Comedia de Jacinto Benavente (1866-1954) estrenada en 1898 por los actores Cobeña y Thuiller. Recoge el tema de la descomposición y decadencia de las casas y linajes de la nobleza venidas a menos. Sencillamente, en la subasta de los objetos que para los «leales» del servicio de la marquesa de San Severino son cosa sagrada (armaduras, cuadros, sillones), dramatiza el autor la tragedia de los nobles arruinados, mezquina, ruinmente: «En otros tiempos una grandeza como ésta podía caer un día por capricho o por venganza de un soberano, era un derrumbamiento grandioso; no esté hundirse… a fuerza de goteras y desconchaduras». La pluma del escribano va deshaciendo lo que antes cortaría públicamente el hacha del verdugo del rey. Los descendientes frívolos malgastan las reliquias de los abuelos. Como en tantas comedias de Benavente, el tema del amor salva la fatalidad social. La reconciliación de Victoria e Hipólito (los verdaderos protagonistas de la obra) une en su auténtico cariño, en su felicidad íntima, los restos de la fortuna derrochada y el linaje empobrecido. En un pequeño cuarto en- París, rehacen su vida, como epílogo al drama que transcurre entre espejos descolgados y cuadros y esculturas embaladas. Se ha pensado que Benavente basó en sucesos reales de nobleza arruinada el tema de la comedia. Se menciona, como posible fuente real, la caída de la casa de los Duques de Osuna, en la Literatura de Fitz-Maurice Kelly.
A. Valbuena Prat

