UNA NOVELA CON ENCANTO

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Urs Widmer, Herr Adamson,
Diogenes Verlag, Zürich, 2009, 200 págs.
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por Anna Rossell

Remarcable la naturalidad con la que este autor suizo muy entrado en años (Basilea1938) consigue empatizar con la agilidad mental y las aventureras ideas de un niño, y más que notable también la destreza con que maneja el registro lingüístico que corresponde a la temprana edad de su protagonista. Sólo una inteligencia joven puede lograrlo. Con estas habilidades Widmer consigue una novela fresca, seductora, simpática y ligera, que sin embargo no tiene nada de superficial, pues en este registro glosa una historia nada trivial sobre la vida y la muerte.

Para conseguir esta sorprendente capacidad de identificación con su personaje Widmer hace nacer a su protagonista el mismo año que él, 1938. Ello le facilitará –y lo hará con éxito- el traslado a una edad, en la que la imaginación y la fantasía dan una perspectiva aguda y lúcida del mundo y de las vivencias, que se pierde en la edad adulta.
Narrada en primera persona, la novela es la historia de un abuelo, que en su nonagésimo cuarto aniversario -en el año 2032- tiene la ocurrente idea de grabar las memorias de su vida en cinta magnetofónica para su nieta, Annie.
Aprovechando el pretexto de una enfermedad en la que el abuelo-niño cae en los fantasiosos desvaríos del profundo estado de sopor en que lo sume la fiebre, se inicia una relación imaginaria del niño con el Señor Adamson, que a partir de este momento lo acompañará toda su vida. Así entramos en el mundo de juegos infantiles que transcurren en el jardín de su casa y en el de su inseparable amigo Mick, con quien juega a policías y ladrones y con el que imagina correrías de indios navajos de los cuales él es Gran Jefe.

La facilidad con que la dúctil mente infantil coadyuva la imaginación ante el sentimiento de encontrarse a las puertas de la muerte allana el camino a la curiosa relación que le unirá para siempre al Señor Adamson, personaje tan real como imaginario, que resultará ser el acompañante –en su caso, el del niño- que todos los humanos tenemos para conducir a cada vivo al mundo de los muertos cuando nos llegue la hora. Muerto en el preciso momento en que el niño vio por primera vez la luz, el destino de ambos quedará unido por este vínculo sagrado y ritual, por el que el Señor Adamson deviene no sólo un fiel compañero de juegos casi a la misma altura del pequeño, sino también una especie de consejero y protector. Ello permite al chico adentrarse sin traumas en el territorio de Tánatos al tiempo que se le facilita un nexo con los seres fallecidos, que, en su tarea de acompañamiento y tutela de los vivos, deambulan en un limbo a caballo entre los dos mundos hasta que no ven cumplida su misión.

La novela es así una ingeniosa aventura de principio a fin, pero también un ejercicio para abordar un tema tradicionalmente tabú de modo natural y desenfadado, un libro que leerán con gusto tanto jóvenes como adultos y que por su frescura, chispa y sentido del humor destaca en el panorama literario suizo, tradicionalmente más severo y adusto.

De Urs Widmer, que por su prolífica obra ganó el premio Friedrich-Hölderlin 2007 de la ciudad Bad Homburg, se han publicado en España El sifón azul (Círculo de Lectores, 1995), El amante de mi madre (Siruela, 2001), L’amant de la mare (Edicions La Magrana, 2001), El libro de mi padre (Salamandra, 2006). Herr Adamson está inédita en español.

 

© Anna Rossell

DE LA UTOPÍA SOCIALISTA A LA REUNIFICACIÓN ALEMANA

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Etiquetas: Anna Rossell: Recensiones-Artículos, Eugen Ruge
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Eugen Ruge, «En tiempos de luz menguante. Novela de una familia».
Traducción de Richard Gross,
Anagrama, Barcelona, 2013, 394 págs.
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por Anna Rossell

Encomiable esta novela de inspiración autobiográfica de Eugen Ruge (Sosva, Urales, 1954) que, de modo parecido a «La Torre», de Uwe Tellkamp –publicada también por Anagrama-, narra la evolución de la República Democrática Alemana a través de cuatro generaciones de una saga familiar, en este caso, a diferencia de la de Tellkamp, perteneciente a la nomenklatura. Partiendo de una historia que es la propia, Ruge arma con maestría la trama novelada de la que fue su vida y la de su familia, desde la emigración de los abuelos comunistas a México, pasando por su regreso para contribuir a la construcción de la nueva república alemana, hasta poco después de la caída del muro y la reunificación, ambientada ya en la nueva alemania, en la que crecerá el biznieto. El autor reúne a sus actores en escenarios idóneos para su fin, las fiestas familiares a las que asisten representantes gubernamentales, para mostrar la diferencia ideológica entre personajes y sobre todo entre generaciones. Medio siglo de historia desfila ante nuestros ojos: la construcción de la RDA, la huída de los hijos a Moscú, la deportación a un campo siberiano, la reestalinización, la perestroika y el final del sueño socialista.

