[Il bailo delle ingrate]. Pantomina cantada y bailada «en género representativo», para voces e instrumentos, música de Claudio Monteverdi (1567-1643), versos de Ottavio Rinuccini (1562-1621), representada en 1608 en Mantua en la corte de los Gonzaga. La escena se desarrolla en las puertas del Infierno pagano. Aparecen Venus y Amor; mientras éste entra en las grutas de Plutón para inducirle a escuchar a la diosa madre, ella se dirige a las damas del público invitándolas a entregarse al amor antes que pase la juventud. Vuelve a entrar Amor con Plutón, con el cual Venus se queja de que los dardos de su hijo queden sin efecto a causa de la desdeñosa austeridad de las mujeres del «Imperio Germano», pagadas de su belleza y valor. Amor ruega a Plutón que deje salir, temporalmente, del Infierno algunas almas de mujeres ingratas, con el fin de que muestren a las vivientes qué penas les esperan en la ultratumba. Entra en efecto un grupo de «ingratas» que ejecutan una danza, a la mitad de la cual Plutón dirige a las damas presentes el mismo sermón «moral» de Venus, amenazándolas con penas eternas si persisten en su actitud; luego envía solemnemente las almas «a llorar en el Reino infernal». La danza se repite; solamente un alma se queda en el escenario quejándose de su suerte, a la cual debe definitivamente volver y dirigiendo el último adiós a la luz, coreado (quizás desde el interior) por otras cuatro almas.
La representación pertenece al tipo de ballet francés entonces en boga, que Monteverdi había tratado ya otras veces; y por las acotaciones se ve la importancia que se daba al elemento coreográfico: la perspectiva del escenario debe representar «una boca del Infierno, con cuatro caminos por cada lado, que echen fuego», desde los cuales las almas de las ingratas saldrán con «gestos lastimeros», y la música que acompaña su entrada se repite hasta que se encuentran en el lugar de la danza; sus trajes deben ser «de color ceniza, adornado de falsas lágrimas»; Plutón está en medio de ellas «acompañándolas con pasos pasados», luego se retira, etc. El elemento básico de la música es el diálogo de los pocos personajes, de estilo recitativo. El primer trozo de Amor y Venus (que debía ir precedido de una sinfonía «a beneplácito», que el autor no ha dejado escrita), está escrito en aquel estilo declamatorio y severo que conocemos en el Monteverdi de las óperas más célebres. Los intermedios instrumentales para violines y violas, llamados «sinfonías», son muy breves y expresivos, y el carácter del ballet se reduce en realidad a la danza central, también musicalmente muy sobria y sencilla, con alternativas de ritmos pares e impares. Está escrita solamente para violín y bajo continuo, pero en el título se habla de «cinco violas, clavicordio y guitarrón, doblando el número de los instrumentos según la amplitud del lugar de la representación». Por lo demás, no diremos que las páginas vocales de esta ópera alcancen la profundidad del mejor Monteverdi: el mismo texto sugiere al músico efectos un poco exteriores, como voces que evocan los dardos de Cupido, el hondo horror del Averno y otras imágenes.
Sin embargo, la inspiración de muchos trozos se aleja del frívolo texto idealizándolo en esa esfera de mito simbólico tan querido por el autor, y la intensidad alcanza el máximo en el «lamento» final de una de las ingratas, que recuerda otras célebres páginas monteverdianas y especialmente, en las palabras y en la música, el adiós a la luz del Orfeo (v.), aunque quizás no alcancen su belleza. Este trozo, cantado por primera vez por Virginia Adreini (ya famosa intérprete de Ariadna), aumentó la popularidad de Monteverdi. El Baile de las Ingratas fue publicado en 1638 en el libro VIII de los Madrigales (v.); en notación moderna, en la colección L’arte musicale in Italia por L. Trochi y en la Opera omnia de Monteverdi, edición de G. F. Malipiero.
F. Fano

