UN EXPONENTE DEL REALISMO ALEMÁN

*
por Anna Rossell
*

Theodor Fontane, Jenny Treibel,
Traducción y notas de Constanza Pelechá Vela
Erasmus Ediciones, Barcelona, 2012, 198 págs.
*


Fontane (Neuruppin –alemania-, 1819- Berlín, 1898), autor clásico del realismo alemán -comparable a nuestro Leopoldo Alas-, que concebía la novela como una forma de retratar su tiempo, nos ha legado con su vastísima obra narrativa un documento vivo y matizado de los ambientes que él frecuentó y conoció bien: los de la nobleza de Brandemburgo y la burguesía berlinesa. Agudo observador y magistral narrador, autor de numerosísimas novelas y relatos, libros de viaje, poesías, biografías y dramas, así como de artículos periodísticos, su mirada escrutadora sabe dibujar con precisión personajes bien diferenciados que cobran vida con todos los repliegues de su carácter. Pero el ojo penetrante de Fontane no se limita a la mera descripción aséptica. La voz narradora se manifiesta distante y crítica y esta actitud confiere a sus textos el carácter de afinado retrato social de su tiempo, de la ya decadente nobleza –en «Effi Briest» (1896), por ejemplo, la novela que en justicia le dio fama internacional- y la pujante burguesía, caracterizada por una ausencia absoluta de identidad. Así Fontane, que como buen representante del realismo tiende a la narración neutral y desapasionada, aprovecha conscientemente la clara imposibilidad de este supuesto teórico para colar su finísima ironía en los matices y dejar sutil constancia de su posicionamiento.

Publicada tres años antes que «Effi Briest», su más afamada novela, «Frau Jenny Treibel» (1893), como reza el título original y que como tantas otras de sus novelas lleva sintomáticamente un nombre de mujer – «Grete Minde», «L’Adultera», «Cécile», «Stine», «Frau Jenny Treibel», «Effi Briest», «Mathilde Möhring»-, se despacha a gusto con la burguesía berlinesa contemporánea. Jenny Treibel, en torno a la cual gira la acción, es una mujer arribista de origen humilde que contrae matrimonio con el rico propietario de una fábrica de pigmento, del significativamente llamado azul de Prusia –también conocido como berlinés). Su ambición la lleva a olvidar sus orígenes y a hacer lo necesario para casar a sus dos hijos con el fin de escalar socialmente. Este objetivo, que conduce toda su vida, la lleva a comportarse contradictoriamente hasta tal punto que a menudo raya en el ridículo con sus supuestas aspiraciones de teatral espiritualidad idealista y su prosaico y material pragmatismo. Si bien la protagonista representa claramente para el autor el paradigma de la clase burguesa, de sus dardos envenenados no se salva (casi) nadie: también el potentado marido de Jenny, que en un principio presenta una cara más humana y coherente, persigue a su vez el ascenso social buscando escalar a toda costa en la política y cediendo sin resistencia a los propósitos casamenteros de su esposa.

Fontane hace distinción entre la burguesía adinerada y la intelectual en cuanto a los campos de interés y el modo de actuar de cada cual, reflejados magistralmente en los diálogos, pero esta distinción no le sirve a esta última para salir mejor parada, lo cual se refleja en algunos de los apellidos que Fontane elije para ella, claramente satirizantes e hilarantes. Frecuentes expresiones francesas e inglesas en boca de los personajes subrayan la hipocresía de una falsa erudición y la falta de una identidad propia en aras de un supuesto refinamiento social. Si alguien se salva de la quema es el profesor Schmidt, quien, con todo, está también inmerso en el ambiente y frecuenta tertulias literarias con sus poco deseables compañeros de profesión. Pero sobre todo la Señora Schmolke, el ama de llaves de éste, una mujer llana, directa y de buen corazón, la única que manifiesta un sentido común sin complicaciones en claro contraste con la sociedad que la rodea, de la que ella no forma parte. Muy útiles son las notas aclaratorias incorporadas por la traductora a pie de página, claves para conducir al lector por la historia cultural alemana del siglo XIX. Del autor están traducidos en España, además, «La adúltera», «Effi Briest», «El Stechlin», «La mujer y el amor», «Errores y extravíos», «Cécile», «Bajo el peral», «Grete Minde», «Irreversible», «Mathilde Möhring» y «La elección del capitán von Schach».

© Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com.es/

PORQUE SOMOS AÚN NUESTROS ANCESTROS

*
José Florencio Martínez,
Teseo no saldrá del laberinto
in-VERSO ediciones de poesía, Barcelona, 2012, 122 págs.
*

*
por Anna Rossell
*
“Seguimos siendo griegos”, afirma el autor de Teseo no saldrá del laberinto en su introducción. Y el bello poemario que nos ofrece es el reto que José Florencio Martínez (Trespaderne –Burgos- 1950) asume con el propósito de demostrarlo.
Dividido en tres partes –I De cuando los mitos, II Grecia clásica y III Grecia helenística-, la voz poética recorre los iconos más representativos de nuestros ancestros griegos para evocarlos y rendir agradecido homenaje a lo que el poeta considera, con George Steiner -uno de sus referentes-,” la génesis del ideal griego: entusiasmo por la verdad, hambre de conocimiento, pasión por la libertad”, que constituye aún hoy el sello identitario de Europa. Se alternan en el poemario, de ademán épico, la intención puramente descriptiva con otra más reflexiva y filosófica o la de solazarse en la belleza, cuando la mirada deja de ser contemplativa para devenir sensual y sexual. El autor, quien gusta del endecasílabo blanco y del soneto -aunque no exclusivamente, y siempre con cuidado exquisito de la musicalidad-, deja clara desde el primer momento su adscripción al código filosófico-literario borgiano –su segundo referente-, que introduce una distancia irónica en el poema entremezclando el registro estilístico arcaizante con otro postmoderno -incluyendo el inglés-, amalgama de clasicismo y contemporaneidad. Así hace recordar a la voz poética tiempos pasados: “Tenían, entonces, el tamaño justo / de un hombre las estatuas de los dioses. / Y vinimos nosotros deambulando / por los acantilados, las penínsulas, / […] / El tiempo era un caballo de papel / que perseguía la luna por el agua. / […] / En un claro del bosque recogimos / el legado del pájaro de fuego / y seguimos en la rueda del tiempo / por los barrancos y los tremedales. / A lo lejos siseaban las sirenas: / -‘Paradise now…, paradise now…’ y el eco / dispersaba en la fronda su señuelo. […].” (Congreso de máscaras). O bien invoca al dios: “Zeus, hijo de Cronos, / […] / y jefe del Olimpo, / pues por tus venas corre / toda la mala leche / de la cabra Amaltea / que te crió de niño / […] / ¡Deja esa mala baba / que acarrea tu rostro, / o emplea tu coraje / contra el mal y sus monstruos! / […], vete a echar un buen polvo con una ninfa golfa / […].” ( A Zeus, hijo de Cronos y Rea, desenfadadamente). La herencia griega se manifiesta en el fondo y en la forma, trasciende el espacio y el tiempo para fusionarse en texto de claro cuño borgiano: “Teseo: el laberinto se ha ensanchado. / Tu soledad también, al mismo tiempo / […]. / A las estrellas se abre la ventana / y puedes ver más lejos. Todo el cosmos / […]. / Más juntos y más gente conectando / su soledad alzada a las estrellas. […].” (El laberinto del ciberespacio). El impulso reflexivo gira en torno a eternas preguntas existenciales: “Continuamente te haces, contra el viento, / preguntas sin respuesta: ‘¿Dónde vamos? / ¿Qué somos? ¿Tiene arreglo la injusticia, / el dolor de ser hombre en el costado? // […].” (El silencio de la sirena), la inconsistencia de la actitud narcisista: “[…] / Búscate en otros ojos si no te hallas / en el vértigo azul de tu vacío. / […].” (Narciso), a lo efímero y fútil de la arrogancia, al paso del tiempo, que lo reduce todo a nada: se lamenta el yo poético en alusión a Píndaro: […] / Me creí semidiós e invulnerable / en tu círculo mágico asentado. / Y al colocarme la guirnalda ufana / y coronarme de laurel dijiste: ‘El hombre es sólo el sueño de una sombra’. / Y mi victoria corporal fue humo, / menos que la ceniza de los días. / […].” (Epinicio), a la sensualidad: “Por la entrepierna arriba te sube un ramo verde de luna / y, cuando tu desnudo pide una novia para sus nupcias, / entra en tu pecho el lento mascarón de proa / de Circe sonriendo entre la niebla. / Con sus orondas tetas te ama, te amamanta / -(la noche es una leche caliente de mujer)-, […].” (A favor de Circe), la loanza del poeta, capaz de captar tanta hermosura: “[…] / Catador de belleza, ya tus ojos / dibujan en la niebla la arboleda / y tu voz es silencio de poema. / […].” (El vate provecto escucha la voz del oráculo), la sublime y enigmática evocación de una escultura: “[…] Nunca descifraremos vuestro alado / reposo evanescente ni veremos / fuera de aquí cabezas capiteles / que así miren la tarde y la mañana.” (Cariátides), o el lenguaje: “Mimbres de la verdad son las palabras, / pero el agua en su cesto poco dura. / Resbalan las versiones de los verbos / en un arco iris de significados / […] / La belleza nos es dada en fragmentos, / en sucesión de rostros y vocablos; […].” (Trampas del logos II). Altamente recomendable este poemario, segundo que publica el nuevo sello editorial de in-VERSO, que nace con la clara vocación de acoger la mejor poesía.

© Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com.es/

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO »
TÍTULO=»PORQUE SOMOS AÚN NUESTROS ANCESTROS»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «PORQUE SOMOS AÚN NUESTROS ANCESTROS»

PDF

FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

HERMANN BROCH: UN ESPÍRITU ROMÁNTICO EN TIEMPOS DEL HOLOCAUSTO

*
Hermann Broch, En la mitad de la vida. Poesía Completa
Prólogo de Clara Janés. Traducción y epílogo de Montserrat Armas y Rafael-José Díaz. Editorial Igitur. Barcelona, 2007. 135 págs.

por Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com.es/
____________________________________________________________________
Cumple felicitar a la editorial Igitur por la apuesta filológica, filosófica y humanística que supone la publicación de la poesía completa de uno de los autores en lengua alemana del siglo XX que forman parte del canon literario occidental. El hecho de que estemos ante la primera traducción, a cualquier lengua, de los poemas que Hermann Broch (Viena 1886- New Haven –Connecticut-, 1951) escribió a lo largo de su vida –entre 1913 y 1949- infunde respeto y llama al propio tiempo la atención. Que el autor nunca concibiera estas composiciones como un conjunto destinado a formar una antología probablemente pueda servir de alguna explicación -los poemas fueron viendo la luz de manera esporádica en revistas de la época y sólo se publicaron después de la muerte de Broch en forma de libro dentro de su obra completa-. Sean cuales fueran las razones, lo cierto es que se trata de una verdadera primicia.
Quien aún no conozca a Hermann Broch y espere encontrar en este poemario una introducción al autor y a su obra probablemente sufra una decepción. La visión que ganamos de Broch a través de estos textos poéticos es en realidad parcial y puede llevar a engaño, pues lo esencial, que sí contienen, no da idea cabal de lo polifacético del autor. Si algo caracteriza la obra de Broch es su naturaleza críptica, la densidad y la dificultad, por lo que tiene de cifrada. Pero justamente por ello se hace más difícil de comprender y evaluar, si no es en su conjunto, la obra y el hombre. Por ello los estudiosos de Broch, que ya se hayan adentrado antes en las oscuras cifras de su literatura y conozcan las claves esenciales de su pensamiento encontrarán en este poemario un complemento enriquecedor. Nada define mejor a este autor judío vienés, matemático, psicólogo y filósofo de formación, que la idea de la totalidad y, en rigor, también ésta debe ser el criterio que se aplique al conocimiento de su obra. Él, que, heredero del más puro espíritu del primer romanticismo alemán -el de Friedrich Schlegel y Novalis-, creía que sólo el arte capaz de reproducir la totalidad del mundo es verdadero arte, convencido como los románticos de la capacidad del mito para condensar y representar esta totalidad y admirado precisamente por eso nada menos que por Hannah Arendt, ilustre pensadora de totalitarismos, apostó con su obra por lograr este objetivo. Ésta es la razón de que sus textos escapen a una definición genérica tradicional; lo que llamamos sus novelas, son en realidad un compendio de prosa poética, poesía, ensayo y filosofía; lo que llamamos sus ensayos, un ejercicio de profundo calado filosófico al tiempo que periodístico y sus poemas, composiciones metafísico-literarias, pura filosofía poética. Broch bebió directamente de la teoría de Schlegel que declara el arte como la forma más absoluta de la manifestación de lo espiritual, que identifica la tendencia a la metafísica con el impulso de la creación artística y apunta a lo infinito como la meta común que persiguen el arte y la filosofía. Al igual que Schlegel, también Broch reclamaba para su tiempo la recuperación del mito, cuya pérdida lamentaba como signo de la decadencia cultural de su tiempo y su obra refleja el empeño que puso en su recuperación, recogiendo en la práctica literaria el más genuino testigo de Novalis. De modo parecido a lo que evoca la obra del consagrado autor romántico, también la novela más emblemática de Broch, La muerte de Virgilio, que el autor empezó a escribir en el campo de concentración a donde le llevó la persecución nazi, es un conglomerado de prosa y poesía, a caballo entre la realidad y la alucinación, un texto denso y lingüísticamente complejo, de difícil lectura. Con todo, su tendencia a la metafísica no fue nunca una máscara para el escapismo; entre 1937 y 1938 abandonó sus proyectos literarios y trabajó activamente para frenar el auge del nazismo. En sus ensayos y novelas trató el tema del totalitarismo (La muerte de Virgilio), la decadencia de los valores culturales en alemania (Los sonámbulos; Espíritu y espíritu del tiempo), el ascenso del nazismo y la apatía política (Los inocentes) y el fenómeno de la sicología de masas relacionado con él (Sicología de masas; El hechizo, esta última inconclusa).

