El conseguido equilibrio entre la inspiración popular, casi folklórica, y el europeísmo inteligente del estilo, entre la tradición pre- ochocentista y el gusto moderno, hacen de esta obra -de Alfredo Casella (1883-1947), compuesta en 1929, uno de los más felices aciertos del autor y al mismo tiempo de la música contemporánea italiana. Bajo su aspecto exteriormente jocoso se oculta la búsqueda, severa y apasionada, incapaz de concesiones a los convencionalismos, de un lenguaje musical moderno, liberado de la concepción exclusivamente armónica del siglo XIX y fundado en un contrapunto amplio y gallardo, que, sin dañar el sentido fundamental de la tonalidad, no retrocede ante las más audaces disonancias, justificándolas en un contenido expresivo y musicalmente coherente. La singularísima sonoridad del conjunto, el equilibrio y la contraposición de los timbres están tratados con la bien conocida maestría de Casella, quien se ha complacido siempre en alabarse ante todo de su habilidad de artesano concienzudo de la materia sonora.
La destacada individualidad de los cinco instrumentos y la concepción polimelódica del contrapunto forman una sola cosa. Por esto es recomendable escuchar la obra en esta su forma original, con preferencia a la, sin embargo, feliz transcripción orquestal hecha por su mismo autor en 1930. En su espíritu y en su técnica la Serenata se propone mantenerse fiel al antiguo significado de su título, y no pretende otra cosa sino resultar agradable y divertida. Dividida en seis trozos, comienza — según la costumbre setecentista — con una «Marcha» de sencilla forma ternaria: un doble fugado conduce desde el alegre comienzo en «do mayor» a un intermezzo en «mi menor» de carácter francamente bufo; sobre el ritmo fuertemente escandido de todos los instrumentos, la trompeta propone «con vivacitá pettegola» canto popular, dentro de la atmósfera cálida y perfumada de una noche italiana.
La «Gavota», sólo para los tres instrumentos de viento, constituye una libertad con respecto al clásico esquema formal de la serenata; se relaciona en cierta manera con el «Minuetto» por su refinadísima sonoridad. Violín y violoncelo dialogan con romántica y apasionada languidez en la «Cavatina» («Adagio molto e sentimentale»). El «Final» vuelve a juntar los cinco instrumentos en una «Tarantella alia napoletana» que figura entre las más endiabladas que Casella escribió. Los elementos nacen sucesivamente unos de otros como en una conversación lógica y ordenada. Cuando el frenesí llega a su punto máximo, el fagot introduce un admirable oasis de calma popular aun en medio de la irrefrenable continuidad del ritmo. Comienza después una «stretta», en auténtico estilo de ópera bufa (recuerda la del final de su Partita para piano y orquesta) que conduce a una peroración final de gran vivacidad.
M. Mila

