Obra de José de la Riva Agüero (1885-1944), publicada en 1905, representa la más vigorosa revisión de la historia peruana, formulada a base de un amplísimo dominio de las fuentes, de una alta capacidad crítica y artística y de la profunda formación humanística del autor. Es un análisis medular y severo de la obra de los cronistas e historiadores, a través del cual el autor despliega su sagaz mentalidad y su rica cultura clásica y moderna para trazar cuadros magníficos de las diversas etapas del pasado peruano. A propósito del inca Garcilaso traza el panorama del Imperio incaico a la luz mortecina de los cronistas conventuales; la vida religiosa y extática del siglo XVII, a través de las biografías del Diccionario de Mendiburu; las vicisitudes del Virreinato, siguiendo a Paz Seldán, y el agitado cuadro de las fuerzas que se debatieron en la primera historia republicana. Fue decisiva, sobre todo, su interpretación del Imperio incaico y su reivindicación de la obra del inca Garcilaso, maltratada por la crítica historiográfica del siglo XIX. Defendiendo el papel de la imaginación y de la intuición poética en la historia, Riva Agüero acepta la versión garcialista del imperio dulce y apacible, el carácter incruento de las conquistas incaicas y el despotismo paternal de los incas. El régimen incaico fue aceptado voluntariamente por los indios peruanos porque realizaba su ideal de orden y de disciplina y de bienestar en la obediencia. Fue la encarnación política de las aspiraciones de la raza quechua, dulce, grave, tierna y melancólica. Esa docilidad y ternura han quedado, para Riva Agüero, infundidas en las páginas de égloga del inca Garcilaso, que transparentan «la eterna dulzura de la patria peruana, la mansedumbre de sus vicuñas, la agreste apacibilidad de sus sierras y la molicie de sus costeños oasis».
R. P. Barrenechea