Los poemas que nos ocupan son el fiel reflejo de este espíritu que emana de toda su obra. Es mayoritariamente una poesía en la línea de la Naturlyrik, heredera también ella del espíritu romántico, que ya cultivaron incluso antes Goethe y Klopstock. Sus motivos se inspiran en los fenómenos naturales –paisajes, ambientes atmosféricos, el mundo animal y vegetal-, devienen cifras de altísima densidad metafórica. El volumen reúne, ordenados cronológicamente, los cincuenta y tres poemas que Broch escribió por sí mismos, que no forman parte de ninguna de sus obras. Esta ordenación facilita el seguimiento de la evolución del autor desde el punto de vista formal-literario y anímico-intelectual.
Emana de estas composiciones la firme convicción de aquella idea del verdadero arte como expresión de la totalidad del mundo, una fuerte pulsión hacia la unidad de todo con todo, la férrea voluntad de conciliar ciencia y metafísica, una obsesión romántica por la superación de la dualidad y el convencimiento de que la naturaleza es, en sí y por excelencia, la fuente de imágenes con mayor potencial simbólico, casi mítico. Se desprende de muchos de sus títulos: Misterio matemático, Sobre la peña escarpada, Tormenta nocturna, En el rostro ardiente de la Tierra, Paisaje, Prado de verano… O bien los más decididamente filosóficos: Cuatro sonetos sobre el problema metafísico del conocimiento de la realidad, De lo creativo, Ya que volvemos a encontrar el ayer…
Los poemas de Broch transportan una obsesión por superar la limitación del Yo, un ansia de aprehender lo absoluto en lo divino. Así en Maldición de lo relativo (Cuatro sonetos…): ¿Siento asombro? ¿Se asombra mi yo? / ¿De qué frontera vienes tú, / Pensamiento, ¡profundísima casualidad! / Me balanceo en el espacio de la muerte. O en el segundo soneto, Eros triste: De la dualidad de nuestra vida cotidiana ha de surgir / La unidad del todo, los esfuerzos más humanos / Y la espera sosegada en las jerarquías de Dios, / Que en el sentimiento quiere mostrarse presintiendo. La voz poética nos revela una tormentosa tensión entre el Yo y el Todo, su profunda inquietud por encontrarse a sí mismo para inmediatamente diluirse y fundirse en algo así como un magma universal: Y conociendo buscamos un Yo, siempre oculto, / Que sólo tiene el poder de borrar fronteras, […] // En él la unidad puede desplegarse en el todo / Y una dualidad formar el mundo de Dios… […] (Niveles del éxtasis). Se observa en el transcurso cronológico de los versos brochianos una especial sensibilidad por el paso del tiempo, la viva conciencia de la cualidad perecedera del ser humano, que infunde temor, en una variada y matizada palestra de registros: Paisaje que jamás encuentro / hasta que una última tarde arda / y la muerte, igual que un niño, / me lleve en su alma (Antes de que yo despertara). O bien: y ese miedo que invade al hombre cuando descubre / que grito y eco […] / es como algo regalado para siempre que de repente puede / extinguirse, y que él está solo (En la mitad de la vida). Y cada uno de ellos es una ponderada reflexión sobre lo esencial de la naturaleza humana: el amor, la creatividad, la fantasía, la vida. La edición tiene además el acierto, tan recomendable en poesía, de ser bilingüe, lo cual permite al lector no perder de vista el original. Tratándose de poemas tan crípticos como los de Broch no cabe duda de que la traducción representa un esfuerzo de titanes y valientes, y el resultado arroja, no tanto en el fondo como en la forma, un producto algo desigual.

© Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com.es/

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO »
TÍTULO=»HERMANN BROCH: UN ESPÍRITU ROMÁNTICO EN TIEMPOS DEL HOLOCAUSTO»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «HERMANN BROCH: UN ESPÍRITU ROMÁNTICO EN TIEMPOS DEL HOLOCAUSTO»

PDF

FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

LA NADA INMENSA

*
Más ligero que el aire.
Poesías morales

Hans Magnus Enzensberger,
Traducción y prólogo de
José Luis Reina Palazón,
La Poesía señor hidalgo. Barcelona 2002
ISBN: 84-95976-01-3
212 páginas. 18 euros

por Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com.es/
____________________________________________________________________

