LA OTRA REALIDAD

Agustín Kong,
Barceloba. Livin’ Leaving la vida blogger
Penguin Random House, 2017, 365 págs.

por Anna Rossell

Agustín Kong se presenta en la escena literaria con una novela (la primera que publica, no la primera que escribe), que nos sumerge en el submundo de las redes sociales y los blogs. Un mundo paralelo, el único para quien vive en él y de él. Y hay que ser experto en su código específico, lingüístico y estratégico, altamente especializado, para sobrevivir en un universo donde impera la rivalidad feroz de los egobloggers, en su pugna por convertirse en influencers, ganar followers y hasta haters, en la medida en que estos revalorizan su marca a partir de hashtags, instagramers, trend topics, youtubers, hipsters, swaggers… todo vale, si ello ayuda a escalar el éxito basado en la fachada, en la construcción del personaje al dictado de lo que vende en el ultimísimo momento. Son las reglas del juego, las más salvajes de un mercado basado en la fachada, lo superficial, la mentira. La novela es un retrato de esta otra realidad virtual, que ha ido ganando espacio a la tradicional para imponerse como única y definitiva a golpe de generación.

Eva Gris, cuarentañera egobloguera de éxito, inventora de la dumping pose, antes enfermera, que sueña con ser escritora, nos pasea por los subambientes de Barcelona, acompañada de la representante de su agencia, que saca partido de su encumbramiento en las redes sociales para negociar con marcas de todo tipo vendiendo su imagen en lugares estratégicos de la ciudad condal.

La novela, escrita en primera persona, se compone de una amplia variedad de tipos de texto: notas de Eva, textos subidos a las redes, vídeos en youtube, conversaciones telefónicas, whatsapps… Los textos son un reflejo del mundo que el autor quiere transmitir: una vida sin privacidad, donde impera la sobreexposición de una figura construida para el escaparate, a base de falacia.

Es indudable que Kong maneja bien el mundillo, lo conoce bien y lo presenta tal cual sin pretensión moralizante. Mucho contribuye a ello el registro lingüístico por el que apuesta: un lenguaje frívolo, a menudo irónico, que, por su frivolidad, confiere al texto la misma superficialidad que aparentemente pretende denunciar, y que, por la ironía que acompaña a menudo los pensamientos de Eva, da fe de la conciencia social que la define. Sin embargo el personaje hace el juego a lo que parece reprobar sin que manifieste una posición crítica ostensible. Esta ambigüedad de la protagonista, con quien simpatiza el autor, que no abandona el registro liviano, se impone, y acaba por prevalecer la superficialidad. A ello contribuye el hecho de que la novela se recrea en lo reiterativo, innecesario, en tanto que la historia no requeriría tantos capítulos para transmitir lo esencial. La novela sucumbe a la reiteración, en mi opinión forzada, por la voluntad de embutir en la narración todos los barrios emblemáticos de Barcelona, en los que los ambientes insustanciales y cínicos se manifiestan supuestamente con matices diferentes, matices que por su trivialidad no tiene interés plasmar de más.

Sin embargo, la novela tiene muchas virtudes: nos permite conocer subculturas urbanas (no solo barcelonesas) ignoradas por buena parte de los lectores, en el lenguaje que los caracteriza, de modo desenfadado. Kong domina el registro por el que opta y sabe mantener el gusto del lector por la justa dosis de mordacidad con que adoba la narración. La técnica narrativa logra transmitir el ritmo frenético —capítulos cortos, frases breves, que transcriben la ausencia de vida privada (hasta la muerte de una amiga y la recuperación de los otrora sensibles nexos de amistad se ven envueltos en la maraña de la red insustancial que determina la cotidianidad del personaje— dan fe del tempo enajenado en que vive inmersa la protagonista, prototipo de un perfil no emergente, sino consolidado, como el de Celia Fuentes, persona real que se suicidó el pasado año «porque todo era fachada y se sentía sola», víctima de las consecuencias de esta vida carente de valores y metas, que atrapa y engulle a quien se deja.

La novela tiene el mérito de plasmar literariamente, con mucho realismo, esta otra realidad. Agustín Kong sabe escribir y tiene buen olfato. Su escritura promete, si madura y no hace concesiones a la tiranía que plasma en .

© Anna Rossell
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Defectos más frecuentes al escribir una novela (I). La trama que no avanza.

El escenario está bien, pero tiene que ocurrir algo.

Empiezo hoy aquí una serie de artículos sobre los defectos más comunes al escribir una novela. Me he propuesto a mí mismo no mencionar títulos concretos para no entrar en controversias, porque está claro que lo que para mí son defectos para otros pueden ser virtudes. Lo que está claro es que todos nos hemos encontrado con escritos horribles, tanto de autores profesionales y reconocidos como de otros menos famosos y nos preguntamos, o yo me pregunto, qué es lo que hay en ese texto para que no nos acabe de convencer. 

Hoy empiezo por la trama. 

El problema principal de la trama es que tiene que plantear un conflicto capaz de interesar al lector. Si la trama de la novela consiste en decirnos lo mucho que sufre el protagonista, lo mal que le va y lo asquerosa que es su vida, lo más probable es que no le interese  más que a cuatro masoquistas necesitados de libros de autoayuda más que de literatura

La principal dificultad para un novelista es conseguir, hoy en día, que el lector dedique a tu libro los veinte minutos diarios que tiene para distribuir entre los viudeojuegos, la serie de la tele, el periódico, la pantalla del metro y las redes sociales. Si el día que te concede esos veinte minutos le acabas contando que el hijo de no sé quién pasaba las tardes en la pradera recordando a la vaca con la que jugaba de niño, puedes interesar al lector que tenía una vaca de niño y se siente identificado, pero el resto e muy probable que te mande a hacer puñetas. 

Como el lector sospeche que lo que ocurrirá a continuación no añadirá nada a lo que ya ha leído, estás perdido. El lector tiene que interesarse por lo que va a pasar en lñas páginas siguientes, y para eso hay muchos caminos. El que no sirve es dar por hecho que el lector querrá saber de la familia, del carácter de la abuela y de las manías de la cuñada proque sí, sólo proque a ti te apetec vengarte de alguien en lo que escribes.

 

Por tanto, en cuanto a la trama, hay algo muy claro: no fluye, se planifica. Hay que tener claro lo que se quiere contar y empezar a contarlo desde el principio. Dejarlo para más tarde puede ser dejarlo para nunca, poeque el lector no llega a abrir esas páginas donde al fin te has decidido a hablar de lo que debiste decir desde un principio.

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