Como avanza el título, que condensa bien el contenido, el lector asiste a la degradación del socialismo utópico, convertido en socialismo real, a través de los representantes de cada una de las cuatro generaciones. Sin embargo el autor no se debate con sus predecesores en un ajuste de cuentas. Lejos de afanarse en culpabilidades, aunque sin rehuir los naturales reproches políticos de los hijos a los padres, sabe dibujar con fino sentido del humor y distancia los defectos de sus personajes, consiguiendo una narración ecuánime y objetiva según el punto de vista de cada cual, al tiempo que muestra sin ira el trazo caricaturesco –sobre todo en el caso del patriarca de la familia- que tenían muchas actuaciones de la primera generación de adictos al régimen acólito de la Unión Soviética.

Si bien Ruge se integra a sí mismo en la ficción bajo la figura de Alexander Umnitzer –Sasha-, nacido como él en 1954 y como él emigrado al oeste en 1989, la narración no adopta como eje su punto de vista. Uno de los méritos de la novela es precisamente su arquitectura perspectivista, que no responde a un tiempo lineal, sino que organiza los capítulos saltando cronológicamente hacia delante y hacia atrás, sirviéndose para cada uno de un personaje central distinto.
Ruge, que a partir de 1989 se dedicó exclusivamente al teatro, hace gala de sus conocimientos dramatúrgicos, tanto en la organización escénica del material narrativo como en el virtuosismo que despliega en el dominio del estilo indirecto libre y de los diferentes registros que maneja en función de la edad y el carácter de sus protagonistas, estilo que vierte con muy buen tino al español la traducción de Richard Gross. Con gran diferenciación de matices, el autor compone un mosaico de caracteres que con magistral sutileza nos ofrece una panorámica de una buena parte de la historia europea del siglo XX.
Lejos de ofrecernos probaturas narrativas experimentales, Ruge centra sus esfuerzos en desarrollar con ingenio la técnica realista, que afina con rigor. Así el autor consigue con éxito plasmar ambientes –la atmósfera bohemia de los años 70 y 80 en el barrio de Prenzlauer Berg de Berlín oriental- o dar a conocer hechos fundamentales de la novela sin abordarlos de modo directo –la separación matrimonial de Alexander o el diferenciado espectro de personajes opuestos al sistema.

Ganador ya en 1993 de un premio literario el Schiller-Förderpreis del Land Baden Württemberg, cuando se publicó en su país de origen, en 2011, En tiempos de luz menguante fue merecedora del premio alemán de literatura más prestigioso, el Deutscher Buchpreis. Por la misma obra había ya recibido en 2009 el Premio Alfred-Döblin.

Eugen Ruge, que acaba de publicar en su país su segunda novela, Cabo de Gata (Rowohlt), es autor de numerosas obras dramáticas para la escena y la radio –muchas de ellas también premiadas-, así como traductor especializado en Chéjov.

© Anna Rossell

MÉXICO LINDO Y QUERIDO

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Jorge Ibargüengoitia, «Las muertas»,
Joaquín Mortiz, México, 2012, 156 págs.
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Las muertas
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por Anna Rossell
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Fruto de la más genuina tradición mexicana, esta novela de Jorge Ibargüengoitia (Guanajuato –México-, 1928; Madrid –España-, 1983), nos sumerge en el mundo cicatero de un México que él conoce profundamente, la región que le vio nacer. Ubicada en los estados de Michoacán y Guanajuato en los años sesenta del siglo pasado, el autor pergeña una historia de venganza y enredo que entretiene e ilustra al mismo tiempo. Con su habitual sentido del humor, tan propio, Ibargüengoitia nos presenta como puro realismo lo que pudiera creerse un manido tópico de antiguas películas del oeste mexicano. Sus personajes, que ridiculiza con gran habilidad, son prototipos fruto de una larga tradición histórica que reproduce caracteres vividores, naturales de un México más actual de lo que muchos pudieran creer y desear. Hija del más rancio acervo novelístico mexicano, como se echa de ver por el título –»Las muertas»-, glosa una historia de disparate en la que la muerte es tan cotidiana como la misma vida y el enredo sórdido, el gesto habitual para burlar la ley. La novela, que comienza con un acto de venganza contra el panadero Simón Corona por parte de su examante abandonada, perpetrado por tres hombres y la mujer ofendida en su panadería, se despliega a partir de aquí en retrospectiva. Hacia atrás en el tiempo iremos descubriendo las razones que llevaron a Serafina Baladro a maquinar el desquite, así como las de los acompañantes a colaborar. Con este pretexto conoceremos la vida de las madrotas Serafina Baladro y su hermana Arcángela, sabremos de cómo medraron en el negocio de la prostitución fundando «La Casa del Molino» y «El Casino del Danzón», de cómo entra en acción el Capitán Bedoya y de las triquiñuelas que organizan las protagonistas con sus protegidas para salir airosas de los múltiples embrollos en los que se ven metidas.
Con el dislate y el sarcasmo por consigna, Ibargüengoitia muestra una radiografía de un México que, si bien tratado con jocosidad, no renuncia a la aspiración de crónica objetiva, pues el narrador desaparece tras los testimonios de una larga retahíla de personajes, que prestan declaración ante el Ministerio Público y que dan cuenta de este modo de todos los pormenores desde el punto de vista de cada uno. Así protagonistas y situaciones conforman cuadros a caballo entre el grotesco realismo y el surrealismo, a medio camino entre la comedia y la tragedia.
Ibargüengoitia es prolífico autor de artículos periodísticos, obras y ensayos teatrales, cuentos y novelas. Su novela Las muertas ha sido llevada a la ópera por Enrique González-Medina con el título de «Serafina y Arcángela».

