Diablo Cojuelo, Luis Vélez de Guevara

Novela picaresco-satírica, original de (1579-1644), publicada en Madrid, 1641. En ella, un estudiante, don Cleofás Pérez Zam­bullo, escapando de la justicia por los te­jados de la corte, a causa de una aventura con su amada, doña Tomasa de Vitigudi- no, va a caer en la buhardilla de un astró­logo.

Allí está la redoma mágica que en­cierra al diablillo cojo. Cleofás lo libera y el diablo, agradecido, le lleva, volando, a lo alto de la torre de San Salvador, la más alta de Madrid, desde donde, levantando la tapadera de los tejados, le muestra la realidad de la vida. Allí se ve al lindo que duerme con las guedejas trenzadas, alqui­mistas, bodegoneros, médicos, todos afana­dos en sus trampas. También se ve a doña Tomasa, que en aquellos momentos recibe a otro amante. Al amanecer, ven el mani­comio, visita llena de observaciones de aguda comicidad. El Cojuelo lleva al estu­diante por el aire a varias ciudades de Es­paña.

En Toledo, don Cleofás espera el re­greso del Diablo Cojuelo, quien hace una rápida excursión hasta Constantinopla, a fin de alborotar el serrallo. Después visitan Córdoba, Écija (patria chica de Luis Vélez de Guevara) y Sevilla. En Écija, a causa de traer unas varas de justicia les toman por autoridades, y la justicia de Écija les ofrece sus respetos. (Gran elogio de la ciudad). Entre tanto, Satanás ha mandado al diablo Cienllamas para que capture al Cojuelo, pero el tal mensajero se equivoca y, confundido, toma a un mendigo profe­sional (al que también llaman Cojuelo) por el Diablo que ha de capturar.

En Se­villa, por medio de un espejo mágico, el estudiante puede ver reflejada la calle Ma­yor de Madrid, con su pintoresco desfile de coches, literas, jinetes, damas, etc. Tam­bién asisten en Sevilla a una academia poética o reunión literaria, donde Cleofás lee unas Premáticas, en las que se precep­túa, entre otras cosas, que los poetas escri­ban de manera que se entienda, y que no hablen mal de los demás poetas más que dos veces a la semana, o que no se cante más al ave Fénix por sospechosa de sangre, ya que no tiene «abuelo que no haya sido quemado». En los artículos dirigidos a los poetas cultos se leen interesantes notas sobre el léxico poético. A estas alturas del diablesco viaje, doña Tomasa llega a Se­villa y logra hacer que un soldado que la acompaña detenga al estudiante y al Cojuelo, pero éste soborna al alguacil.

Doña Tomasa se marcha a Indias con el soldado, el estudiante regresa a Alcalá a terminar sus estudios y el Cojuelo, metién­dose por la boca en un escribano (el me­jor refugio que pudo hallar), va al infierno. Este es, a grandes rasgos, el argumento de la novela. Está dividida en trancos, que equivalen a capítulos. Más que una novela picaresca es una sátira de la sociedad, cuya idea fundamental podemos encontrar en Los sueños (v.) de Quevedo. El recurso de levantar los tejados «como hojaldrado» pue­de haber salido de Los antojos de mejor vista, de Rodrigo Fernández de Ribera, libro publicado en Sevilla hacia 1625, don­de el Desengaño enseña, desde lo alto de la Giralda, la vida real de la ciudad con tintes análogos.

En el tranco IV figura un poetón desmesurado que puede tener sus claros hermanos en el Coloquio de los perros cervantino o en el Buscón de Que­vedo. También hay un ascendiente queve­desco (La hora de todos) en la pelea de franceses, italianos y alemanes del tranco quinto. En muchas ocasiones, Cervantes y Quevedo son los modelos claros de Vélez. Aparte de la realidad libresca del Cojuelo, es abundantísimo el caudal de noticias, chas­carrillos, dichos, tradiciones locales anda­luzas, etc., que encierra. Son copiosos los juegos de palabras, las metáforas desorbita­das, los refranes y citas burlescamente con­trahechos. Su lectura es mucho más suges­tiva por la gimnasia permanente y graciosa del idioma que por el interés de los episo­dios en sí. En francés, Lesage hizo un arre­glo libre del libro de Vélez, donde pres­cindió de mucho español y añadió mucho de francés, mezcla poco afortunada. Fue traducido muy pronto al italiano y al por­tugués.

A. Zamora Vicente