CINCELANDO LA PALABRA

*

CINCELANDO LA PALABRA  

Mapa de costas

Marcelo Díaz García

Huerga & Fierro Editores, Madrid, 2011, 60 págs.

*

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*

por Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com/

*

Nada que se diga sobre un texto literario sustituye el propio texto literario, nada de lo que se diga sobre un autor suple el conocimiento directo del autor. Si ésta es una afirmación válida en general, lo es mucho más en el caso de escritores cuya trayectoria se marca como objetivo depurar el lenguaje poético destilándolo gota a gota -poemario a poemario- hasta llegar al núcleo, a lo esencial del verbo, devenido entonces metáfora potente. El autor habrá tejido así un tupido entramado de símbolos que, despojados de la palabra y la sintaxis supérfluas, condensan lo significativo de forma centrípeta y conforman un mundo que, si bien se nutre de referentes universales, el poeta sabe moldear y hacer suyo para expresar su propio universo en la clave más íntima y personal. Corresponde entonces a cada lector adentrarse en la trama metafórica de esta poesía para establecer subjetivamente en cada momento el significado que corresponde a cada imagen, un significado que cambia, se renueva y hasta se transforma con cada nuevo contexto hasta llegar incluso a subvertirse.

Creo que el epíteto que mejor caracteriza el estilo poético de Marcelo Díaz es el de críptico, etimología que remite a lo oculto, a lo oscuro, a lo encubierto que habrá de descubrir el lector por sí mismo, estableciendo el sentido a partir de la observación de las recurrencias metafóricas, descifrándolo en sus distintos contextos y echando mano de su personal bagaje asociativo cultural y emocional. Porque el lenguaje poético que despliega Marcelo Díaz reclama el aprendizaje de su código. Marcelo Díaz no es un poeta al que podamos conocer leyendo de él unos poemas aislados; para conocerlo deberemos leer su poemario completo. Sus claves pueblan la obra entera con ademán absoluto, conforman un todo, un poemario suyo es el documento que encierra en sí mismo el código secreto para acceder a él. Como sucede con otros grandes poetas, ya consagrados, como Gottfried Benn o Paul Celan, el significado de su verbo no está fuera, se crea a partir de la inusitada circunstancia de la lengua del poemario, que se hace así de nuevo.

Definir la poesía de Marcelo Díaz y acercarla a los lectores con palabras cotidianas sólo puede quedar en un intento. Las palabras se transforman con su pluma en otra cosa, exigen al lector trabajo duro. Sin embargo el título de su último poemario, «Mapa de costas», es diáfano y directo. «Mapa de costas» no lleva a equívoco, sugiere claramente la intención del autor -viajero navegante sin perder de vista tierra firme-, que en su periplo vital explora el litoral para diseñar el plano que sirva de orientación a sí mismo y a otros. Esta gran metáfora es la que subyace en todo el poemario. Así, cada poema es el dibujo de un accidente avistado en la distancia, la circunstancia que acompaña y condiciona al viajero, que anota en su bitácora las incidencias y vicisitudes del viaje, registradas con la exactitud y la profundidad del alma de un poeta explorador de la geografía de la vida y de la condición humana.

A partir de este supuesto, Marcelo Díaz crea un lenguaje poético-metafórico envolvente, que se mueve en este campo semántico de modo recurrente. Pero el poeta no nos lo pone fácil; la recurrencia y sus variaciones no equivalen a sinónimo; cada reiteración convoca en su contexto un significado nuevo o renovado, y al lector corresponde desentrañar su sentido en cada caso. Marcelo Díaz desarrolla un estilo léxicamente reduccionista que es inversamente proporcional a la riqueza metafórica que despliega por la fecundidad y frondosidad de su polisemia, aprovechando incluso la ambigüedad sintáctica.