Anna Rossell

Entrevista a Iván Montero, autor de «El lamento de Aasm»

Ivan_Montero_1Tras su aparente desaliño se esconde un hombre inteligente, buen conversador, Barcelonés de origen extremeño, con mirada incisiva e inquieta; parece que va a beberse de un trago todo lo que está ocurriendo a su alrededor. Además de su formación científica y técnica es multidisciplinar, por eso entre otras muchas cosas, recorrió bares y cafés-teatro cantando sus propios poemas guitarra en ristre, y ahora nos sorprende con su saga de novelas, que a buen seguro darán que hablar pues calidad y entretenimiento no le faltan.

Iván Montero es un escritor con muchas ganas, y tal vez sea heredera la ilusión de saber que tiene algo grande y bueno entre sus manos.
Pregunta: En estos momentos de desencanto y dificultad generalizada, y con lo difícil que es publicar, de donde sacas fuerzas para escribir una obra tan extensa como la que tienes entre manos? Y teniendo en cuenta que seguramente aún no vivas de la escritura.
Respuesta: Precisamente por vivir estos momentos tan difíciles para la inmensa mayoría de nosotros, aquella parte que reside en nuestro interior y que, en definitiva, es la que nos hace Vivir —debería ponerse en mayúsculas—, ha de ser escuchada y atendida; el resto son horas robadas que de nada sirven si no es para pagar nuestras deudas y no quedar excluidos de este despiadado sistema. Educar a un hijo y compartir nuestro tiempo libre con él, reunirnos con nuestros amigos, familiares o amantes, tocar un instrumento o, incluso, leer un libro son, en definitiva, la vida, porque nos aportan alegría y nos hacen sentir, por un brevísimo instante, tal vez, libres.
Esta crisis, casi frivolizando, se puede reducir a un sacrificio —impuesto— de estos pequeños momentos en favor de los otros (los que nada más que dinero nos prestan).
Pese a todo, por suerte o por desgracia, parece ser que ésta es la idiosincrasia de este país, pues Cervantes ya hizo mención a ello en el Quijote cuando escribió algo parecido a: ‘año de hambre, año de poesía’. ¡No hemos cambiado tanto!
En cuanto a mí, la trama de esta obra se fue fraguando en mi mente durante varios años (largas horas de viaje de casa de mis padres a la universidad o, más tarde, hasta en el trabajo). Lo cierto es que no me planteé si era extensa o no: me gustó y sentí la necesidad de escribirla. Ése era el primer paso: pasar de la idea a la palabra, de la palabra al hecho. El resto —edición, críticas y un largo etcétera que aún ha de llegar y que desconozco— no había entrado, entonces, en juego. Al fin y al cabo, cayendo en el tópico, escribir es una carrera de fondo en la que, como en todo, se ha de disfrutar del trayecto sin pensar en la meta.
Así pues, por mi parte, he tenido la gran suerte de tener que sacrificar únicamente horas de sueño para dedicarme a escribir.
Pregunta: Lo de escribir te ha acompañado siempre o surgió en algún momento de tu vida? Cuál es tu formación, te consideras autodidacta?
Respuesta: Desde siempre, me he dedicado a soñar, a inventar historias y a contarlas, con la única intención de entretener a mis oyentes; ¡he sido bastante payaso, afortunadamente!
Siendo bastante joven, me inicié en el solemne mundo de la poesía —simples trazos que rimaban, sin métrica ni estructura alguna—, con el claro propósito de plasmar, sobre papeles clandestinos que fueron a parar al olvido, las frustraciones amorosas de un adolescente.
Recuerdo, sin embargo, el momento en el que me dediqué a escribir la primera página de ‘El Lamento de Aasm’, cuando éste aún no tenía ni título. Por aquel entonces, me encontraba estudiando Matemáticas —en concreto, la asignatura ‘Historia de las Matemáticas’—, cuando el profesor resaltó —con halagos que, aún hoy, considero exagerados— mi particular forma de escribir. Aquello me hizo pensar: «¿y por qué no?».
No obstante, escasa fue la dedicación que le di, pues viré hacia las odas y los sonetos sin contemplación alguna, posiblemente para tratar de camuflar mis enormes lagunas en el arte de tañer la guitarra; que, por aquel entonces, también emergía en mí.
Pese a haber estudiado carreras de ciencias (Estadística y Matemáticas), siempre disfruté con una novela entre mis manos, un poema el-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-i-330en mi memoria y los versos de alguna buena canción tarareados entre mis labios. Eso, haber atendido (nunca como hubiera debido) a mis profesoras de literatura y lengua castellana (en la EGB y en el instituto) y el haber sentido la necesidad de leer y observar la estructura de los clásicos —y de los que no lo eran tanto— han sido el único aprendizaje con el que he contado para escribir como lo hago. Supongo que sí soy autodidacta, o, tal vez, mediocre alumno a distancia de los grandes escritores, poetas y cantores.
Pregunta: Ha salido ahora la versión ebook de “El Lamento de Aasm”, la primera parte que ocupa dos volúmenes. Para cuándo el libro impreso. Por qué no sale todo junto, acaso la gran promoción será para 2014?
