Lira y Espada, Theodor Kórner

[Leyer und Schwert]. Colección de cantos patrióticos de Theodor Kórner (1791-1813), publicada póstuma en 1814. Representa la expresión más viva del ardiente estado de ánimo de la juventud alemana, durante el año en que se preparó la llamada «guerra de liberación», que cul­minó en la batalla de Leipzig.

A través de estos versos llenos de entusiasmo juve­nil, de ardor poético y de fe religiosa y patriótica, anhelantes de libertad y unidad, pasamos a través de todos los estados del creciente entusiasmo que llevó alemania a la victoria. El ritmo melodioso y ágil, que recuerda el de los versos de Manzoni (que dedicó también a la memoria de Kórner su Marzo de 1821, v.), se prestaba a la música y al canto. Una de las primeras poesías, «Sobre el campo de batalla de Aspern», está dedicada al archiduque Carlos, alma de la guerra. Pasa después la figura de la idolatrada «Reina Luisa», la inspiradora de toda la musa alemana y de todos los ata­ques contra el tirano Napoleón, al que ella nunca se plegó: «Tú, santa, escucha las sú­plicas de tus hijos, que tanta necesidad tienen de tu luz. Míralos a todos con bene­volencia… Todo tu pueblo se apresura jubi­loso a empuñar las armas». El pueblo ha respondido ya, en efecto, a la ardiente «Llamada»: «No es, esta, una guerra de coronas, es una guerra de cruzada, una gue­rra santa.

El tirano ha arrancado de tu pe­cho el derecho, la moral, la virtud, la fe y la conciencia. ¡Sálvate con la victoria de la libertad!» Y pasa la dulce visión de las muchachas y de las mujeres llorosas, a las que el poeta exhorta a orar «para que se levante la antigua fuerza, y renazca el anti­guo pueblo de las victorias». La última es «la canción a la espada», espada que Kórner llama «la esposa», y que empuñará una vez más, pocas horas después de haber ter­minado su canción. El joven poeta, enrolado entre los voluntarios de Lutzow, mu­rió en la batalla junto a Leipzig. No pertene­ció a ninguna escuela, no tuvo tiempo para sofismas estéticos; el canto brotó vivo de su joven corazón.

G. F. Ajroldi