Sarajevo. Diario de un Éxodo (Dzevad Karahasan)

Europa contempló con asombro en los años noventa los sucesivos conflictos que surgieron tras la desintegración de Yugoslavia. En el seno de una Europa que se preciaba de sus ideales de civilización, prosperidad, derechos humanos, etc, surge un conflicto que pone de manifiesto una realidad discordante. La caída del comunismo fue saludada como la oportunidad para la reconciliación de los europeos, divididos hasta la fecha por el telón de acero, pero cuando aún no se habían podido calibrar las consecuencias de estos cambios, apareció un nuevo foco de confrontación que amenazaba por extenderse a los estados vecinos.

La Europa que gustaba de presentarse como fruto de una tradición cultural, intelectual y religiosa común, se sorprendía al contemplar guerras de carácter étnico y religioso, a pocos kilómetros de sus modernas capitales. Más aún, toda Europa descubrió que expresiones como limpieza étnica, fosas comunes o franco tiradores, saltaban a la realidad desde los documentales y los libros de historia volviendo a reclamar su espacio.

Ese pasado, las guerras balcánicas de principios del siglo XX, el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial, se aglutina con precisión milimétrica para destruir una imagen confortable de nosotros mismos. ¿Y qué hace Europa? Entre dudas, vacilaciones, decisiones equivocadas, reconocimientos unilaterales, interesados y precipitados de nuevos estados, el caos y la división vuelven a ponerse de manifiesto.

Los ciudadanos europeos, quizá ajenos a las complicadas leyes geopolíticas, contemplan las noticias de la televisión con asombro y horror. Las explosiones, las muertes en la cola de una panadería o la gente corriente por las calles no vienen de países del Tercer Mundo, de Jerusalén o de Líbano: vienen de Europa. Los muertos viven, vivían, en casas prácticamente iguales a las nuestras. Casas con calefacción, televisión y video, antena parabólica. Sus habitantes no son de piel oscura, ni llevan extraños atuendos. Visten como nosotros, con americana y corbata, con faldas ceñidas y tacones. Y como nosotros, parecían vivir ajenos a las miserias del mundo, pero ahora deben correr por sus calles huyendo de balas perdidas, granadas, cascotes. Incomprensible.

Y mientras algunos reflexionaban sobre el fin de la historia, el renacimiento del nacionalismo o la pujanza del Islam, los ciudadanos de la antigua Yugoslavia trataban de continuar con sus vidas, de superar sus problemas diarios, sus inmensas dificultades. De esta experiencia extrae Dzevad Karahasan el principal aporte a su obra, Sarajevo. Diario de un éxodo.

En este libro, Karahasan reflexiona sobre las consecuencias del conflicto en la vida de los habitantes de Sarajevo, desde un punto de vista filosófico; esto es, discurre sobre los efectos morales de la guerra, sobre el papel del intelectual ante la misma, sobre los efectos de los bombardeos como factor de cohesión de la comunidad asediada, etc. De todas sus reflexiones escojo al azar las siguientes:

– El papel del trabajo (y el Arte) como reserva de la dignidad humana: Durante el asedio de Sarajevo Karahasan fue nombrado decano de la facultad de Artes Escénicas. Tras uno de los primeros grandes bombardeos sobre la ciudad se reunió con sus alumnos y decidieron continuar con el curso en la medida de sus posibilidades, preparando la representación de las obras de fin de carrera.

El profesor Karahasan arenga así a sus alumnos: “Les ruego que trabajen tanto y tan bien como les sea posible. Su trabajo es lo único que, de momento, puede liberarlos del miedo y ayudarlos a conservar la dignidad, la sensibilidad y el juicio. Los hombres se han desentendido de nosotros, la fortuna nos ha dejado atrás, el mundo se aparta y la realidad material en la que nos han enseñado a creer nos abandona. Lo único que todavía no nos ha dejado es nuestro trabajo; lo que aprendemos y el oficio al que servimos aún nos protegen. Una de las funciones básicas del arte es la de proteger a la gente de la indiferencia, y el hombre está vivo mientras no permanezca indiferente”.

Nada parece más contradictorio que un conflicto y el Arte. Pero precisamente el conflicto nace cuando los hombres pierden esa sensibilidad, esa capacidad de empatía y ese respeto, no sólo por los demás sino por uno mismo. Trabajo, dignidad, sensibilidad y Arte surgen de entre las cenizas humeantes de Sarajevo como verdades inmutables, verdadera esencia de esa cultura que Europa no supo defender en aquellos días.

– Fundación del PEN Club de Bosnia y Herzegovina: un colega de Karahasan le invita a la fundación del PEN Club como acto de rebelión y resistencia frente a los horrores de la guerra. Pese a sus iniciales resistencias a participar en este tipo de actos formales, y ante los argumentos de su amigo, decide participar en el acto (aunque finalmente un bombardeo le impedirá llegar al lugar donde se ha convocado la reunión): “Mientras pensáramos en la literatura, mientras nos saludáramos tal como exige la buena educación y utilizáramos los cubiertos para comer, mientras deseáramos escribir o pintar algo, mientras nos esforzáramos por articular nuestra situación y sentimientos a través del teatro, tendríamos la posibilidad de persistir como seres de cultura, de defender nuestra ciudad y la tolerancia que en ella reinaba, de salvaguardar nuestro derecho a la convivencia entre pueblos, religiones y convicciones diferentes. Por eso era importante que en la reunión en la que se fundara el PEN Club de Bosnia y Herzegovina estuviéramos todos los que teníamos que estar”.

