[Historia de la familia Taira]. Es una clásica refundición en doce volúmenes de una conocida obra histórica del escritor japonés Hamuro Tokinaga, titulada Gempei Seisuki (v.), redactada por un escritor desconocido entre los años 1202 y 1221. Puede suponerse, con cierta probabilidad, que su autor fue el escritor Yukinaga, ex gobernador de la provincia de Shinano, o el mismo Hamuro Tokinaga, que la habría escrito en colaboración con Minamoto-no-Mitsuyuki (1191- 1240).
El contenido de la obra es el siguiente: la decadencia de la familia Fujiwara, que monopolizaba todos los cargos más importantes del Estado, empieza con el permiso obtenido por Tadamori (1096- 1153) de ir a la corte imperial. Su hijo Kiyomori, aprovechando el favor del emperador, se proclama primer ministro, aboliendo el sistema de los dos ministros (de la derecha y de la izquierda) que hasta entonces había estado en vigor. La familia Fujiwara, no tolerando la supremacía de Kiyomori, conspira secretamente con los sacerdotes, cuyo poder había sido menoscabado por la supremacía de los Taira, y, de acuerdo con un plan fijado en Shishigatani de Kyoto, estudió el modo de derribar la hegemonía de Kiyomori. Pero su plan fue descubierto y se produjo una feroz reacción, en la que hallaron la muerte o el exilio casi todos los elementos contrarios a los Taira, los cuales quedaron así dueños absolutos del poder. Cansada de sus abusos, otra familia poderosa, la de los Minamoto, salida de la misma casa imperial, se sublevó en 1180 en la localidad de Uji, junto a Kyoto. Pero esta rebelión fue sofocada y Minamoto-no-Yorimasa, de la familia Mina- moto, que la había provocado, fue derrotado. Posteriormente, dos ramas de esta misma familia, esto es, Minamoto-no-Yoshinaka, de la parte de Kiso (provincia central del Japón) y Minamoto-no-Yoritomo, de la parte de Kamakura, cerca de Tokio, se sublevaron de nuevo contra la familia Taira y lograron vencerla.
Quien determinó esta victoria fue sin duda Yoshinaka, el cual, penetrando primero y con gran rapidez en Kyoto, decidió la suerte de la guerra, obligando a los Taira a huir a toda prisa hacia el Oeste. Pero Yoshinaka, exaltado por su victoria, inició también una política de tiranía, hasta el punto de que la misma casa imperial se sintió ultrajada y recurrió al auxilio de Yoritomo, antiguo aliado de aquél. Yoritomo, ayudado por su hermano menor Yoshitsune, uno de los más célebres guerreros de la historia del Japón, llega rápidamente a Kyoto y en un solo combate en la localidad de Awazu, cerca de la ciudad, desbarata el ejército de Yoshinaka, el cual se suicida. Yoritomo, una vez dueño del poder, meditó largamente sobre la decadencia de la familia Taira y comprendió que su principal causa había sido la vida muelle y fácil de la corte y la falta de una preparación militar. Por esto no se quedó en Kyoto, sino que volvió a Kamakura, donde estableció un gobierno militar del cual se proclamó «shogun». Más tarde comenzará su lucha contra su hermano Yoshitsune. En la inmensa tragedia que el libro narra y en la cual, entre actos de heroísmo y escenas sentimentales, episodios sangrientos y rasgos de compasión, el poder se alterna rápidamente con la decadencia, la gloria con la obscuridad y la prosperidad con la ruina, el autor ve una confirmación de las ideas budistas acerca de la caducidad de todas las cosas terrenas, ideas que constituyen, por así decirlo, el fondo filosoficorreligioso de toda la obra, y que ya se expresan claramente en las dos primeras líneas del texto, que dicen: «En el sonido de la campana del convento de Gion está el eco de la transitoriedad de las cosas humanas. El color de las flores de los árboles de cala advierte que todo lo próspero es inexorablemente caduco. Los orgullosos son efímeros, como sueño de una noche de primavera. Y los fuertes, a su vez, serán por fin arrollados, como si no fueran más que polvo ante el viento».
Como obra histórica, el Heike Monogatari tiene escasa importancia, por el partidismo que respira en favor de los Taira, y por su carácter novelesco, que concede un amplio campo a la invención, dictada unas veces por motivos patrióticos y religiosos, otras por afán de efectos dramáticos o poéticos. Pero esto no menoscaba su valor social, que reside en el contraste entre las dos clases en lucha: la de los nobles, entregada sólo a las ceremonias y al goce de refinados pasatiempos, o a las intrigas y murmuraciones cortesanas, y la de los guerreros o «samurai», satisfecha con una vida sencilla y modesta, totalmente dedicada a los ejercicios corporales. El estilo de la obra es elegante, pero al mismo tiempo, sobrio y conciso. La lengua es una mezcla de japonés puro y de palabras derivadas del chino. Son característicos los numerosos pasajes escritos en una especie de prosa poética, con frases de 5 y 7 sílabas alternadas, que sabemos que eran recitadas a los acordes del biwa (especie de laúd) por rapsodas ciegos, llamados «biwa-hoshi» o «bonzos del biwa», porque llevaban la cabeza rapada como los bonzos. Esto contribuyó mucho a difundir y popularizar el Heike Monogatari en una época de gran decadencia de la cultura. Algunos episodios, como el de Kumagai Naozane, son célebres y han inspirado dramas que apasionaron a la multitud. Trad. inglesa de A. L. Sadler (The Heike Monogatari, en «Transactions of the Asiatic Society in Japan», vol. 46, parte II, Tokio, 1918, y vol. 49, parte I, Tokio, 1921).
S. Nogami

