[Rime]. A Enzo (1220?- 1272), hijo de Federico II de Suabia, se le atribuyen dos canciones: «S’eo trovasse Pietanza / d’encarnata figura» y «Amor mi fa sovente / lo meo core pensare»; un soneto de tono sentencioso, «Tempo venne chi sale e chi discende / tempo é da parlare e da taciere»; y las estrofas iniciales de otra canción hoy perdida, «Allegru cori, plenu / di tutta beninanza».
La fecha de composición de estos fragmentos es dudosa. La poesía de Enzo refleja directamente (no podía suceder de otro modo) los motivos trovadorescos propios de aquel movimiento poético que tuvo como centro la corte de Federico y que, como dice Dante, teniendo como solio real a Sicilia, se denominó «siciliana». Los temas y. la fraseología del amor cortés derivan directamente de los poetas provenzales, desarrollados o traducidos no sin una difusa sensación de penuria artificiosa, en una lengua que intentaba entonces sus primeras pruebas de idioma poético, aunque con explícitas intenciones artísticas. Y en este explícito ensayo y esta ambición artística reside la única y verdadera importancia histórica y documental de la poesía de Enzo y de los demás poetas de la misma escuela. Enzo canta asimismo las penas y angustias de su corazón enamorado, requiriendo a «Pietá» y «Merzede» para que le obtengan la paz con su «dama»; la atormentada alternativa de esperanzas y amarguras, la inquietud febril de su corazón: «giorno non ho di posa / com’é nel mare l’onda» (frase que satisface a De Sanctis); su indefectible sujeción y fidelidad a la «dama».
Existe allí una elevada ambición de arte culto y refinado, pero en un lenguaje raramente homogéneo (provenzalismos, dialectalismos, términos italianos de tono forzosamente áulico) que descubre y acentúa la artificiosa complicación del discurso poético. Destaca, en la obra de Enzo, el final de la canción «Amor mi fa sovente», bello y sencillo y de una modulación dolorosamente nostálgica: «Va, cansonetta mia… / Salutami Toscana, / quella ched é sovrana, / in cui regna tutta cortesía; / e vanne in Puglia piaña, / la magna Capitana, / la dov’é lo mió core nott’e dia».
D. Mattalía
Considerando la infancia de la lengua, Federico y su hijo Enzo suscitan, en muchos momentos de sus versos, grandísima admiración. (Foscolo)