Respuesta: Mi idea primera era que ‘El Lamento de Aasm I. El Triángulo de Gnurk’ hubiera sido editado en un único volumen. Sin embargo, su enorme extensión obligó a que éste fuera dividido en dos partes. Por fortuna, su estructura facilitó esto, pues se compone de dos libros.
Habiendo hablado con mi editor, acerca del asunto, parece ser que el formato papel sí será lanzado como un único tomo; algo que, debo confesar, me agrada enormemente, dado que así fue concebido en origen.
Realmente, tengo grandes expectativas en cuanto a la promoción de la novela que el año próximo promete. Poco puedo decir, sin embargo, en cuanto a esto; sólo que ansío embarcarme en esta aventura que va a representar, para mí, una experiencia sin parangón hasta ahora.
Pregunta: Crees que editoriales como Amarante son el nuevo modelo editorial que habrá que tener en cuenta? Te planteaste autopublicar ahora que hay facilidades para ello, cuál fue la clave para no lanzarte en solitario a Amazon u otros?
Respuesta: Editoriales como Amarante demuestran, con hechos, que apuestan por la literatura y no por un nombre.
Para un novel, resulta extremadamente difícil y arduo lograr que alguien con decisión y criterio se decida a estudiar su obra. Hasta ahora, nos hemos encontrado en un sistema en el que sólo importan los grandes beneficios y, por consiguiente, no se ha prestado atención a aquello que, a priori, sólo aporta costes —comprensible, por otro lado—; perdiendo, de este modo, la oportunidad de hallar enormes joyas literarias y, asimismo, la propia naturaleza de lo que debiera ser una Editorial.
Quiero hacer referencia a John Kennedy Toole, junto con su ‘La conjura de los necios’, y a J.K.Rowling, autora de la saga de ‘Harry Potter’, por ejemplo. Son autores que hubieron de luchar mucho para lograr que sus obras vieran la luz (cosa que no sucedió con Toole, que, ante tanto rechazo, terminó suicidándose y hubo de ser su madre quien tomara el relevo). ¿Quién puede asegurar que no hay obras de autores como ellos, que, lamentablemente, no han podido gozar de este final?
La existencia de estas editoriales —mal llamadas modestas— es la que permitirá —si no lo hace ya— que los lectores sigamos disfrutando de majestuosas obras. Pensemos, además, que esto repercutirá también, favorablemente, en otros aspectos artísticos como son el cine o el teatro. Con seguridad, serán ellas las que lograrán que el mundo de la literatura no termine como el de las discográficas: engrillado a la decisión de unos pocos que sólo buscan un rostro bonito y una voz de encanto sin aportar nada nuevo. ¿Te imaginas a Bob Dylan o a Joaquín Sabina tratando de abrirse un hueco en el mundo de la música, hoy en día? Pues ésa es la solución que aportan editoriales como Amarante para la literatura.
Poco antes de terminar mi primer volumen, estuve indagando en el mundo de la autoedición, pero temí que con ello me saltara un paso de los más importantes; yo no quería simplemente el fin para mi obra: verla publicada. Deseaba, además, ponerla a prueba anteel-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-ii-330 un tercero —profesionales—, convencerme de que sí valía la pena ver mi libro en el estante de una librería o colgado en una página web de venta online.
Al fin, mi obra ha logrado esto. Ahora, habrá de ser el lector el que juzgue el resultado de tantas horas de trabajo.
Pregunta: Cómo es tu vida a diario? Barcelona puede ser un buen lugar para catapultarte en un futuro, te relacionas con otros escritores o con personas del sector?
Respuesta: Durante más de una década, me he dedicado —y lo sigo haciendo— a una rama profesional que poco o nada tiene que ver con la de ser escritor: analista-programador informático. Desde hace ya varios años, procuro, sin embargo, escribir cada día, al menos, una página completa de mi libro; siempre robando tiempo al tiempo para dejar constancia de que esa jornada ha sido bien empleada. En ocasiones, al llegar a casa o por correos o mensajes, suelo atosigar a mi pareja —la cual es uno de los pilares fundamentales que me permiten escribir con la ilusión con la que lo hago— con ideas variopintas (indescifrables muchas veces para ella, pues trato de no estropearle las sorpresas que esconde la novela; dado que es la primera lectora con la que me topo) o frases absurdas al estilo de: «¡Ya lo tengo! Ya sé cómo va a continuar… ¡Verás!». Asimismo, no pasa una jornada, tampoco, sin que lea —o relea— noticias, blogs, parte de un libro o, incluso, el prospecto de un medicamento: siempre se ha de buscar esa palabra nueva que derivará en una inesperada situación de la novela que, sin ella, no se me hubiera ocurrido.
Vivir en una ciudad tan destacable y cosmopolita como lo es Barcelona puede ser, indudablemente, una muy buena forma de explotar una obra de cualquier tipo. Sin embargo, hoy, gracias a las redes sociales —a las que, debo decirlo, siempre he sido reacio—, poco importa ya dónde viva uno para tener acceso a los contactos profesionales adecuados que ayuden a promocionar un buen trabajo.
Pregunta: Háblanos de tu libro, “El lamento de Aasm.”
