CON LA MUERTE A CUESTAS (Gabriela Urrutibehety)

Tapa Con la muerte chica

Gabriela Urrutibehety (2014) Con la muerte a cuestas. Letra Sudaca Ediciones

Un pueblo sobre la costa marítima de Buenos Aires, una pequeña historia que nadie quiere contar pero de la que muchos hablan en voz baja, fragmentos de una tragedia antigua, restos de un naufragio existencial que la arena y el tiempo no acaban de cubrir. San Augusto no es mucho más que el vacío que deja la breve marea del turismo veraniego al retirarse, un escenario donde los inviernos duran demasiado y los fantasmas regresan. Raúl Marelli tal vez se haya convertido en uno de esos fantasmas, mucho antes de ser el protagonista de una historia que nadie quiere contar. Raro, porque esa historia deambula entre diversos narradores que la autora recopila y reproduce con la levedad de un dibujo sobre el cristal empañado. Así, el secuestro y desaparición de la hija mayor de Marelli, Tencha, los viajes semanales de su madre a Buenos Aires, para marchar con otras madres alrededor de una pirámide que se yergue sobre otros silencios, la pasividad del padre, su resignada espera, conforman la historia que una anciana postrada en su casa necesita contar entera, antes de morir. Sin embargo, y lo aclara la delicada voz narrativa que enhebra esta novela, la verdad es un señuelo, no revela nada que otros no sepan aunque aprendieran a callar. Lejos de actuar como golpes de puño sobre el cristal empañado, la maestría narrativa de Gabriela Urrutibehety posa una mano suave pero implacable sobre los dibujos del invierno, difuminándolos en la inocencia feroz de Inés, que sueña con su ausente hermana Tencha, que ríe cuando imagina a su padre abriendo puertas a la libertad de sus pájaros de papel. Si tuviera que definir a “La larga muerte de Raúl Marelli”, diría que es una historia que se cuenta en sus silencios. Pocas veces, sin embargo, tendrá el lector otra oportunidad de disfrutar con cada palabra escrita, con cada movimiento de un texto escrito como una partitura: musical, intenso, inolvidable.

 

(del prólogo de Guillermo Orsi)

La playa de los ahogados_Domingo Villar

La playa de los ahogados_Domingo Villar¿Quién mejor que un gallego para desquiciar a cualquier otro que no lo sea?.  Tal vez sobre eso sepa mucho Rafael Estévez, ayudante del comisario Leo Caldas, quien pese a los vanos intentos que realiza, es incapaz de entender el modo de ver la vida y, sobre todo, de dar respuestas, que tienen estos habitantes del noroeste de España.

Una muerte marca el comienzo de esta novela que se desarrolla en las Rias Bajas, en Vigo más concretamente. El cadáver de un pescador que el mar traerá a la playa, que devolverá de su gran estómago, será el  inicio de una serie de pesquisas que llevarán a la resolución del caso.

La difícil relación del hombre con sus congéneres en un mundo rural donde el código de honor entre los hombres del mar, la palabra dada y la hombría – en su mejor sentido – , valían más que cualquier otra cosa.

La trama no se complica demasiado, aunque siendo gallegos quienes dan las respuestas, nunca se sabe por dónde va a transcurrir la investigación. Estévez, desbordado, tendrá que ir aprendiendo poco a poco a entender la manera de expresarse y de pensar  de esas gentes.

El comisario Leo Caldas, más curtido en las relaciones con sus paisanos, irá dando los pasos necesarios para resolver el asesinato, a la vez que desgrana la relación que mantiene con su padre.

Temas recurrentes para un autor que desarrolla su obra a la vera del Atlántico, en ese lugar en el que, algunos creyeron, se ubicó el paraíso: mar, muerte, aceptación o fatalidad y sorna.

Lleno de humor, del humor gallego, que tanto viene como va y lo mismo sube que baja, sin dejar nunca de estar en el mismo lugar; un libro que también nos habla de muerte, que en esta región esquinada de la península se asume como una parte más del camino, cotidiana y sin estridencias.

Si eres gallego o gallega, te identificarás; si no lo eres pasarás un rato entretenido y, para todos,  os hará sonreir un curioso Libro de idiotas.

La deuda de Dancer, de John Lutz

La deuda de Dancer

La deuda de Dancer

Cayó esta novela policiaca en mis manos por pura casualidad, como suelen caer las buenas novelas, y también las malas, según pude comprobar más tarde…

Cuando empezamos a leer la deuda de Dancer, de John Lutz, no sabemos a quién le va peor, si al detective que recibe el encargo de investigar las deudas de un tipo al que han amenazado, o al propio tipo, que sale malparado de un par de encuentros con matones. Luego, con el tiempo, nos iremos enterando de que en el fondo se trata de una pregunta que carece de importancia, porque ni el uno ni el  otro es capaz de suscitarnos mayor interés.