Así sus claves simbólicas se mueven con insistencia por el campo semántico de la frontera y sus variaciones: ‘linde’, ‘orilla’, ‘costa’, ‘horizonte’, ‘la utopía’, ‘el beso’, ‘el dintel’, ‘vínculo’, ‘ahí’, ‘al otro lado’, ‘en aquel lado’…; o bien sugieren el contraste ‘claro-oscuro’: ‘noche’, ‘sombra’, ‘día’, ‘luz’ y otros campos semánticos asociativos colindantes: ‘miedo’, ‘misterio’, ‘secreto’, ‘niebla’, ‘bruma’, ‘lo encubierto’, ‘el deseo’, ‘la muerte’, ‘el viaje’; o remiten al elemento que ya anuncia el título, al ‘agua’: ‘mar’, ‘río’, ‘manantial’, ‘lluvia’, ‘savia’, ‘vida’, tiempo o a los eternos acompañantes del viajero en el mar, eterno Ulises: ‘cielo’, ‘estrellas’, ‘nubes’, ‘aire’, ‘viento’, ‘el Sol’, ‘la Luna’, ‘los dioses’. Y aun otras más difícilmente agrupables en un conjunto: ‘la videncia’, ‘el dolor’, ‘andamio’,
‘ángulo’, ‘vértice’, ‘arruga’, ‘manos’, ‘pozo’, ‘palabra’, ‘alfabeto’, ‘deseo’,’ labio’, ‘flor’, ‘adelfa’,  o colores (‘magenta’, ‘cobalto’, ‘añil’…), ‘espejo’, ‘sueño’, ‘el Hombre’…  .

Y es el Hombre, con inicial mayúscula, el terreno que explora el poeta -el Hombre y su circunstancia-. El poeta indaga cuál es su naturaleza y cómo se percibe a si mismo: una vida más que transcurre y pasa, que cumple el ciclo vital imparable de la creación: «Este líquido rumor indetenible / es el censo de los ojos que lo miran y lo vieron. / Ni presagia el mar. / Es agua este río / que llama a la vida alzando las casas y los árboles, / […]. / Boga en ruta irregresable su
cuerpo, / sin pétalo barca que lo vuelva la chorro de su fuente. / Pero el ciclo de la nube, / […], / aguarda el peso para volverse lluvia. / […]. // […]. / Pero habito el agua y la bebo y soy agua. // Quizás siempre es así en los ovillos de los ciclos». (poema 23).

Una idea de cumplimiento de la historia que remite al destino inexorable, ajeno a
la voluntad del ser humano: «No sé la hora de las cosas que se cumplen. / […] // En la flor de la duda, / de los gestos curtidos sen los días de la luz y la derrota, / leo episodios del hombre vivo y
navegante, / respeto su huella, si tiene la voz cegada, / y retengo mi puño, / abro firme el hueco de caricias / sin atreverme a más. // No sé más de las horas que se cumplen». (45).

En esta misma línea del ciclo que se cumple, la voz poética se pregunta por la huella
que deja el ser humano a su paso: «Es estéril tu semen sobre la tierra ovario. / Ciclos trazados en laberinto irretornable / la previenen de tu mano / y los suicidios que acaecen en tus
ojos, / o en ese vientre que alimenta a destajo la sangre«. (44)

O se pregunta por el sentido de la vida humana: «[…] / ¡Para qué el horizonte! / Ayer, el día no llegado, / quitarán su dibujo / porque otras caderas nebulosas / han desarraigado la distancia de la higuera hasta las nubes. / Entonces… / ¿qué hago, incluso al caminar a la utopía? // Y no quiero evocar porque estaría muerto. / Y la muerte, al fin, / ¿qué tendrá de estrella comida por las algas? / o / ¿qué tendré yo de la luz que escapó de ese banquete?» (21).