Respuesta: En principio, debo decir que es una historia extensa —actualmente la englobo en cuatro volúmenes como el que presento; esto es, en ocho libros— de la que sólo conozco lo que podría denominar ‘su estructura ósea’; es decir, los grandes rasgos de la obra.
Poco a poco, según he ido rellenando hojas, los personajes, sorprendentemente, han ido tomando sus propias decisiones y yo, tecleando, sólo he tenido que seguirlos hasta darme cuenta de que han abierto un abanico —doy mi palabra de que esto es así— que ha dado cabida para que nuevos decorados, actores y situaciones tengan lugar en la novela. Lo que más me ha llamado la atención es que todo está correlacionado de forma sorprendente, dejándome a mí como puro cronista de los acontecimientos. Esto, posiblemente, se debe a que todos y cada uno de ellos poseen un pasado —omitido o no en la obra— y unas filias y unas fobias que los definen unívocamente en mi mente y que, indudablemente, les hacen reaccionar del modo en el que actúan. Esto me hace saborear de manera especial la creación de este libro; pues me siento como el primero de los lectores, con la particularidad de que puedo modificar algunas características de la trama.
Paralelamente, trato de resaltar aquello que más me gusta y procuro mejorar —tras incontables lecturas y en la medida de lo posible— los puntos que se me antojan más débiles (a excepción del capítulo ‘Preludio’, que lo he releído decenas de veces y no he logrado hacerlo menos descriptivo).
Asimismo, el hecho de haber dibujado un mapa de la tierra de Aasm me facilita, enormemente, el ubicar razas, gestas y acontecimientos en la novela. Es como realizar un examen de historia; con la salvedad de que el contenido lo voy inventando yo.
Por otro lado, se encuentran los lenguajes: una de las partes más complejas de este proyecto. Algo que, pese a que algunas reglas ortográficas ya han quedado resueltas en dos de los ficticios idiomas, no sé si alguna vez lograré sacar a la luz como apéndice para lograr interpretar las frases que aparecen a lo largo de la obra. Esto ha generado la existencia de ciertos nombres que, para muchos, han representado una complicación en la lectura y que me ha hecho colgar un pequeño diccionario de los principales personajes en mi blog.
Pregunta: Por qué una obra tan extensa?
Respuesta: Lo cierto es que en ningún momento me planteé la extensión de la obra. De un modo u otro, la idea se fue fraguando en mi mente y, lentamente, decidí plasmarla sobre el papel. Cuando comencé a ver que las páginas se acumulaban del modo en el que lo han hecho, sí me di cuenta de que aquello podía jugar en mi contra —para un autor novel, ofrecer una obra tan magna representa un hándicap importante; pues el coste de edición es proporcional al tamaño de la obra—. Sin embargo, he tenido mucha suerte al dar con editorial Amarante, que no han dado demasiada importancia a esta característica.
Pregunta: Qué destacarías como lo más positivo de la novela?
Respuesta: Dar una respuesta a esta pregunta, siendo yo su autor, es bastante difícil.
Sin embargo, si debo destacar un detalle, creo que me decantaré por el protagonismo que las mujeres poseen en la obra; algo que echo de menos en ciertos libros de este género y que considero no bueno, sino fundamental. La vitalidad y ese punto de vista que ellas tienen tan optimista y generoso de las situaciones adversas —y que tanto nos cuesta explotar a los hombres—, creo, aportan una esencia característica y agradable en la novela.
eslogan IvánPregunta: Creo que es difícil encuadrarla. Ni fantasía ni historia. Medievalismo-ficción?
Respuesta: El entorno medieval que Europa vivió a lo largo de su historia ha sido el marco perfecto para muchos relatos ficticios. Creencias que a día de hoy nos parecen simples supercherías de un tunante fueron seguidas a pies juntillas por naciones enteras (donde los poderosos no quedaban rezagados en tales doctrinas supersticiosas). Esa ignorancia generalizada, esos miedos y ese salvajismo ayudan enormemente a caracterizar a muchos personajes del género fantástico. La magia, en innumerables casos, no ha sido más que ciencia desde el punto de vista de la incultura más pertinaz. Supongo que por ello los escritores del género nos sentimos cómodos desarrollando estas obras bajo este marco político-social o uno similar.
En ‘El Lamento de Aasm’, he tratado de pormenorizar —hasta donde mis conocimientos me lo han permitido— cierta realidad, incluyendo su crudeza, desde un punto de vista de esa época. Por ejemplo, en las heridas que las armas ocasionan a los personajes o en las enfermedades que sufren, así como sus remedios, o, incluso, en las obras arquitectónicas que describo. Asimismo, también es tangible una jerarquía de clases —reyes, señores feudales, militares, plebe…—, desde la que se respira el autoritarismo de los gobernantes. Por consiguiente, puedo decir que, en efecto, existe cierto medievalismo en mi libro.