Emana de todos y cada uno de los poemas del último libro de poesía del autor alemán Hans Magnus Enzensberger (Kaufbeuren, Baviera, 1929) un hondo malestar, un profundo dolor del mundo que no deja entrever siquiera un hálito de esperanza. Fiel a la coherencia que le caracteriza, autor comprometido con su tiempo, Enzensberger prosigue con la línea poética a la que se adscribió con contundencia ya desde su primera publicación lírica (defensa de los lobos, 1957) y que ha mantenido sin fisuras a lo largo de toda su trayectoria como escritor: decir lo políticamente incorrecto cuando sólo se quiere oír lo políticamente correcto, poner al descubierto lo que interesadamente se encubre, nombrar lo que el pudor hipócrita califica de innombrable, sea cual sea el color que ostente quien practica la hipocresía. Enormemente polifacético en su producción literaria, Enzensberger ha cultivado todos los géneros -desde la novela documental y el teatro, hasta el reportaje, el ensayo y la poesía- y en todos ellos ha sido la voz oportunamente importuna. Su poesía es, en este sentido, una herramienta más con la que practica la crítica y denuncia el mal estado de cosas social. Pero es justamente esta herramienta la que, con el ensayo, el autor maneja con más precisión y maestría, aplicando a menudo el juego tan suyo de la dialéctica tanto a la palabra como a la construcción de la estructura de los poemas, genial deudor fecundo de Brecht. Más ligero que el aire es sobre todo, otra vez, esta insobornable y lúcida mirada hacia el mundo, una mirada, que dice implacable lo que ve, aunque lo que ve sea obsceno (y que lo dice precisamente porque es obsceno), pero el libro es también, y al mismo tiempo, el testimonio de una experiencia vital que sabe y reconoce la razón de la armonía y de la felicidad humanas en el supremo valor de lo sencillo, de lo personalmente íntimo, de un momento efímero, de lo ligero. Claro que, en este mundo, lo ligero no pesa, cuenta poco. De ahí que predomine de modo casi absoluto la crónica de su malestar e intervenga sólo como excepcional contrapunto la de lo positivo, de ahí que el diagnóstico sea el de una enfermedad incurable con desenlace previsiblemente fatal.

Más ligero que el aire, publicado en alemania en su versión original en 1999 por la editorial Suhrkamp, y ahora en España por La Poesía, señor hidalgo, alterna el tono objetivo y distanciado del observador crítico con otro de registro más cercano e intimista: la voz poética describe un estado de cosas gravemente enfermo y detecta los síntomas del mal, o adopta una actitud más reflexiva, que estudia sus causas, mostrando la etiología de la evolución negativa del mundo desde dentro, desde la propia experiencia sensible y herida de la voz poética. Ya a finales de los años 70 Enzensberger cargaba, con la furiosa contundencia del desencantado, contra el hundimiento del proyecto utópico de un mundo más justo defendido por la izquierda, pero se percibía en esta etapa, de un modo elíptico, precisamente en la virulencia del ataque, una reclamación exigente de otro mundo. En su último poemario, esta reclamación pierde fuerza -si bien aún está presente en la medida en que ejerce la denuncia desenmascarando las perversiones del poder, la hipocresía social y la peligrosa comodidad de las actitudes escapistas- y cede al sentimiento de seguridad de la catástrofe (La tierra ha envejecido. / […] / La nada es inmensa). Sin embargo, a pesar de ello y de que la voz poética asegura que no se divisa ningún fin en esta desarmonía preestablecida, no hay en los poemas ni un asomo de conformismo, no hay resignación, ni el cinismo de quien no salva nada: Enzensberger usa con magistral y significativa inteligencia el mordaz sarcasmo para ejercer la crítica implacable de quien quiere señalar el mal con dedo acusador para erradicarlo, practica el juego dialéctico para poner al descubierto la contradicción y la mentira y da muestras de una inmensa sensibilidad para ensalzar los valores esenciales: lo discreto, lo sencillo, lo tierno, lo poético, lo ligero.

