Serenatas de Mozart

Son doce com­posiciones musicales, en cinco tiempos, que Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) es­cribió para varios conjuntos de instrumen­tos, en un género muy cultivado en aquel tiempo, primero para las ejecuciones ves­pertinas al aire libre, y después, admitido en las casas patricias, para celebrar fiestas y acontecimientos. En su forma, la «serenata» difiere de la «sinfonía» porque, además del único minueto que forma parte de ésta, contiene otro colocado por lo regular des­pués del primer tiempo; en cuanto a la instrumentación, la diferencia consiste en su falta de partes de «relleno» y en la mayor importancia dada a los instrumentos de viento. Con todo, algunas Serenatas de Mozart se aproximan por su imponente arquitectura y nobleza de inspiración al carácter de la sinfonía.

La primera «Sere­nata en re» (K. V. 100) para dos violines, dos violas, bajo, dos oboes, dos trompas y dos trompetas, es de 1767, cuando Mozart, niño de once años, después de haber estado en el extranjero, vuelve a su Salzburgo e inicia allí un período de intensos estudios. Aunque Mozart revela ya su prodigioso ta­lento, este primer ensayo tiene escaso valor expresivo. Y solamente en 1773, cuando Mozart va a Viena, donde se detiene poco más de dos meses, se publican sus prime­ras Serenatas, en que su personalidad se manifiesta ya completa. Espíritu extraordi­nariamente asimilador, le basta este breve período para conformarse al nuevo gusto vienés personificado por Florian Gassmann (1729-1774) y Franz Joseph Haydn (1732- 1809): nacen así los seis Cuartetos (v.) para instrumentos de cuerda (K. V. 168-173) y la estupenda «Serenata en re» (K. V. 185) para dos violines, viola, dos oboes (dos flau­tas en el «Andante»), dos trompas, dos trombones y bajo, encargada al autor por un joven señor de Salzburgo, para sus bo­das. Lo que sorprende en esta composición es que, aun ateniéndose a las directrices estilísticas de su época, y aun calcando los esquemas de otros maestros, está animada de una vida íntima, exuberante y personal.

Siguiendo también el ejemplo de F. J. Haydn y de su hermano Michael, se orienta después hacia el estilo «galante», y no se propone únicamente asimilar un lenguaje; antes bien, al precisarse el mundo poético mozartiano, en contacto con estas influen­cias se enriquece con nuevas actitudes lí­ricas y consigue obtener de ello un género más variado y brillante con ideas más ele­gantemente diseñadas y con melodía de amplio aliento, en sus tiempos lentos: basta como ejemplo el «Andante» de la «Serena­ta en re» (K. V. 203) para dos violines, viola, dos oboes o flautas, dos fagots, dos trompas, dos trompetas y bajo. Mientras que los otros tiempos encierran escaso in­terés, esta página supera a todos los es­quemas y modelos precedentes por la ins­piración poética que se insinúa en el canto íntimamente expresivo del violín, alternado con breves solos del oboe. El más típico Mozart del período «galante» aparece más tarde en la «Serenata en re» (K. V. 204), para dos violines, viola, dos flautas, dos oboes, dos fagots, dos trompas, dos trom­petas y bajo, escrita en 1775, composición dé ritmos variados y vivaces, tal vez de­masiado superficiales, pero notables por la originalidad de su forma, sobre todo en el «final», en que un «Andantino gracioso» (especie de «Arietta alia francese») precede al «Allegro» y vuelve a aparecer en forma de estribillo después de cada período. Al año 1776, vigésimo de la vida de Mozart, pertenecen tres serenatas. La primera «Se­renata nocturna en re» (K. V. 239), para dos orquestas, es breve y sencillísima; más importante, en cambio, es la posterior gran «Serenata en re» (K. V. 250) para cuarteto de cuerda, dos oboes, dos flautas en el se­gundo «minuetto», dos fagots, dos trompas y dos trompetas, escrita para las bodas de Elisabeth Haffner; con la composición de esta «Serenata», Mozart consiguió una obra perfecta, desde el punto de vista construc­tivo y expresivo, bien diferenciada en cada uno de sus tiempos, aunque dominada por la evidente preocupación de unidad ideal estilística, que perjudica, en algunos pasa­jes, a su emoción; la tercera es la «Sere­nata en fa» (K. V. 101) para dos violines, dos oboes, dos trompas y bajo; modesta serie de cuatro trozos extensos, que vero­símilmente compuso Mozart para ser inter­pretados al aire libre. Vivo interés ofrece también el «Nocturno en re» (K. V. 286), para cuatro conjuntos, cada uno formado por dos violines, viola, dos trompas y bajo.

Esta obra compuesta en Salzburgo el año 1777, limitada a dos grandes piezas,, a las cuales más tarde fue añadido un «minuetto», está caracterizada por los efectos instru­mentales del «eco»; cada frase es ejecutada por el primer conjunto instrumental, des­pués en repeticiones que se van abreviando, por cada uno de los otros tres, procedi­miento probablemente sugerido por compo­siciones análogas de los dos Haydn, pero que en Mozart adquiere un tono y una ri­queza inventiva de refinado gusto instru­mental. Ofrece después muestra de las in­fluencias que recibió de la floreciente es­cuela instrumental de Mannheim, la ele­gante y sabia instrumentación de la «Se­renata en re» (K. V. 320), compuesta en 1779, para dos violines, dos violas, bajo, dos flautas, dos oboes, dos fagots, dos trom­pas, dos trompetas y timbales. En 1781, Mozart deja definitivamente Salzburgo para establecerse en Viena, y allí comienza la época áurea de su genio.

En efecto, aquel mismo año se publican dos obras maestras: la «Serenata en si bemol» (K. V. 270) y la «Serenata en mi bemol» (K. V. 375), am­bas sólo para instrumentos de viento, obras perfectas en el denso y recogido canto de los «adagios», en la gracia inventiva de los «Minuettos», en alegría fresca y popular de los «finales». El año siguiente, en 1782, ve nacer la «Serenata en do menor» (K. V. 388), para dos oboes, dos clarinetes, dos trompas y dos fagots, obra fuerte y vigo­rosa, que se anticipa a Beethoven desde su enérgico ataque al unísono del primer tiem­po. El «andante» pasa de un ritmo afanoso a una calma solemne y este mismo episodio sentimental se repite en el último tiempo, que va precedido de un «minuetto» con trío «a canone», bellísimo arabesco sonoro. Esta «Serenata» fue después transcrita por Mozart para quinteto de cuerda (K. V. 406).

M. Bruni