Dicho esto, ya sea por ciertos poderes extraños que algunos personajes poseen (los Siervos, las gnurkyah, etc.) y/o por esas extrañas razas que van a ir aflorando a lo largo de toda la novela, el género fantástico aparece, indiscutiblemente también, en ella.
Si tuviera que diseccionar el libro según su género, diría que, para la primera mitad, el medieval se impone en la obra para ceder su hegemonía al fantástico, en la segunda.
Pregunta: Y las influencias? Habrá algo más, imagino, aparte de “El señor de los Anillos”?
Respuesta: Por supuesto. Es evidente que cualquier libro que se escriba de este género, inevitablemente, va a ser comparado con la obra de Tolkien —y eso, indudablemente, es un halago y un peligro; pues es una auténtica obra maestra—. No obstante, es también ineludible —y sano— el hecho de dejarse influenciar por otras obras. En mi caso, vienen a mi cabeza varias. Podría mencionar ‘Los Pilares de la Tierra’ de Ken Follet, dada la crudeza que utiliza para describir ciertas miserias, ‘El Médico’ de Noah Gordon, por su excelente forma de narrar los profundos desconocimientos médicos (aludiendo a la respuesta anterior) de la sociedad de aquella época o, incluso —pese a que parezca complicado relacionarlo— ‘La Ilíada’ de Homero; dada la dinámica con la que cuenta los enfrentamientos de las batallas.
Asimismo, debo decir que Tolkien —tal como él mismo afirmó en alguna de sus muchas cartas— se identificaba con los hobbits; pues amaba los jardines, la buena comida sencilla y no viajar. Eso mismo se respira en su obra, pues todo sucede contra la voluntad de sus protagonistas; que viven a una serie de situaciones ansiando no tomar parte en ellas. En mi caso, podría decir que me identifico más con los magos; pues parece ser que —no sólo en mi vida personal, sino en la obra que he escrito— los personajes tratan de acudir, por diferentes causas, al meollo de los conflictos. Supongo que ésa es una de las muchísimas diferencias entre ambas obras. Al fin y al cabo, ‘El Lamento de Aasm’ es una novela de magos.
Pregunta: Si tuvieras que definir “El lamento de Aasm” con dos o tres frases, por cuales te decantarías?
Respuesta: Posiblemente, haciendo referencia a la pregunta anterior, diría que, al margen de ser la típica batalla del bien contra el mal —donde no termina de quedar claro qué es cada una de estas interpretaciones éticas, pues existe la relatividad que aporta el punto de vista desde el que se contempla cierta situación—, es un cuento de magos, con sus consecuentes cambios de ritmo —así como ellos trocan entre la risa y el enojo alternativamente— y sus anhelos por someter o eximir Aasm a su voluntad.
Pregunta: Indícanos un párrafo breve de la novela que pueda enganchar al lector a esta magna obra.
Respuesta: Es bastante complicado dar una respuesta que pueda atraer a los lectores, pues, en muchas ocasiones, no terminan de coincidir o, incluso, poseen apreciaciones antagónicas acerca de una misma lectura.
Personalmente, considero que el siguiente párrafo —extraído del capítulo I de la segunda mitad— defina el origen de la trama que rodea y da sentido a ’El Lamento de Aasm I. El Triángulo de Gnurk’:
[…]
La imagen de lo que contempló provocó que un grito de espanto, apagado por los nervios, muriera entre sus labios mientras la ahogaba durante unos instantes: su hermano, desnudo, se encontraba a cinco o seis metros de ella, fuera de la protección del fuego y de las grandes rocas entre las que habían descansado a lo largo de toda la noche, detenido sobre la densa capa de nieve y sentado a los pies de una inmensa bestia cuya raza Giurka jamás había contemplado en toda su vida. Se trataba de un enorme lobo huargo. Sus ojos, ocres como el mismísimo ámbar, se clavaban fijamente sobre el pequeño mientras su ronca respiración provocaba el ruido que, al principio, había logrado alterar sus sentidos.
De nuevo, la presión de Alheix logró aplacar el impulsivo movimiento que su cuerpo solicitaba para ponerse en pie.
— ¡Fijaos bien en lo que estáis viendo, Giurka! —susurró el mago a su lado, sin dejar de sujetarla.
Fríamente, Giurka comenzó a estudiar la situación. Su hermano, sentado sobre la blanca superficie, ni lloraba ni hacía ningún gesto que denotara impaciencia o malestar. Tampoco observó indicio alguno de que se encontrara divirtiéndose; como cualquier bebé que jugase con un perro. Simplemente, estaba sentado y observaba a la bestia con serenidad; si esa característica podía ser entendida en un niño de escasos tres meses.
Por su parte, la bestia había adoptado una actitud que no parecía, en absoluto, peligrosa. Quizá se equivocara, pero, a la Señora de Gnurk, le pareció que aquel animal estaba rindiendo pleitesía al pequeño: a su propio hermano. […]
Cuando llegó, su mirada se cruzó con la de Alheix. Tal vez, la mujer se estuviera equivocando o, incluso, los nervios que había pasado estuvieran ofuscando su percepción de la realidad. Sin embargo, la sensación que tuvo fue que, al Hilven, aquello no le había desagradado tanto como ella hubiera deseado. Incluso pensó que, durante un instante, en la mirada del mago se había mostrado una fugaz sonrisa.
[…]