Hay en la acusación de la voz poética una resuelta denuncia de la violencia del capitalismo en la variación temática con que aborda sus manifestaciones más gravemente flagrantes, la denuncia de una sociedad donde la convivencia humana se ha hecho sinónimo de feria y de mercado porque todo, absolutamente todo, se compra y se vende, donde se encuentran con habitual y escandalosa normalidad la desesperación y la miseria con la opulencia bienestante y la aparente tranquilidad de la vida cotidiana (Cancioncilla optimista // Ocurre aquí y allá / que uno grita: ¡ayuda! / Ya salta otro al agua, / totalmente gratis. // En medio del capitalismo más hinchado, / aparece el brillante servicio de bomberos / por la esquina y apaga, / o en el sombrero / del mendigo hay plata de repente. // Por la mañana están llenas las calles / de personas […] / van de acá para allá […] // Como en la paz más profunda. // Un panorama fantástico). La guerra se organiza en cualquier parte, subrepticiamente, obedeciendo al dictado de los intereses económicos de siempre; pero también la emprende cualquiera, por cualquier razón banal, por un capricho (En el cuarto de atrás de la cervecería, / en la guardería infantil; la Academia / de las ciencias la empolla; / […] especialmente de noche, a causa de los campos de / petróleo; / […] / a causa del partido de fútbol perdido; / […] por diversión […] / y porque no se nos ocurre algo mejor). Todo el mundo anda implicado en la locura: imperturbables, y a pesar del malestar personal que delata nuestra inquietud, la acallamos intentando reponer en el refugio artificiosamente regenerador de los gimnasios la falta de salud que reina fuera (Encuestas han mostrado que el 56% de todas las almas / que se agachan anónimas en sus aparatos de fitness / sufren psoriasis), nos lanzamos con desesperación a los viajes en busca de paisajes naturales, huyendo del asfalto de nuestra propia creación, o creamos ídolos de pop a quienes adorar, cuando los Dioses están en paro, mientras huele a crash de bolsa y las autoridades responsables declaran con alarmante falta de responsabilidad que no hay peligro alguno para la población. La demencia se ha globalizado a ritmo trepidante, sostenida por la tecnología más sofisticada, en un mundo donde, a pesar de ello, y precisamente por ello, persiste la miseria, aun agravada, en aparente contradicción con el avance tecnológico (Coches-bomba cruzan, mujeres de catálogo / de venta por correspondencia aterrizan, / se mueven cuentas por vía satélite. / […] / Sólo de vez en cuando al borde de la calle / yace un mendigo que no se mueve). A la vista de este panorama, se afirma con contundencia y zahiriente ironía que ni los inventos ni la ciencia han contribuido, en general, al progreso de la humanidad (¡Cómo se esfuerzan / esos ratones de laboratorio con la clonación! / Mucho mejor es follar. / ¡Y el diente de león sobre todo, / cómo se lo monta: graciosa, / insuperable elegancia! / Nunca en la vida, / queridos premios Nobel, / reconocedlo, / habríais inventado nada así). Inventores y científicos han invertido tiempo y esfuerzos en descubrimientos inútiles o se han vendido interesadamente al poder de turno. Sin embargo, no hay en los versos de este poemario una intención moralizante, apenas son una advertencia, sino más bien la lamentable constatación de que el hombre no quiere aprender de las enseñanzas de la historia ni de avisos clarividentes. En la comparación que el autor establece entre el antiguo mito de Casandra, la hija del rey troyano por todos desoída, que predijo la destrucción de su orgullosa ciudad en la guerra contra Grecia, y la actualidad, Enzensberger construye la metáfora de un mundo que camina hacia su autodestrucción, haciendo caso omiso de los repetidos avisos premonitorios que oye (Pobre Casandra // Ella era la única que lo veía venir, / ella sola: todo esto, decía, / terminará mal. Naturalmente / no la ha creído nadie. / […] / Pero / desde entonces lo dicen todos: […] / Hasta entonces naturalmente nadie / cree lo que dicen todos. / Basta una mirada a los segundos coches, / las terrazas de las cervecerías y los anuncios / matrimoniales). Por supuesto la crítica alcanza también al hombre corriente, a la mayoría, el eterno cómplice que, por omisión y escapismo, escudándose en las frases hechas de los proverbios de almanaque (El poder es obsceno. / Lo que alegra a la ira. / Nubes son algo bello. / Dormir es cosa linda. // Se hace lo que se puede), o con en el manido pretexto de que no se puede abarcar todo (División del trabajo), se ocupa únicamente de lo que dice afectarle, ignorando conscientemente lo que sabe que también le afecta aun en mayor medida (La mayoría / tiene unas preocupaciones muy distintas, / se atienen imperturbables / a sus niños y a sus seguros de enfermedad, / polvo, pelas, pop, deporte). Este panorama perturbador se manifiesta en la conciencia del hombre sensible como una amenaza amorfa de origen inconcreto, que va infiltrándose poco a poco en su interior y acaba por poseer todos