[The Jungle Book and The Second Jungle Book]. Narraciones del autor inglés Rudyard Kipling (1865-1936), publicadas respectivamente en los años 1894 y 1895. Su núcleo esencial está constituido por la historia de Mowgli (v.), un «cachorro de hombre» que habiéndose perdido en la selva india es admitido en la sociedad de los animales y amamantado por una loba — como en la antigua fábula mediterránea—, y sujetándose a veces a las leyes de la jungla, y otras superándolas («hay algo más en la jungla, ahora, que las leyes de la jungla»), termina siendo el pequeño soberano elegido por aquel pueblo «libre».
Raptado por la tribu de los monos, sus amigos Baloo (el oso pardo), Bagheera (la pantera negra) y Kaa (el pitón de la roca) corren a liberarlo. A su vez Mowgli combate contra los enemigos de su gente; humilla y derrota al felón de los ojos amarillos y del manto estriado (Shere Khan, el tigre), hasta que, ya crecido, se despierta en él la conciencia humana y siente un doloroso vacío. «El hombre va al fin hacia el hombre», según sentencia el hermano Bigio, el mayor de los cachorros de madre Loba. Así Mowgli desciende a las tierras aradas donde viven los campesinos. Y cuando por fin este salvaje exilado de la jungla encuentra una muchacha que le dice: «Pero tú naciste hombre», la respuesta no se hace esperar: «Ahora sé que nací hombre, porque mi corazón está en tu mano». La transparencia de los símbolos define por sí misma el carácter de la obra. Ésta marca, en cierto sentido, el punto de fusión entre el apólogo y la novela de aventuras, el cruce entre la inspiración clásica y el mundo poético de la literatura colonial.
Kipling, pedagogo burlón, socarrón y un tanto filosofizante («¡Bah! ¿No hay bastantes insectos y renacuajos en las pozas para que deba comer también el hombre?»), cede de buen grado el puesto al soldado de la idea imperial («Muchas y muchas son las leyes de la jungla, pero la cabeza y la base, el anca y el lomo de la ley es: Obedece»), al vate de la raza elegida («Sabemos que el hombre sabe más que ningún otro ser»). Pero, más allá de estas fronteras ideológicas — respeto a la jerarquía, espíritu práctico acentuado por una discreta dosis de brutalidad británica, sentido siempre vigilante de la solidaridad humana—, la narración se mantiene en pie gracias a aquel descubrimiento del hombre que ya en el Robinson (v.) de De Foe encontró expresión literaria, por aquella especie de alucinante llamada de la ciudad que más tarde hallará su contrario en la Llamada de la selva (v.) de London; el mismo camino, y el encuentro en el punto medio de dos espíritus aventureros que, partiendo de extremos opuestos, repiten en el fondo el humanísimo mito de Diógenes.
De proporciones más modestas son las narraciones intercaladas entre los capítulos de la historia de Mowgli, pero casi todas destacan con relieve propio (entre las más importantes están La foca blanca y Toomai de los elefantes [v. Toomai], Riki-Tiki-Tavi y El milagro de Paru Baghat). En ellos la vida de la jungla y los caracteres de su multiforme población han encontrado un suscitador de visiones de imaginación fecunda y concreta; se puede decir que Kipling nos ha revelado el misterio de una tierra misteriosa por definición, sin que por ello haya sufrido la poesía. [Trad. española de Ramón D. Perés bajo el título El libro de las tierras vírgenes (Barcelona, 1904) muchas veces reimpresa, a partir de 1944, con el título de El libro de la selva; en catalán fue traducida por María Manent con el título de Llibre de la Jungla, 2 vols. (Barcelona, 1920-23)].
E. Gara

