A. Salva, Barcelona, 1917].

M. Bonfantini

La idea-madre, el encabezamiento y el fondo de Miréio, no es una historia de amor, ni el amor de la historia de amor, como en Feúra y en Manon Lescaut: es la voluntad de llamar a la vida poética a su pueblo de Maülane, de Saint-Remy y de Arles. (Thibaudet)