[The Gar den Party and others Stories]. Colección de cuentos de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield (Kathlen Beauchamp, 1889-1923), publicada en 1922 y dedicada a su marido, John Middleton Murry. Contiene algunos de los más típicos cuentos de la autora, los que mejor muestran aquella técnica suya, siempre dirigida a proyectar luz sobre los aspectos más recónditos de la vida interior, pero no a través de pacientes y precisas indagaciones, sino por relámpagos y fulgores de naturaleza mágica e intuitiva. De este modo consigue evocar vastos e insospechados panoramas, allá donde otros sólo ven el gris itinerario de la existencia: narración íntima y encerrada en sí misma, pobrísima de hechos, tan atenta al trabajo de la conciencia como a los reflejos del subconsciente, totalmente empapada de un poético encanto. Sus temas preferidos son estados de sufrimiento: los terrores infantiles, la agitación juvenil, la soledad de la edad madura, la falta de comunicación entre los seres. Pero estos sufrimientos, en lugar de tender, como en Leopardi, a la negación de la naturaleza, lleva a una especie de pueril y carnal alegría que se nutre de todas las efímeras alegrías de la existencia: de las hierbas, de las flores, los animales conocidos, las reuniones en acogedores saloncitos, los panecillos crujientes, las butacas confortables.
La novela que da título a la colección, arranca del contraste entre la animación de una casa rica, en la que se ofrece una recepción en el jardín, y la miseria de una cabaña que se levanta al lado, donde a consecuencia de un trágico accidente acaba de morir un obrero, padre de seis niños. La escritora considera este contraste, ya tan viejo, a la luz de las diversas reacciones que la noticia de la susodicha muerte provoca en los diversos componentes de la familia rica y examina estas reacciones con vigilante delicadeza. Arrebatada por la animación de la fiesta, incluso Laura, la protagonista, se olvida de los pobres que sufren, hasta que, apenas despedidos los invitados, lleva a los desgraciados, por encargo de su madre, una cesta con sobras, y una vez en presencia del muerto, los sentimientos confusos acumulados en su ánimo durante todo la jornada, se resuelven en un sollozo y en un pueril «dispense que no me haya quitado el sombrero», dirigido al joven muerto que se le aparece tan calmado, sereno y lejano de la «garden party». Otras muchachas de distinto temperamento, todas en espera ansiosa del amor, están diseñadas cada una con su propio mundo interior y exterior, en los relatos
«En la bahía» [«At the Bay»], «La niña» [«The Young Girl»], en tanto que la Leila de «Su primer baile» [«Her First Ball»] se aparta un poco de este realismo, para adquirir casi un valor simbólico: El «primer baile», ¿no es acaso el comienzo del último? «Las hijas del difunto coronel» [«The Daughters of the late Colonel»] son ahora viejas solteronas, pero en su manera de reaccionar ante la muerte del viejo padre, egoísta y rudo, no es difícil imaginar su vida pasada, los sueños que siempre poblaron su mente, el lento fluir de los días consumidos en la lucha contra las dificultades económicas. La «Lección de canto» [«The Singing Lesson»!, es una de las más agradables: una alumna acompaña con su canto el alternarse de los sentimientos opuestos que se van sucediendo en el corazón de la maestra que ha regañado con el novio. La vida triste de las mujeres pobres, encuentra en la Mansfield una afectuosa y delicada comprensión, y se expresa con narraciones cortas que iluminan, casi sin proponérselo, el mundo secreto de sus personajes. [Trad. de la Garden-Party, En la bahía y Las hijas del difunto Coronel por Leonor Acevedo, en el volumen titulado En la bahía (Buenos Aires, 1943) y de Su primer baile y La lección de canto por Ester de Andreis, en el volumen La casa de muñecas (Barcelona, 1944)].
M. L. Astaldi

