Novela vagamente autobiográfica de Alphonse de Lamartine (1790- 1869), publicada en sus Confidencias (v.), y, más tarde, separadamente en 1852; es la historia, en gran parte idealizada, del amor del poeta hacia Mme. Charles.
Lamartine, acompañando a Italia en 1811 a una pariente suya, después de detenerse en Roma va a Nápoles donde encuentra a un amigo suyo de infancia. En la playa de Mergellina conoce a un viejo pescador y, después de una excursión en barca que casi le cuesta la vida, a su hija Graziella, que se enamora del joven francés y rehúsa obstinadamente un partido ventajoso; huye finalmente de Nápoles y se refugia en Prócida (donde Lamartine la había conocido), con la intención de entrar en un monasterio. Allí se encuentran los dos; ella le confiesa su amor y él cree hallar en el fondo de su corazón el mismo sentimiento hacia la jovencita, con la que pasa algunos días deliciosos. Pero una tarde llega su amigo, que ya había vivido con él en Nápoles, y en nombre de su madre le exige que regrese inmediatamente a su patria. Él parte, dejando una carta para Graziella, que, después de escribirle varias veces a Francia, en su última carta le notifica su enfermedad y su próximo fin.
Mucho se ha discutido sobre el valor autobiográfico de esta novela; sin embargo, la opinión más exacta es tal vez la de L. Foscolo Benedetto, quien descarta la verosimilitud de que una coralera de Prócida «llevase a sus dieciocho años ingenuos e inquietos el don de un amor inmaculado», y piensa que Graziella, «tal como nos la presenta el novelista, no existió más que en la fantasía de Lamartine». Por lo demás, Graziella, a pesar de las muchas lágrimas que ha hecho verter, es una de las manifestaciones negativas del romanticismo francés y del mismo arte de Lamartine. Sin perjuicio de la lozanía de algunas páginas, la novela tiene, en conjunto, un tono empalagoso y convencional, que desemboca en una deformación de la realidad, vista a través de la reminiscencia y el hábito del literato, como ya nos advirtió Sainte-Beuve a propósito de las Confidencias en general.
F. Ampola
Es una obra mediocre, aunque la mejor que Lamartine ha escrito en prosa. Hay en ella hermosos detalles, pero nada que nos emocione. (Flaubert)

