[La rótisserie de la Reine Pédauque]. Esta novela del 1893 es, con el Lirio Rojo (v.), la más conocida entre las de Anatole France (François-Anatole Thibault, 1844-1924). El protagonista, Jacques Ménétriers, hijo de un charcutero que le puso a su establecimiento el nombre de «Reina Patoja», y que posteriormente fue librero, narra las aventuras de su juventud.
Estamos hacia mediados del siglo XVIII, en un popular barrio de París, donde el pequeño Jacques va creciendo dando vueltas al asador en la tienda de su padre. Un prestigioso personaje, el abate Jéróme Coignard (v.), doctor en teología, humanista, de vida desordenada y aventurera, llega una noche a la charcutería y se interesa por el vivaz ingenio del muchacho, que pronto se convierte en su discípulo con el complacido consentimiento del buen charcutero y de la santa mujer que es su esposa. Cuando Jacques llega a los diecinueve años, él y su maestro pasan al servicio de un gran señor, el cual los ocupa en traducir del griego textos mágicos en una casa suya escondida en los alrededores de la ciudad. El señor D’Astarac es, en efecto, mago y alquimista, busca la piedra filosofal, y está convencido de que vive en un mundo lleno de genios del aire, de elfos y de sílfides. Molesto por el irónico escepticismo del abate Coignard, intenta hacer de Jacques su discípulo. El joven, en aquella extraña casa, para seguir la voluntad de su amo, habrá de ser el amante de una sílfide que se le ofrecerá apareciéndosele después de una serie de exorcismos. En su lugar se le presenta una encantadora muchacha de carne y hueso, que él no tarda en conquistar: se trata de la bella Jael, sobrina de un terrible judío, Mosaide, a quien el señor D’Astarac tiene por mago y hospeda en un pabellón de su jardín. Una extravagante aventura arranca súbitamente al abate Coignard y a su discípulo de aquella plácida vicia: Catherine, una muchacha ligera, amante de un banquero, la cual se ha enamorado de Jacques, le enreda en una orgía nocturna que acaba en violenta reyerta.
Jacques, su maestro y un amigo de Catherine (el joven libertino señor D’Anquetil), después de haberse refugiado momentáneamente en casa de Astarac, huyen en coche a Lyon, acompañados de la bella Jael, a la que el señor D’Anquetil ha encontrado manera de raptar. Pero una noche, a campo raso, el terrible Mosaide los alcanza y apuñala al abate Coignard. Así muere el maestro de Jacques, como buen filósofo y buen cristiano, arrepintiéndose de sus pecados y dejando a su discípulo predilecto el ejemplo de una vida no privada de pintorescos desórdenes, pero toda penetrada por el amor al estudio, e iluminada por una sana filosofía. France se ha inspirado esta vez en la tradición de las novelas picarescas, dibujando una serie de estampas vivas y coloridas que ilustran un pintoresco siglo XVIII, de fantasía, aventurero y libertino. Predomina en el libro la poderosa figura del abate Coignard, humanista y borrachín, estoico en sus máximas y epicúreo en la práctica, moralista indulgente, tanto para los demás como para consigo mismo, que halla manera de pasar por una vida no privada de desórdenes, conservando un corazón puro y un alma rebelde a todo pensamiento que no sea noble. El amor al pormenor pintoresco, el gusto por una maliciosa filosofía dispuesta a acoger las más audaces paradojas, triunfan en este libro de France, con un estilo de un vigor incomparable, en el cual parece que aquel refinado escritor haya querido agotar los recursos de su agudísima y rica fantasía. También él pareció tan satisfecho de aquel personaje que quiso resucitarlo en otro libro, Las opiniones de Jerónimo Coignard (v.).
M. Bonfantini