La novela se basa en una idea bastante interesante, justo la que no debo contar, pero su desarrollo es un paseo dominical por todos los caminos trillados imaginables, mientras el lector va saludando, sombrero en mano, a un montón de arquetipos, situaciones y mecanismo demasiado vistos ya.

La novela encuentra su redención en algunas buenas frases que el autor va dejando caer a un lado y a otro, como si se olvidara de pronto de que está escribiendo una novela de mierda y se le escapasen toques de calidad que lo delataran como un escritor con posibilidades.

La deuda de Dancer es una historia más, otra , de un tipo borrachín y jugador que tiene una novia maravillosa y bellísima que lo adora y que hace lo imposible por ayudarle. Unamos a eso que el tal Dancer  tiene fobias que le quedaron de Vietnam, que el detective es pobre como una rata y amigo de un jefazo de la policía y verán que el autor tiene que ser muy convincente a veces para conseguir, con semejantes mimbres, que me haya acabado la novela.

Como dije, la idea central y la resolución, tienen un pasar. La conclusión es floja. La novela vale lo que cuesta si, como yo, se compra por dos euros. Si no, malamente.

Los suicidas asesinados (Howard Engel)

Los suicidas asesinados

Cuando empiezas una novela porque te han dicho en la introducción que se trata de uno de los mejores exponentes de la novela negra netamente canadiense, no es que esperes encontrarte con la obra de tu vida, pero crees que vas a pasar un buen rato, aunque sólo sea porque en el peor de los casos, o en el mejor, se tratará de una imitación de la novela negra británica o la novela estadounidense.

En este caso, la verdad, las cosas sucedieron de otro modo. Por un lado, Howard Engel tiene pinta de ser mucho mejor escritor que la mayoría de los que uno lee pos simple curiosidad. Por otro lado, la traducción es tan mala, tan horrenda, tan llena de sinsentidos, traducciones directas, frases cortadas y estupideces en general que sólo una obra de verdadero empaque puede soportar semejante atentado sin desmoronarse por completo a las veinte páginas. No suelo hacer esto nunca, pero esta es una magnífica ocasión para la excepción: el autor de la masacre fue Jorge de Lorbar. Que se sepa.

Desquitado ya, según mis escasas posibilidades, de los malos ratos que me ha hecho pasar el traductor, debo decir que la novela contiene una serie de ideas interesantes, está escrita con humor e ironía, y que el protagonista wes el típico perdedor que tanto gusta a la novela de medio pelo, con la particularidad de que en este caso no consigue conectar con el lector, o al menos no conmigo.

La trama no carece de interés: una mujer contrata a un detective para saber a dónde va su marido a ciertas horas, ya que recibe toda clase de explicaciones y ha constatado que son todas falsas. El detective, que malvive con casos de infidelidad, acepta de inmediato para enterarse que el esposo no tiene una querida, sino simplemente un psiquiatra, lo que hace comprensible que prefiera no hablar del asunto a su mujer.

Hasta ahí todo sería normal si el buen hombre no apareciera muerto al día siguiente, en un caso que la policía considera claramente un suicidio y que el detective prefiere no cerrar porque vio comprar al hombre una bicicleta ese mismo día y según él nadie se suicida justo después de comprarse una bicicleta.

Sobre tan ligera corazonada, cargada aún así de psicología humana, se va desenvolviendo el asunto, con varios detalles similares, igualmente tenues e igualmente sagaces, hasta un desenlace a medio camino entre lo previsible, lo romántico y lo tremendo.

La novela tiene que ser bastante buena en inglés. O muy buena incluso. La edición que nos ha traído Júcar hace desear que la hubiesen dejado en Canadá. Si alguien saber de otra edición, la recomiendo.

 

Los perros de Riga_Henning Mankell

Dos cadáveres dentro de un bote salvavidas – curiosa ironía -, aparecen frente a la costa de Estocolmo.

Así da comienzo la historia que narra esta novela, en la que se verán envueltos el Comisario Kurt Wallander y el Mayor Karlis Liepa.

A partir de este hallazgo, el Comisario Wallander, de nacionalidad sueca, será el encargado del caso y se verá arrastrado por una serie de acontecimientos que van más allá de sus fronteras. En el desarrollo de sus investigaciones coincidirá con el Mayor Liepa, con el que traba una breve pero profunda amistad. De vuelta a Letonia, país de origen del Mayor Liepa, este es asesinado.

Wallander se desplaza, entonces, a Riga, donde se desarrolla la mayor parte de la trama. Será allí donde se descubra en su propia soledad, donde se cuestione el sentido de la vida, donde reconozca los síntomas de un nuevo enamoramiento y donde sus convicciones y principios comenzarán a tambalearse.

Paralela a la trama policíaca, sin grandes logros literarios, se esconde el planteamiento de cuestiones político-sociales. El autor busca apuntar, que no profundizar, sobre temas tan espinosos como el control del Estado o la conculcación de los derechos civiles en las antiguas repúblicas soviéticas.

Entretenido y de fácil lectura.

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