El gesto filosófico de la poesía de Marcelo Díaz deviene teológico cuando el poeta se erige en cronista de la creación invirtiendo el discurso tradicional al uso: el Hombre aparece como demiurgo que crea a sus dioses, y aflora la dimensión psicológica, la necesidad humana de la existencia divina: «En el principio de los días, / el hombre creó a los dioses plurales, / los nombró con sus miedos, / y sublimó sus oscas [sic] cobardías. / Precoces y ávidos guisanderos freudianos / cocinaban una mitología asequible / hasta que a dios lo hicieron uno, / […]». (39)  Y sigue en el mismo poema denunciando a quienes, en nombre de Dios y de la religión, traicionan la sagrada y necesaria religiosidad que habita como semilla en el ser humano: «El polvo alumbró una teología enferma / […]. / Ceremonia y oro conduciendo a la miseria / para ese pastoreo a los sumisos. / Una secta de célibes pronuncia La Escritura / con el dedo alzado de infundir miedo, / vaciando el hueco religioso sin respeto. // […]» (39). Y acaba por poner la bondad humana en su lugar, más allá de ritos eclesiales ortodoxos: «Fuera del círculo del báculo y la tiara / los buenos brillan en sus ojos, / sus manos dan pan sin comprar el cielo, / sienten en su pecho aquel libro guardado / y en silencio pronuncian con su mano lo escrito«. (39).

 

Pero Díaz no renuncia a la utopía, si la criatura humana adolece de trascendencia, si el ser humano ha creado a sus dioses, si su destino está trazado de algún modo, en su poesía laten valores que se contraponen, que redimen al humano y lo subliman. Así a la voz poética se opone a menudo un malhechor “ellos”, destructor y agresivo, claramente diferenciado del “yo” hablante, un “ellos” de
los que la voz poética se distancia por rechazo: «Ellos querían obligar a una estrella / y decorar con brillo su café humeante. / A este techo corto que pueden rozar los ojos / llegaban sus manos
doradas y altivas. / Sin remedio de dioses ni de cielos, / trazaron la escala hasta una punta / y la poblaron de cuerpos, / cuerpos con hambre. / […] / Y la poblaron de vidas, / vidas mutiladas. / […]. / Y la estrella se diluyó en el agua / sin sabor a nada, inútil millonésima. / Sólo el brillo irritado y sanguíneo de los ojos / seguía matando los pétalos lucientes / que guardaban
los gérmenes del beso. / […]. // Otra punta sin brillo atravesó sus manos / y no encontró ni el alma. […]». (38).

O en este otro, donde el «ellos« acecha de nuevo y amenaza: «Cruzaban el campo atrochando por donde había color. / El vicio cobarde de la muerte indebida / afilaba las sicas [sic] de sus ojos / y ya parecían guadañas, / la sombra avanzando su vértigo, avaricia, / traición a la recta ortodoxa de la caña. // ¿Dónde habitan sus gérmenes de cieno y noche? // ¡Pero qué herida a todas horas / ese paseo que se calza el crimen / en el nombre de dios, / y del oro, / y del espíritu mentira!» (40).

Sin embargo la voz poética no se rinde, no sucumbe a las fuerzas del maligno; el crimen se «comete en el nombre de dios y del oro, y del espíritu de la mentira», pero el color se opone al «vicio cobarde, a la muerte indebida, a la sombra avanzando su vértigo», la «avaricia» es «traición a la recta ortodoxia«; «la luz» se contrapone a «la sombra», a los «gérmenes», al «cieno» y a la «noche», pero late en el ser humano, también, el germen constructivo y vence, pues a continuación exhorta: «Pero ved, hagamos. / No se derrumba el mar, / no desflorece la tierra acampada y fértil, / no se tuerce la mirada creciente en la luz, / ni el brazo sosteniendo el sistema de los versos«. (40).

El yo poético alerta sobre la amenaza que se cierne sobre los hombres buenos por las maquinaciones de los que astutamente urden con nocturnidad el mal, que lleva el signo de la ambición y del dinero: «Mi corazón de hierba tiene siempre un rocío de albor. […]. // Pero la astucia es noctámbula / y siempre abre una lámpara para robar la noche. / El viaje de los justos lleva a una paz. / En el descanso de esos buenos, / astutos con ojos de moneda, / secta de posesos de certeza única, / crimen permanente, / […], / con la palabra perversa, / bajo tulipas de dioses que inventaron, / urden el robo de las vidas, / vida pan, / vida agua, / vida voz, / vida entera. // Mi corazón de hierba se escarcha al vislumbrar la noche«. (37).