Pregunta: Puedes expresar lo que desees sobre tus preferencias, aficiones, pensamientos, ideas, etc. Y agradecerte que te hayas prestado amablemente a esta entrevista.
Respuesta: Creo que esta es, sin parangón, la pregunta más difícil que me haces. Aquéllos que me conocen saben, además, que puede ser contraproducente, dado que, según afirman —y debo creerlo—, si me permites expresarme coloquialmente, me enrollo sin parar.
Quisiera haceros saber, sin embargo, que, indudablemente, las expectativas que sobre esta obra deposito son enormes, pues, aunque muchos puedan llegar a opinar que es mejorable en muchísimos aspectos, he de reconocer que, tras haberla releído en más de diez o quince ocasiones, siempre la he disfrutado y la he vivido como si estuviera escribiéndola en ese mismo instante. Es decir, no ha habido ocasión en la que me haya dicho: «Iván, has escrito un tostón». Más bien, ha sido todo lo contrario; pues ha mantenido el mismo espíritu que quise cincelar en ella cuando la fui urdiendo. Sólo espero que los lectores la disfruten tanto como yo la he saboreado durante tantos años de trabajo.
Asimismo, reconozco que, para aquel grupo de lectoras y lectores que les guste indagar en las frases y en sus ambiguos significados, he ido volcando pensamientos e ideas que, en efecto, son bastante personales —creo que es muy complicado que un autor pase de puntillas sobre una obra sin hacerlo; al menos, yo no he podido—. Sin embargo, estas ideas pueden ser entendidas —o malentendidas— por cada uno a su gusto y libre albedrío; no voy a ser yo —que me he caracterizado siempre por pensar que es el lector el que posee la hegemonía de la interpretación de la obra— en decir qué he querido decir con cada una de estas expresiones.
Durante estos últimos meses, me he ido introduciendo en la creación de la segunda parte de ‘El Lamento de Aasm’. Tal vez, llegue el momento en el que pueda dedicar más tiempo a su desarrollo. Sin embargo, sea como fuere, nadie podrá impedir que un paternal orgullo se haya instaurado en mi interior cada vez que veo la obra de la que ahora hablamos.
Con esto último, deseo animar a todas aquellas personas que hayan arrinconado sus más idílicos —o no tanto— proyectos, por falta de tiempo o recursos, a que desempolven sus ajados relojes para sacrificar unas pocas horas de sueño cada día y entregárselas a eso que, al fin y al cabo, es lo que va a sacudir de sus solapas la mancha gris de la mediocridad del sistema que nos atenaza.
Antes de terminar, vuelvo a agradecer a todo el equipo de Editorial Amarante, tras él, hay un grupo de profesionales que se esfuerzan a diario por lograr que obras como la mía estén al alcance de todos—, a mi familia y a mi pareja; sin la que, como ya he escrito en algún lugar del libro, ha ido enardeciendo a este Triángulo de Gnurk.
Espero que ya sepáis qué libro/ebook regalar para estas fiestas; al fin y al cabo, no hay nada como regalar sueños.

