[Flors del Calvari]. Poesías de Jacint Verdaguer (1845- 1902), reunidas y publicadas en 1896 bajo este título y con el subtítulo Libro de consuelos [Llibre de consols]. Las escribió el poeta durante el período que se ha venido llamando de su tragedia. Desorientado en el ejercicio de sus poderes como sacerdote, Verdaguer fue amonestado por su Obispo: repetidamente y no siempre con el necesario tacto. Al no obedecer, al surgir en torno a él, no sin iniciativa suya, el escándalo, fue suspendido a divinis. El pobre poeta- sacerdote lloró, padeció miseria, se vio sometido al dictamen de los psiquiatras; pero no renegó, ni cedió en lo que él creía voluntad de Dios, ni cejó en su defensa, que llegó a tonos furiosos y agrios. Exhaló su dolor en los versos de Flores del Calvario. Cuenta el mismo Verdaguer en el prólogo a su libro, que la primera poesía de éste («A Jesús coronado de espinas») fue escrita durante la Semana Santa de 1893. En sus estrofas pedía a Jesús «oprobios, burla y desprecio», ignorando que a no tardar le serían dados en abundancia.
Como con los referidos versos derramó consuelo en otras almas atribuladas, al sobrevenirle a él las tribulaciones pensó que el canto sería un desahogo a sus males. Así, a cada contratiempo sufrido, fue componiendo poesías, por lo general breves, exhortándose a sí mismo a llevar la cruz, a creer en la bienaventuranza de los que lloran y aun a desear más pena para asegurarse mejor el gozo de la corona. Todo el libro está construido sobre estos tópicos de la ascesis cristiana; lo múltiple de las influencias y sugestiones recibidas se revela en lo variado de las citas que sirven de lema a muchas de las poesías: Biblia, Santos Padres y Doctores de la Iglesia, Llull con frecuencia, Santa Teresa, etc. El tono, casi siempre de suprema autenticidad poética, va de lo dulcemente esperanzado hasta la provocación a los enemigos, que con sus injurias le dan comodidad para purificarse y ascender; lo sobrio y directo alterna con cierto conceptismo, que se explica sin necesidad de pensar en una influencia definida de los mis- ticos castellanos.
Las poesías están repartidas en tres secciones: Cruciferas [Crucíferes], referentes a la Cruz; Desahogos [Espiáis], de más vario tema, y Flores de Mira-Cruz [Flors de Mira-Cruz]. El título de esta tercera sección, compuesta de coplas [corrandes], adagios espirituales y símiles de la Cruz, proviene de haber el poeta cogido las primeras flores en ella reunidas, con la idea de distraer a un enfermo, en los bosques y jardines que rodean el convento de agustinas de Mira-Cruz, cerca de San Sebastián.
C. Riba

