[Lettera al conte di Cavour]. Escrita por Giuseppe Mazzini (1805-1872) en junio de 1858, contiene un violento acto de acusación contra Cavour, de quien Mazzini se sentía separado por una absoluta incomprensión, originada por profundas divergencias de carácter, de concepciones políticas e intelectuales, de métodos prácticos y de fe. La carta comienza rechazando la calumnia lanzada por Cavour contra los secuaces de Mazzini, los cuales, en la llamada «teoría del puñal», legitimaban, según sus adversarios, el asesinato político. El autor afirma con vehemencia su aversión por la pena de muerte, cuya abolición es deber absoluto de todo pueblo libre, y demuestra la inutilidad de los desfogues sanguinarios del pueblo que piensa hacer justicia por su propia mano, y sustituye un terror por otro terror; porque no corresponde jamás ni a sociedades ni a individuos el ministerio de venganza, y todo sistema penal que parta del principio del castigo expiatorio, es un resto de barbarie. No piense por ello Cavour que la joven Italia medite el regicidio: la vida de Víctor Manuel está protegida primero por el Estado, después por la inutilidad del crimen.
Con todo, en condiciones excepcionales, cuando se ha roto el equilibrio entre la potencia de uno solo y la potencia de todos, entonces ante el tirano se levanta el tiranicida, puesto que, si la vida es sagrada, es también sagrada la vida de los hombres que mueren en las cárceles, y la de un pueblo perseguido y oprimido. Mazzini continúa afirmando que la monarquía y sus autores han hecho traición a la revolución del 48, al rechazar la ayuda ofrecida por la Francia republicana, y acusa particularmente a Cavour de buscar alianzas entre los déspotas y de mercadear con aquel que, después de asesinar la libertad de su patria, hizo morir en Roma a la mejor juventud italiana. La alianza debiera efectuarse con pueblos libres, y debería hacerla aquel a quien incumbiese la misión de italianizar el Piamonte, de promover la educación moral de un pueblo, de ser el representante del divino y sagrado Derecho de Italia, al cual rindieron testimonio con su vida los mártires republicanos a cuyo sacrificio se debe sólo el que Europa pueda creer a los italianos capaces de verdadera libertad. En el último párrafo el autor enumera las discusiones que abren un abismo entre su mentalidad y la de Cavour: en ellas debemos buscar los orígenes de la pasión que anima esta importantísima carta, cuya aspereza el propio Mazzini, años después, modificó, con más sereno equilibrio.
B. Ceva