Podéis encontrar el ebook en la web de Editorial Amarante o en amazon: http://editorialamarante.es/ebooks/ficha/el-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-i

Eladio Martín, para “Crítica de Libros”
Diciembre, 2013

 

DE LA UTOPÍA SOCIALISTA A LA REUNIFICACIÓN ALEMANA

Maquetaci?n 1   Eugen Ruge, En tiempos de luz menguante. Novela de una familia.

Traducción de Richard Gross,

Anagrama, Barcelona, 2013, 394 págs.

Encomiable esta novela de inspiración autobiográfica de Eugen Ruge (Sosva,     Urales, 1954) que, de modo parecido a La Torre, de Uwe Tellkamp –             publicada  también por Anagrama-, narra la evolución de la República Democrática  Alemana a través de cuatro generaciones de una saga familiar perteneciente a la nomenklatura. Partiendo de una historia que es la propia, Ruge arma con maestría la trama novelada de la que fue su vida y la de su familia, desde la emigración de los abuelos comunistas a México, su regreso para contribuir a la construcción de la nueva república alemana, hasta poco después de la caída del muro y la reunificación, ambientada ya en la nueva alemania, en la que crecerá el biznieto. El autor reúne a sus actores en escenarios idóneos para su fin, las fiestas familiares a las que asisten representantes gubernamentales, para mostrar la diferencia ideológica entre personajes y sobre todo entre generaciones. Medio siglo de historia desfila ante nuestros ojos: la construcción de la RDA, la huída de los hijos a Moscú, la deportación a un campo siberiano, la reestalinización, la perestroika y el final del sueño socialista.

Como avanza el título, que condensa bien el contenido, el lector asiste a la degradación del socialismo utópico, convertido en socialismo real, a través de los representantes de cada una de las cuatro generaciones. Sin embargo el autor no se debate con sus predecesores en un ajuste de cuentas. Lejos de afanarse en culpabilidades, aunque sin rehuir los naturales reproches políticos de los hijos a los padres, sabe dibujar con fino sentido del humor y distancia los defectos de sus personajes, consiguiendo una narración ecuánime y objetiva según el punto de vista de cada cual, al tiempo que muestra sin ira el trazo caricaturesco que tenían muchas actuaciones de la primera generación de adictos al régimen acólito de la Unión Soviética.

Si bien Ruge se integra a sí mismo en la ficción bajo la figura de Alexander Umnitzer –Sasha-, nacido como él en 1954 y como él emigrado al oeste en 1989, la narración no adopta como eje su punto de vista. Uno de los méritos de la novela es precisamente su arquitectura perspectivista, que no responde a un tiempo lineal, sino que organiza los capítulos saltando cronológicamente hacia delante y hacia atrás, sirviéndose para cada uno de un personaje central distinto.
Ruge, que a partir de 1989 se dedicó exclusivamente al teatro, hace gala de sus conocimientos dramatúrgicos, tanto en la organización escénica del material narrativo como en el virtuosismo que despliega en el dominio del estilo indirecto libre y de los diferentes registros que maneja en función de la edad y el carácter de sus protagonistas, estilo que vierte con muy buen arte al español la traducción de Richard Gross.

Cuando se publicó en su país de origen, en 2011, la novela ha sido merecedora del premio alemán de literatura más prestigioso, el Deutscher Buchpreis. Eugen Ruge, que acaba de publicar en su país su segunda novela, Cabo de Gata (Rowohlt), es autor de numerosas obras dramáticas para la escena y la radio, así como traductor especializado en Chéjov.

© Anna Rossell