Obra en dos volúmenes de Giambattista Brocchi (1772-1826), publicada en Milán en 1814. Reanudando sus estudios sobre la geología y la paleontología del «terreno subapenino» (ahora llamado plioceno), el autor se propone restaurar la historia de la superficie terrestre, partiendo del examen de los fósiles descubiertos en ella. Este trabajo se inicia con una reseña histórica de la conquiliología de comienzos del siglo XIX. Sigue a continuación el tratado de la constitución geológica de las regiones apeninas adyacentes, con una cuidadosa enumeración de los fósiles descubiertos en los terrenos margosos y arenosos. Brocchi hace notar que estos fósiles deben atribuirse a épocas relativamente recientes y de esto deduce también un origen bastante reciente de los continentes que habitamos y de la aparición del hombre.
Brocchi utiliza en el estudio de los fósiles un método muy común ahora, pero nuevo en aquel tiempo, y lleno de interés: la comparación y aproximación entre las formas fósiles y las formas vivas, y reconoce que los fósiles hallados en las colinas subapeninas corresponden a animales marinos que viven en nuestros mares o en los de otras latitudes. Basándose en estos resultados, Brocchi propone una nueva solución al problema de la formación de los continentes: a diferencia de Cuvier, el autor opina que la tierra en épocas remotísimas estuvo recubierta de un océano universal, del cual han emergido sucesivamente las tierras por un progresivo descenso del nivel de las aguas, acompañado de la sucesiva aparición de los animales y el hombre. Con su Conquiliología fósil, Brocchi contribuyó notablemente al progreso de la geología y la paleontología en Italia. Esta obra, de la que se conoce una reimpresión de 1843, de la que se encargó G. Silvestri, está dotada de un atlas de ilustraciones.
C. Torriani