Marcelo Díaz reivindica la poesía y la palabra como herramienta vital, existencial: «Tengo la palabra para medir mis ojos, / […], / luz, cauce, herramienta, cavidad de mares, [sic la coma] / pequeños para poner el infinito adentro […]. / Palabra para anunciar dolor del que ve mi tacto oscuro, / palabra para anunciar la luz de la que ve mi tacto abierto. // Mientras ande y esté viva mi sangre, / la palabra es un síntoma veraz entre existencias». (23)

Marcelo Díaz no es un poeta fácil. Acercarse a su poesía es un reto, un desafío del que se regresa agotado, como agota la vida cuando gesta y germina, cuando crea lo verdaderamente nuevo; su estilo rezuma innovación léxica, sintáctica, morfológica y semántica, gusta de la paradoja y de la combinación inusitada de palabras. Así «Ayer» es «el día no llegado», «las algas comieron una vez estrellas» (21); o cuando al describir «un plano de curvo itinerario» se refiere a «Las avenidas rectilíneas» (8); al contrario de lo que es habitual, el poeta habla de «vencer el sueño» o de una «Cuneta que engulló el camino«, (22), y no al revés; habla de un «ejército pequeño que esconde las flores» (20), de «vena sin sangre», de «caras expectantes […] callando su palabra» (15), de «lindes que deslimitan« (16), de «flores incorruptas, solamente efímeras» (2), de «poetas videntes, vestidos sin ropa»; de «ángulos […] pequeños para poner el infinito dentro» (12); o nos sorprende con la paradójica magnífica sentencia: «La mentira es una verdad terrible»(30). Al poeta le gusta deconstruir para crear de nuevo, como gusta del uso del prefijo ‘des-‘: cuando habla de «desacertar la luz« (26) o dice «Desvísteme de algo de lo que tiene la muerte [… ], despojado hasta un débil deseo« (30), «cartera para un desarchivo de proyectos« (15), «lindes que deslimitan mi anchura» (16), «Qué deshabita el trecho ante tus ojos» (11), «porque otras caderas nebulosas / han desarraigado la distancia de la higuera hasta las nubes« (21), «desacertar la luz« (26), y gusta de la composición léxica de cuño propio, como cuando habla del «xilófago vivo« (10), del «pétalo barca« (23), de la «ventana cobijo« (41), escritas aún por separado, para dar un paso más en el proceso creativo de la palabra y hacer de dos palabras una, al referirse al «gesto sedazúcar« (8), al «cuerpo […] que ha de vivir su trozotierra» (16), o cuando echa mano de la transferencia sensorial: «[…] Las albas sucesivas calibran el ángulo del verso / para acertar los ojos que lo escuchen, […]» (25), «Este líquido rumor […] / es el censo de los ojos que lo miran y lo vieron […]» (23).

«Mapa de costas», es el último y reciente poemario de un poeta cuya andadura empezó allá en los años ochenta con Forja de mar -«Poemas de la posesión terrena»- (1982), «Gozne devenido» -«Poemas de la posesión debida»- (1988) y «Ágora» (1992), ha seguido con «Continente de auroras»
(1996), «Amarinte» –narrativa- (1997), «Lindario» (1999), «A tiempo» (2005) –libro conjunto de poesía y escultura- y «Viaje sin memoria» (2008) –por el que obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá-.

Marcelo Díaz es escultor, además de gran creador con la palabra.

 

© Anna Rossell

http://annarossell.blogspot.com/

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO »
TÍTULO=»CINCELANDO LA PALABRA»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «CINCELANDO LA PALABRA»

PDF

FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

REGRESIÓNN ROMÁNTICA A UN PASADO MÍTICO

*

REGRESIÓN ROMÁNTICA A UN PASADO MÍTICO

*
Sjón, «Maravillas del crepúsculo»
Trad. Enrique Bernárdez
Nórdica Libros, Madrid, 2011, 213págs.
*

 

 

 

 

 

 

 

