[La Russie des Tsars pendant la Grande Guerre]. Diario diplomático de Maurice Paléologue (1859-1944), publicado en 1921-22. Paléologue, embajador de Francia en Rusia durante la guerra mundial, basa en los acontecimientos de aquellos años un diario, desde el 20 de julio de 1914 al 17 de mayo de 1917, que representa un material documental de primer orden.
Se inicia con la visita del presidente de la República francesa, Poincaré, al zar de Rusia, Nicolás II, que tuvo lugar en julio de 1914, cuando la tensión austro-servia mantenía en ansiedad a toda Europa. Todavía se confía en la paz. Pero la mañana después de marchar Poincaré, sabe Paléologue que Austria- Hungría ha dirigido a Serbia un ultimátum inaceptable. Es la guerra. Oyendo a los ministros rusos se diría que también el pueblo se hallase animado por un profundo espíritu de patriotismo. Pero Rasputín, el nefasto consejero y confidente de la zarina, declara al zar que esta guerra será funesta para Rusia. Victorias aisladas elevan los espíritus; el zar se halla tan esperanzado que llega a confiar al embajador francés las condiciones de paz que se deberán^ dictar a los imperios centrales. Pero el año 1915 comienza con una gran crisis de pesimismo: los rusos se retiran precipitadamente de los territorios alemanes ocupados, y toda Rusia se ve agitada por los graves problemas obrero y agrario; a ello se suman la cuestión judía, la cuestión polaca y la de Ucrania; frecuentes crisis ministeriales provocadas por Rasputín y la zarina; traiciones de generales, desórdenes en Moscú y repetidos suicidios en todas las clases sociales.
Paléologue alterna la narración con páginas dedicadas a la mujer rusa, a la mentalidad primitiva del «mujik», sobre la fe en lo sobrenatural, sobre la música popular y los cantos de la estepa: en suma, sobre los aspectos más característicos y menos accesibles de aquel inmenso país euroasiático. Durante el verano de 1916, tras algunas victorias de los ejércitos rusos, el pueblo se reanima: pero la felicidad dura poco. Hindenburg arroja a los rusos de las regiones recientemente conquistadas; el deseo de paz se extiende crecientemente en las masas; la agitación revolucionaria se agrava, la plebe se amotina; las huelgas se hacen cada vez más frecuentes y violentas; en San Peters- burgo la policía abre fuego contra los manifestantes; unos miembros de la aristocracia asesinan a Rasputín. En vano el zar dirige una proclama en la que declara su fe en la victoria. En marzo de 1917 se desata la revolución. Nicolás JI abdica; los revolucionarios se adueñan del poder y del país; la guerra ha terminado. Y también termina la misión diplomática de Paléologue, el cual, cuando se despide de Rusia repite la profética lamentación del mujik en el Boris Godunov (v.): «Llora, santa Rusia mía; llora, porque estás sumiéndote en las tinieblas. Llora, mi querida Rusia; llora, porque estás a punto de morir». Paléologue revela no sólo grandes dotes de observador sagaz y agudo, sino también de auténtico escritor.
Los elementos múltiples y progresivos de la gran crisis rusa, políticos, diplomáticos, sociales, psicológicos, son percibidos por un espíritu atento y expuestos con una pluma dúctil y precisa en las exactas anotaciones de su diario.
G. Mira

