[Fétes galantes]. Colección de poesías del poeta francés Paul-Marie Verlaine (1844-1896), publicada en 1869; es, sin duda, su obra maestra por la musicalidad de su verso y la efusión de una añoranza lánguida y vaporosa. Los acentos descaradamente rebeldes de los Poemas saturnianos (v.) ya matizados aquí y allá de un vago sentimentalismo, hallan en esta obra una nueva afirmación de juventud; el artista, prescindiendo de inútiles contiendas con la sociedad, imagina un mundo propio, todo ensueños y gentilezas y en él aplaca su sed de amor como en una dulcísima visión de antiguas épocas. El tono de esta colección es exquisitamente «muy siglo XVIII»; con su admiración por la pintura de Watteau, de Fragonard, de Chardin, de Boucher, etc., suscitada por la publicación reciente del libro de los Goncourt sobre El arte del siglo XVIII (v.) y por diversas visitas al Louvre, el poeta evoca las galanterías de un mundo lejano, la delicadeza sonriente de los afectos, los movimientos de los bailes de Corte, las palabras dulces y susurradas.
Junto con un tono juguetón que oculta la lágrima bajo la máscara de Pierrot y el gracioso gesto de Colombina («Pantomime», «Mandoline»), Verlaine canta el éxtasis de un paisaje («Clair de lune», «Colloque sentimental») y une la adoración por la persona amada con una visión enternecida de las cosas: porque todas vibran con una vida sutil y se abren a la luz como una ofrenda. Con esta actitud ya sutilmente simbolista, aunque expresada con ingenuidad, el poeta evoca en una serie de decorativos cuadros los esplendores y las ilusiones de una sociedad de abates y damitas, de máscaras sentimentales y de faunos burlones en la libre naturaleza. Las costumbres de un ambiente galante y frívolo son observadas con finura verdaderamente elegiaca: «Sur l’herbe», «Á la promenade», «Dans la grotte», y acariciadas con abandono que sabe unir el anhelo del amor con el homenaje a la belleza antigua. Estrofitas sutiles y melodiosas, pinturas límpidamente evocadoras ofrecen de este modo en un magistral entrelazamiento de motivos la fantasía de un nuevo «Embarco para Citerea», en que la magia de Watteau es transfigurada en el imposible sueño de un retorno a la felicidad. [Trad. de E. Puche en Obras completas (Madrid, 1922)].
C. Cordié
Aquí por primera vez libre de toda ornamentación retórica sentimos palpitar nuestra alma de hoy. (St. George)
* De las Fétes galantes de Verlaine, Claude Debussy (1862-1918) sacó seis canciones para canto y piano publicadas en dos fascículos: en 1892 («En sourdine», «Fantoches», «Clair de lune») y en 1904 («Les ingénus», «Le faune», «Colloque sentimental»). Aun habiendo sido escritos a doce años de distancia, estos dos grupos de canciones ofrecen notable unidad de inspiración: la poesía de Verlaine, proyectada en un imaginario siglo XVIII enmascarado y empolvado, que el espíritu parisiense del poeta envuelve en persuasiva y a veces aguda sensualidad, halla en Debussy una forma sonora sutil y delicada que, en la evocación galante del siglo anterior, se matiza de una imperceptible vibración de ironía. Junto a aquella efusión íntima que roza con la confesión autobiográfica de las Arietas olvidadas (v.), de los Cinco poemas de Baudelaire (v.), de las Prosas líricas (v.), las Fiestas galantes revelan principalmente los matices ironizantes del alma de Debussy, que él se complacía en expresar para atenuar los impulsos del sentimiento que su extremado pudor creía demasiado declarados y visibles.
Esta actitud espiritual conduce a una escritura un poco nerviosa y sentida, con un gusto que tiende a hacer que emerjan del tejido armónico envolvente figuraciones melódicas como arabescos que destacan en su linealidad; y si esto es apenas perceptible en las tres primeras canciones del 1892, resalta, en cambio, de modo evidente en las de 1904. En estas últimas se da la atmósfera fúnebre e invernal «vieux pare solitaire et glacé» dominante sobre todo en el «Colloque sentimental», en que los espectros evocan su pasado de amor. ¿Es lícito relacionar estas páginas con el drama matrimonial del cual, en aquel año de 1904, se hizo voluntario protagonista? Abandono de su esposa Lily Texier y tentativa de suicidio de ésta; huida al lado de Mme. Bardac que, después de un doble y escandaloso divorcio, parece haber sido su segunda esposa. Las canciones del primer fascículo son francas y cordiales, a pesar de su matización irónica, mientras que las más maduras del segundo respiran una amargura lacerante, una no escondida pena en que se estremecen reflejos fríos y a veces siniestros que hacen de ellas las páginas más trágicas del gran músico.
A. Mantelli