*

por Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com/
*
«Maravillas del crepúsculo», del polifacético escritor islandés Sjón, cuyo nombre completo es Sigurjón Birgir Sigurðsson (Reikiavik, 1962), es una historia fabulosa en el sentido más original de ambos términos, pues se inspira en una biografía real de una época en que la ignorancia y el miedo eran acicate de fábulas y leyendas, de seres mágicos y míticos, de superstición y brujería. En esta novela, publicada en su versión original –Rökkurbýsnir- en 2008, Sjón recrea el ambiente de la Islandia de la primera mitad del siglo XVII, a partir de la vida de Jón Guomundsson, que en su libro adopta el nombre de Jónas Palmason, un personaje fáustico, estudioso naturalista, también llamado El Erudito. El libro nos retrotrae al mundo frío y hostil en el que vive el protagonista en su aislamiento, el destierro al que le ha condenado el alto tribunal, que juzga como brujería sus conocimientos de la medicina. En la isla en la que vive con su esposa y sus hijos sin otro contacto humano, el confinado se entrega a sus pensamientos, al trabajo de compilar en un libro su erudición naturalista científico-imaginaria y a la talla de imágenes. Tal diseño del personaje y de su situación determina la técnica de registros narrativos del texto, que no siguen la ortodoxia lineal y alternan la prosa poética –en ocasiones de tinte onírico, alucinatorio y mítico-, con el lenguaje lapidario y estrictamente descriptivo de las entradas de un diccionario enciclopédico, que el autor distingue con letra cursiva. Con estos ingredientes Sjón consigue descripciones bellísimas de la naturaleza que dan fe de su madera poética –ha publicado más poemarios que novelas-, así como de su adscripción a la orientación surrealista del grupo poético Medusa, que fundó en 1980. El lenguaje que evoca en su anacronismo la época en la que se ubica la acción y que la traducción trata de respetar arduamente, adopta en la novela un papel privilegiado, hasta el punto de que, como informa el traductor en una nota al final, documenta “incluso las palabras de una lengua piyin vasco-islandesa que usó en esa época y que conocemos por fuentes manuscritas islandesas de entonces”.

La novela, que se estructura en cuatro capítulos narrados en primera persona, precedidos y seguidos de una “Obertura” y una “Coda o repetición” respectivamente, lleva intercalado un paréntesis, -“Piedra en el riñón”-, en tercera persona: el tiempo que transcurre a partir del momento en que Jónas Palmason logra salir de la isla con la esperanza de conseguir una revisión de su juicio y el levantamiento de su castigo, y que se cierra con la frustración de aquella y el regreso a su destierro de partida.
Con todo, la desgraciada vida de Palmason, inmersa en la atmósfera de una Islandia que se debate entre el catolicismo y la reforma luterana, entre el obscurantismo y la ilustración, no transmite en absoluto un rechazo de aquel tiempo pasado, como parecen anunciar las últimas palabras de Lucifer en la escena del cielo de la “Obertura”: “[…] yo no incliné la rodilla ante aquel nuevo animalito del padre, por eso fui expulsado del cielo. Pero a ti, ser humano, te regalé al despedirme mi visión de ti”. Al contrario, la novela rezuma añoranza romántica de un tiempo pasado en que el ser humano vivía en consonancia más armónica con la naturaleza, a pesar (o quizá precisamente por ello) de las creencias fantásticas que promueve lo desconocido. No es casual la cita de «Los discípulos de Sais», de Novalis, que resumen la utopía romántica de la desaparición de los límites entre los seres vivos y las cosas para constituir el todo absoluto de la creación en comunión con Dios, una utopía en la que se extienden los pensamientos alucinados de Jónas Palmason en sus últimos días solitarios en la isla: “Ora las estrellas parecíanle hombres, / ora los hombres parecíanle estrellas; / las piedras, animales; / y las nube, plantas”.

