[Istorija slavĕnobolgarskaja o narode i o carej i o svetih bolgarskit i o văseh dejanija i bitija bolgarskaja]. Obra que marca el principio de la literatura búlgara moderna, es decir, de la nueva literatura escrita después de los siglos en que sólo existía literatura popular oral.
El autor es un oscuro e inculto monje búlgaro del convento de Hilendar, en el monte Athos, solamente conocido con el nombre monástico de padre Paisij de Hilendar (Otee Paisij Hilendarski), nacido en 1722 en la región de Samokov. Su fuente principal fue la Historia del Reino de los Eslavos, escrita en italiano por el monje de Ragusa, Mauro Orbini, y que él encontró en versión rusa en el convento croata de Karlovac, a la que hay que añadir también los Anales eclesiásticos (v.) del cardenal Baronio. La obra, llena de inexactitudes, inverosimilitudes y estridentes anacronismos, narra las vicisitudes nacionales anteriores a la dominación turca. Su exaltación de la raza búlgara hace pensar, por el tono y el espíritu, más que en una crónica, en un poema epicolírico en prosa. Se divide en diez capítulos. Los primeros dos contienen consideraciones de carácter general sobre la importancia que tiene el estudio de la historia en la educación del pueblo y sobre los motivos que empujaron al autor a escribir su libro. Los tres capítulos siguientes narran las vicisitudes históricas nacionales desde los orígenes bíblicos de las tribus hasta la dominación turca. El fundador de la raza eslava es Moshos, hijo de Jafet, que había invadido Europa con sus gentes mientras Sem y Cam habían colonizado respectivamente Asia y África.
La historia de la nación búlgara es toda una serie de gloriosas victorias, no solamente contra los griegos, sino también contra los rusos, húngaros y turcos. De un modo particular el autor se detiene en la historia de los serbios, aunque declara que lo hace tan sólo para demostrar su completa nulidad. Entre sus reyes, uno, Vukasin, es búlgaro y el mismo jefe de la dinastía de los Nemanja es de origen latino. Los dos capítulos siguientes contienen una cronología, con breves alusiones biográficas, de los zares búlgaros, noticias más detalladas sobre ciertos zares y algunos acontecimientos históricos de mayor importancia. El capítulo VIII habla de Cirilo y Metodio y de sus discípulos, y se detiene asimismo en las vicisitudes de la Iglesia búlgara. El capítulo IX está dedicado por completo a los santos búlgaros, y el X se limita a unas pocas líneas para explicar los criterios seguidos en la redacción de la historia y a una breve auto- presentación del autor. La lengua es el búlgaro antiguo, pero, siguiendo el ejemplo de los «damasquinos», ya se acerca más al lenguaje del pueblo, con particularidades dialectales de Samokov.
El estilo a menudo es incierto o simplemente incorrecto, tanto por la falta de reglas seguras de ortografía y gramática, como por efecto de la escasa cultura del autor. Las fuentes rusas y serbias que utilizaba no dejaron tampoco de influir en ciertas expresiones y formas búlgaras empleadas. La misma manera de exponer es, a menudo, ingenua hasta lo pueril, sin que se advierta la presencia de ningún criterio crítico; pero la sensibilidad del autor es viva, y muchas de sus observaciones y consideraciones son agudas. La obra produjo una enorme impresión sobre sus contemporáneos. Durante muchos años circuló manuscrita, en ejemplares cada vez más numerosos, que sucesivamente transcribían y difundían admiradores y partidarios, y encontró varios imitadores. Sin embargo, no fue publicada hasta 1844.
E. Damiani