los rincones de su cuerpo (¿Qué puede ser lo que gotea / y gotea? Hay un zumbido técnico / en el hormigón, algo líquido / […], cruje en el oído, / en las articulaciones, suave jadea / el aire en tus pulmones, / corrientes crepitan en el pelo, fantasmales, [ …] ). El mal invade los últimos rincones de su intimidad (No vayas al cuarto de baño, si no / sale debajo del esmalte blanco / algo agamuzado e imparable, / […] // No abras el frigorífico, si no […] / No, huye de casa, ve) y lo llena de ansiedad cuando la madrugada ya anuncia el nuevo día, que le infunde profundo temor y desasosiego, a pesar del sopor en que se hallan sumidos sus sentidos, amortiguados aún por el sueño nocturno (Pensamientos perdidos cuando la frente / del mundo en la blanca toalla se embucha. / El aire se respira afelpado, la mente / muy húmeda, medio oído que escucha, // […] // Hasta que el día su ojo azul dispare, / […] / hasta que todo delire y rompa y pare / como siempre: bello, normal, ¡Dios mío!).
Contiene también este último poemario de Enzensberger una reflexión sobre el arte que se centra especialmente en la creación con las palabras y en la capacidad del lenguaje para la mentira. Con ironía dialéctica, la voz poética declara, a golpe de decreto, que el arte es libre, y a golpe de decreto enumera, a renglón seguido, una tras otra, las obligaciones del artista. El escritor hace una demostración práctica de la manipulación lingüística ejecutando un hábil ejercicio de vacíos juegos malabares (Esta poesía comienza con las palabras: / retiro lo dicho, o mejor / con otras palabras, expresado de otro modo, / mejor dicho: revoco todo / lo que he dicho hasta ahora, p. ej. / esta frase que comienza con las palabras: / “Revoco todo lo que he dicho hasta ahora, p. ej. / esta frase que comienza con las palabras…” / y así sucesivamente), al tiempo que reivindica la autenticidad del silencio como parte relevante del lenguaje (Mucho no decir / o con palabras que nada dicen / decir mucho. / O callarse para decir mucho). El silencio significativo, la actitud discreta, casi imperceptible, pero manifiesta y decidida, la íntima felicidad sentida ante la contemplación de la belleza menuda del fruto de un castaño ([…] bayas / de verdes estrellas matinales […] // brillo y esmalte, enigmáticos y veteados, / de un ombligo gris argénteo tocados, // y tú te inclinas y simplemente vas a coger lo que nadie puede comprar y todos tener, // el pequeño, perfecto regalo brillante), éstas son las cualidades que la voz poética propone como valores de un anhelado contramundo en el que elogia precisamente la utilidad de lo aparentemente inútil, feo o molesto (Tú molestas, quitanieves de reja, / [ …] / Durante meses enmoheciéndote así, / en el calor, en la lluvia, inútil, / esperas mudo al borde de la calle, / hasta que el momento llega / en que te llaman). Elogio de lo que pesa poco, que es Más ligero que el aire.
Lejos de moralizar, las Poesías morales de Enzensberger remiten con lúcida ironía a la inmoralidad en la amplia gama de manifestaciones que ésta adopta en el llamado “mundo civilizado”. El autor hace gala de un extraordinario dominio de la forma poética -en los juegos léxicos y en la estructura- que lamentablemente a menudo no se refleja en la traducción de José Luis Reina, cuyo prólogo, en cambio, sirve como orientadora introducción y recoge con el acierto del lector sensible el espíritu de los poemas. Hans Magnus Enzensberger trabaja con una rica variación de estilos y ritmos, poesía rimada y no rimada, cancioncilla de tono popular o versos de rima ingenua a modo de proverbios de almanaque, de los que se sirve con asombrosa agilidad para parodiar, ironizar o simplemente afirmar.
La Poesía señor hidalgo, que se propone la difusión de la obra de los poetas clásicos del siglo XX de todas las culturas, ha empezado con muy buen pie su andadura al publicar el último poemario de este gran autor alemán, que ha recibido este año el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Es de celebrar la edición bilingüe de los textos, que es esencial por la especial dificultad que implica la traducción de poesía, en tanto que hace posible la comparación con el original cuando la versión al español resulta torpe o no sale suficientemente airosa. Enzensberger se ha hecho más que nadie merecedor de este galardón, que valora a la par dos aspectos en los que este escritor ha destacado con elogiable versatilidad, tanto por el amplio registro de géneros que abarca su producción literaria, como por su tarea de difusor del pensamiento verdaderamente comprometido: como traductor al alemán de Vallejo y Alberti, como ensayista, crítico, profesor de literatura y editor, ha contribuido decisivamente, en el pasado -con la fundación en 1965 de la revista Kursbuch-, y contribuye en la actualidad -con la colección Die Andere Bibliothek, de la editorial Eichborn-, a marcar la trayectoria cultural de su país. Cumple felicitarse por la intención que anuncia la editorial de publicar, libro a libro, su poesía completa.

© Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com.es/

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO »
TÍTULO=»LA NADA INMENSA»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «LA NADA INMENSA»

PDF

FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

LA NOSTALGIA ETERNA COMO IDEAL POÉTICO

*
Felipe Sérvulo, La niña de la colina
Prólogo de Enrique Badosa
In-Verso Ediciones de poesía, Barcelona, 2012, 62 págs.

*

 

 

 

 

 

 

 

por Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com.es/

*

Un regalo este nuevo poemario de Felipe Sérvulo y también la noticia de la creación del nuevo sello editorial que lo publica, que dirige Amalia Sanchís, dedicado exclusivamente al género. La intención de Sanchís de dar acogida en in-Verso a la poesía de calidad se cumple con el primer poemario que publica, el último de Felipe Sérvulo, La niña de la colina, que, siguiendo su habitual trayectoria, mantiene el listón al nivel al que nos tiene acostumbrados.
La de Sérvulo es sin duda poesía amorosa. Sin embargo el epíteto, que se ha ganado a pulso las reservas de muchos lectores, recupera en este caso la inocencia de sus orígenes. Felipe Sérvulo es poeta elegíaco por excelencia, escribe sobre el dolor de la ausencia, es escritor de la nostalgia. En este sentido es heredero directo de la más pura actitud romántica, actualizada. Lejos de cualquier floritura lingüística, Sérvulo cultiva un lenguaje sencillo, pero nada simple, que devuelve a la palabra humilde la profundidad significativa que tiene cuando se usa con honradez, precisión y renovada frescura. Su poesía se lee con la fluida naturalidad que sólo consiguen los maestros de calado y reconcilia con el género, tan a menudo maltratado por la artificiosa afectación petulante de quien equipara lo ininteligible a la aptitud.

Los poemas de Felipe Sérvulo evocan a menudo la expresión de las fotografías antiguas de algunas mujeres, el sugestivo misterio de su mirada, y de la contemplación de estos retratos parece que se nutra el autor para escribir. Su blog Inventario de silencios – http://inventariodesilencios.blogspot.com.es/-, en el que da fe de su afición al coleccionismo fotográfico, así parece sugerirlo. Si bien de modo diferente, la escritura del poeta bebe como la de Winfried Georg Sebald o Alexander Kluge en otros géneros literarios, de lo que Barthes ha llamado el punctum de una fotografía, de aquel detalle que atrae la atención de quien la contempla en una clave íntima y personal, que deviene algo proustiano: “Percibo el cansancio en tu mirada / y tus párpados llevan / el íntimo secreto de tantos domingos / domados por la vida” (Son como la propia floración), “En tu pequeño escritorio / encuentro fotos oscurecidas // Parecen fotos de muertos / […] // Tantos ojos que me observan // Yo les aparto la mirada / y les digo que la vida es eso: / una ilusión” (El gato maúlla). O bien: “Como un regalo inesperado, / entre las páginas de un libro, iluminan / una carta y una foto: ‘María, / queridísima e inolvidable María’ // […] / María’: ojos grandes / y hoyuelo en la barbilla, / guapa, sin más alhajas. / Boca sin besos. / Ecos lejanos que duermen. // […]” (María). La voz poética es puro lamento de anhelo inalcanzado, en cualquiera de sus variantes, a menudo una ensoñación lejana, nunca cumplida: “Caminas por el infinito / mar de los sueños, / donde brota la aguamiel / para los labios / […]” (Mechas de oro viejo), pero también el plañido del desamor: “Ya sabes que no hay perdón / para el olvido. Nos deja / en los confines de un mar inmenso / que no tiene desenlace. // […] somos náufragos sin faro / […]” (Náufragos), o por la distancia espiritual de los amantes: “[…] pero, en ciertas tardes, tú / caminas a lugares lejanos. / Lo veo en el exclusivo / brillo de tus ojos. // Y te vuelves península, / porque tu mente –eso pienso- / se ha ido a la ciudad / de los corzos. // […]” (Tu cuerpo como península). O la indiferencia: “Tu mirada es un paisaje / donde no me reconozco. // […]” (Una pareja se besa). El amor es para la voz poética sinónimo de vida, un estado casi místico, que anula los destructores efectos del tiempo: “[…] // La niña se pudre de pena / en la colina. / […] // Si sé de ti, me vuelvo / casi joven. // ¿Adónde vas con la boca / encendida de musgo? / […] / ¿Por qué me dejas / tan temprano? // […]” (Nos reímos tanto).
Altamente recomendable este volumen, preclaro heredero de la mejor poesía española. Del autor, galardonado entre otros con los premios de poesía Blas Infante (1986, 1987, 1988), Sant Jordi (1986, 1987), Salvador Espriu (1992) y Ciudad de Ponferrada (1997) y finalista en otros tantos, se han publicado, además, Hasta el límite de las violetas (Ed. La Mano en el Cajón, 1995), Las noches del Sur (Diputación Provincial de Jaén, 1996), Casi la misma luz (Tágilis Ediciones, 1999). Cartografía de la materia (Diputación Provincial de Jaén, 2005).

© Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com.es/

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO »
TÍTULO=»LA NOSTALGIA ETERNA COMO IDEAL POÉTICO»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «LA NOSTALGIA ETERNA COMO IDEAL POÉTICO»

PDF

FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI