[Le jardín des supplices]. Novela francesa de Octave Mirbeau (1850-1917), publicada en 1899. «Páginas de delito y de sangre», describen en forma paradójica un ambiente de lujuria y de atrocidades, imaginado en el mundo chino, en las lejanas y misteriosas tierras de Oriente que no conoce nuestras convenciones ni nuestras falsedades.
Mientras varios amigos están discutiendo sobre el valor de un delito, y algunos alaban su importancia como forma de inteligencia, en la exaltación de los sentidos y de las posibilidades humanas, un hombre mal vestido y de rostro desfigurado, deja un manuscrito donde está narrada su vida. Él dice que después de haber vivido de artificios y haber escapado a varias condenas, un poderoso amigo a quien había prestado servicios, le envía en misión a Ceylán a estudiar entre los corales la célula primordial y establecer nuevas leyes de la embriología. En el vapor conoce a una gentil inglesa, Miss Clara, y siente tanta simpatía por ella que acaba por confesarle su vida desordenada y abyecta. Ella sonríe ante sus palabras, también ante las riquezas que le dejó su padre, que había sido mercader de opio en Cantón, y le promete nuevas experiencias vitales. Por lo demás, durante la travesía, las palabras violentas y crueles de un explorador que, por odio a la civilización blanca, recuerda haber comido carne de europeos en tierras desiertas, parecen despertar en aquella mujer un interés morboso que muy pronto tendrá su explicación.
Ligado a Clara por un hechizo irresistible, comprende que ella se vale de su riqueza para viajar de nación en nación con el fin de procurarse nuevas embriagueces monstruosas y crueles. En el presidio de los forzados en Cantón, en un espantoso cuadro de crueldad y pérfido refinamiento en atormentar y matar, ella se embriaga con el espectáculo de las miserias humanas, de agonías y muertes. El summum de la ferocidad se mezcla con la más lánguida voluptuosidad de perfumes, especialmente en el «jardín de los suplicios», que representa el rincón más sombrío y al mismo tiempo más suave de aquel presidio. Carnicerías, matanzas inauditas, invenciones sutilísimas de tormentos, se entremezclan así, entre el perfume de las flores, el dibujo sutilísimo de los parterres, y el estremecimiento de una voluptuosidad espasmódica de destrucción y de abandono. El mísero amante comprende que su compañera es un alma perdida y loca, pero también él queda arrebatado por la vorágine sensual que aquella mujer va creando artificiosamente en derredor, hasta que después de los más horrendos espectáculos de tormentos y destrozos, él la acompaña en sampán por el río a una casa misteriosa, donde entre voluptuosidad de amor y humo de opio las cortesanas proporcionan la embriaguez de un olvido.
Esta novela está inspirada en toda una literatura de excepción, que va de Quincey hasta el mismo Huysmans y a los refinados ensalzadores de una vida de decadencia; al mismo tiempo participa en la áspera polémica contra las opiniones tradicionales que distingue la obra de Mirbeau y comunica el deseo de liberarse de muchas convicciones ficticias. El valor de este libro reside, más que en otra cosa, en haber llevado hasta los extremos de las posibilidades artísticas un amor a lo raro y monstruoso propio de la literatura decadente del siglo XIX.
C. Cordié