*

© Anna Rossell

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO »
TÍTULO=»REGRESIÓNN ROMÁNTICA A UN PASADO MÍTICO»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «REGRESIÓNN ROMÁNTICA A UN PASADO MÍTICO»

PDF

FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI

NADA ES VERDAD

*
Karel Capek, «Hordubal»
Trad. Patricia González de Jesús.
El olivo azul, Córdoba, 2011, 186 págs.
*


 

 

 

 

*

 

*

por Anna Rossell
http://annarossell.blogspot.com/
*

Karel Capek (Malé Svatonovice, Bohemia 1890 – Praga 1938) está considerado el escritor más importante del siglo XX en lengua checa. De formación filosófica, fue un autor polifacético que cultivó el teatro, la novela alegórica de ciencia-ficción («R.U.R. Robots Universales de Rossum»), la sátira política («La guerra de las salamandras»), el relato fantástico («La fábrica del absoluto»), la novela filosófica y el periodismo de viajes. Se adelantó a su tiempo, no sólo en el aspecto formal sino también en lo temático (en su novela «Krakatit» avanza una sociedad hostil y abocada a la catástrofe a causa de la tecnología y la ambición humanas). Concebida por un visionario, el conjunto de su obra refleja las tendencias intelectuales de su país en los años veinte y treinta del siglo pasado y las amenazas políticas y culturales de su tiempo.

Escrita en 1933, «Hordubal» es el primer libro de una trilogía, que se completa con «El Meteorito» y «Una vida corriente» (ambas de 1934), en la que Capek indaga sobre las complejas nociones de realidad y de verdad, y utiliza el texto de ficción como palestra para demostrar su tesis, esto es, que la realidad no es única, sino que vienen condicionada por factores tan diversos como el prejuicio, la imaginación, la ilusión sensorial o la opinión ajena, y ello con independencia de la buena o mala voluntad de quien defiende una supuesta verdad. Así viene a negarse no sólo la objetividad sino también la posibilidad de administrar justicia, al tiempo que se pone en tela de juicio cualquier conocimiento.

El autor utiliza bien los recursos formales a su alcance –narrativos y estructurales- para ponerlos al servicio de su propósito. Dividida en tres partes de extensión muy desigual (primer libro hasta la página 132 y hasta la 160 y la 182 las otras dos) y estilísticamente las dos últimas muy diferenciadas de la primera, ?apek dedica ésta de lleno a Hordubal, su protagonista, al que nos permite acercarnos desde su propio interior. En coherencia con el objetivo que persigue, la tradicional omnisciencia de la voz narradora apenas hace acto de presencia, se confunde con los pensamientos de Hordubal sin transición, y hasta interpela en ocasiones con inseguridad al personaje, que parece llevar vida propia, ajeno a la voluntad de su creador. El grueso de la novela la forma este primer libro, narrado en una prosa a menudo poética en consonancia con la íntima sensibilidad del protagonista. En él el autor busca intencionadamente la empatía del lector con el personaje, un hombre sensible, humilde, introvertido y amante de su tierra chica y su familia, que regresa a su casa tras ocho años de emigración americana con la ilusión de reencontrar el hogar añorado y es recibido con frialdad –hay ciertas pinceladas del Woyzeck de Georg Büchner en Hordubal-. Los otros dos libros dan un vuelco inesperado a la novela, que –casi un texto teatral- inaugura una sorprendente trama policial, con juicio como colofón. La técnica perspectivista que aplica Capek con la intervención de nuevos personajes –acusados, policías, testigos, presidente del tribunal, fiscal, defensores y pueblo llano- subvierte de un plumazo nuestro acercamiento a Hordubal e instala la duda en el lector con cada una de las intervenciones. La caricatura del juicio que el autor checo monta al final –Capek calcula con precisa exactitud el trazo exagerado de cada personaje para establecer la constelación de actitudes y perspectivas que le interesa- introduce, además, un nuevo ingrediente: la imposibilidad de distinguir entre ley positiva y ley moral.
Este cambio radical en la técnica narrativa, que en su tiempo le valió el rechazo de algunos críticos, es a mi entender lo genial y más innovador en aquellos años. Ello le ha valido a la trilogía ser considerada una de las mejores obras de su autor.

Anna Rossell

FICHA DEL LIBRO
ENLACE AL LIBRO: CONVERTIR ESTE LIBRO »
TÍTULO=»NADA ES VERDAD»
ENLACE DE DESCARGA: ENLACE DE DESCARGA (En el banner vertical)
REFERENCIA Y AUTOR: «NADA ES VERDAD»

PDF

FORMATOS DISPONIBLES: EPUB,FB2,MOBI