[Le désert]. Oda sinfónica, en tres partes, de Félicien David (1810- 1876) con recitativos, orquesta y coro, sobre texto de Augusto Colin (París, 8 de diciembre de 1844). La gran composición es de género descriptivo y está indisolublemente unida a la historia y a los orígenes del poema sinfónico a lo Berlioz. Describe, sobre todo, el silencio del desierto («¿Cómo habéis podido encontrar sonidos para expresar el silencio?», le preguntan a David; «escuchando», responde), después, la marcha de la caravana y el simún: aquí los coros intervienen con sus gritos, a través de la exasperada sonoridad de la orquesta. La segunda parte del poema describe la noche: himno a la noche, fantasía árabe y danza de las almas. El coro celebra la libertad del desierto, un solista canta la «réverie», el coro se entrega cantando al reposo. La tercera parte describe la salida del sol, el canto del «muezin» y la partida de la caravana. La obra logró una fulminante y enorme popularidad; llegó en el momento preciso e iba dirigida a un público catequizado por la literatura romántica y por los artículos de Berlioz, un público que además estaba deseoso de penetrar y comprender los valores concretos de la nueva estética romántica aplicada al sinfonismo. No se trata de música nueva; es nuevo sólo el concepto formativo, no el material. Más bien respira la obra un color orientalista que se adelanta a los tiempos; se puede decir que ella constituye la más antigua afirmación de orientalismo en la música occidental y, una vez dicho esto, puede comprenderse buena parte del entusiasmo popular que despertó; un mundo nuevo, de una novedad extraordinaria y fantástica, abría sus puertas a la mente del público parisiense: el Oriente fabuloso (que apenas en breves rasgos pictóricos era conocido en Occidente) aparecía con su voz y con su lujuria.
E. M. Dufflocq