– La Verdad en una obra de Arte: el asedio de Sarajevo y las duras condiciones de vida que debían afrontar sus habitantes, provocaron una pequeña escena, apenas perceptible, apenas de dos o tres segundos de duración, en una de las representaciones de los alumnos de Karahasan. El actor debe tomar la mano de la actriz y besarla con apasionado amor. Esa mano simboliza en la obra lo hermoso, refinado e inalcanzable. Sin embargo, la realidad se cuela de manera indiscreta en el escenario. La mano de la actriz está ajada, falta de cuidado y de higiene (el agua se había convertido en un recurso precioso) y el actor no puede disimular la distancia que hay entre el objeto de deseo que se supone ha de besar y la realidad que sus ojos contemplan. Sólo un gesto, un breve instante y sus labios se posan ardorosamente sobre esa mano y, desde ese momento, la compenetración entre ambos intérpretes alcanza un nivel excepcional. Sin embargo, la mirada analítica del profesor se ha detenido en ese leve momento en el que el actor ha sido incapaz de abstraerse la realidad e interpretar su papel, recrear la ficción.

De esta escena surge la siguiente reflexión: “En la escuela se aprende que la verdad interior de la obra de arte consiste en la realización consecuente de los principios básicos de la estructuración; pero ahora sé, gracias a ese instante, que existe una forma más profunda y muy diferente de verdad interior de la obra de arte, esa que se alcanza sólo cuando mediante el arte se defiende y demuestra la realidad de las personas vivas y su necesidad de vivir como seres de cultura, y de modo tal que esa necesidad de cultura es al mismo tiempo una necesidad existencial”.

– Las dos traiciones de la Literatura: Karahasan acusa a la literatura de su país de dos graves culpas. De una parte, considera que la literatura de la forma, la estética, la que abandera el arte por el arte, la que se recrea en ella misma como principio y fin, al margen de todo lo ajeno a ella, es culpable de favorecer un distanciamiento ético de la realidad. La ausencia de valores y principios se traduce en una sociedad insensible, egoísta, centrada sólo en el placer más inmediato. De ahí que el sufrimiento ajeno sea visto como una mera cuestión estética; puede ser bello o no, pero no se enjuicia moralmente. Acusa, por tanto, a estos escritores de inmorales y a sus escritos de evitar un posicionamiento entre el bien y el mal.

Pero Karahasan también acusa a la literatura de alejarse del modelo en el que los personajes tienen un carácter, una psicología, un modo de pensar y sentir en función del cuál actúan. Se admiten cambios de personalidad, flexibilidad en sus actos y emociones, pero, en definitiva, cada personaje es un individuo que se representa a sí mismo. Por contra, Karahasan señala acusadoramente a la literatura en la que las personas actúan de un modo u otro en función, no de su individualidad, sino de su pertenencia a una religión, a un partido político, a una nación. Así, el serbio tiene una personalidad y un modo de pensar y actuar diferente al de un bosnio, un conservador o un musulmán; es su pertenencia a una etnia lo que le convierte en estandarte de la misma. El individuo queda desposeído de sí mismo para ser reducido a un arquetipo sobre el que construir el odio y el rechazo, los tópicos que luego repetirán los generales y los políticos en sus discursos.

Si bien es cierto que ambas visiones de la literatura parecen contradictorias (una es claramente desideologizadora, la otra es profundamente ideológica) y que es probable que ambas tendencias sean consecuencia (y no causa) de la realidad metaliteraria, no es menos cierto que Karahasan opta por una visión del individuo libre y responsable de sus actos, con capacidad y autonomía para decidir; opta por un ciudadano, no por un serbio o croata y, al menos en esto, no podemos por menos que estar de acuerdo con él.

El libro se cierra con una despedida melancólica: los primeros judíos arribaron a Sarajevo a finales del siglo XV, llegaban tras la expulsión de España por los Reyes Católicos. En Sarajevo se asentaron y compartieron la fortuna y la desgracia de la ciudad al igual que el resto de sus habitantes. Durante el cerco a Sarajevo se celebró el Quinto Centenario de su llegada y, pocos días después, la práctica totalidad de la comunidad judía de Sarajevo abandonó la ciudad rumbo a un nuevo exilio. Los judíos se ponían de nuevo en marcha después de quinientos años, después de haber sobrevivido a diferentes dominaciones de la ciudad (el Imperio Otomano, el régimen nazi, la dictadura comunista, …).

Y Karahasan se pregunta si la propia idea de Sarajevo como centro de convivencia de tres religiones, tres culturas, ha sucumbido a la fuerza bruta y si, como han hecho los judíos durante dos mil años tras sus celebraciones despidiéndose con un “el año que viene en Jerusalén” siendo dicha ciudad más una referencia mítica que un centro físico, no harán lo propio los sarajevos repitiendo acongojadamente “el año que viene en Sarajevo”. Y es que, en definitiva, el éxodo al que hace referencia el título del libro no es sino la constatación de la orfandad del autor al que sólo el mito de una ciudad, a la que ya no puede reconocer en la realidad que le rodea, sostiene.

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Muerto hasta el anochecer, de Charlaine Harris

Sookie Stackhouse es una camarera con poder para leer la mente. Siempre acaba sabiendo más de lo que le gustaría de la gente que le rodea. Menos de Bill Compton, porque su mente, la de un vampiro que trata de reinsertarse en la sociedad, es impenetrable. La aparición de un asesino en serie complica las cosas.

Comentario:

La autora mezcla elementos de varios géneros: terror, misterio, fantástico, rosa, con tal falta de talento que su híbrido resulta carente de fuerza.
Habla de vampiros y no sabe salir del tópico, acabando por no aportar nada nuevo a este género.
El misterio y el terror existen sólo porque la autora lo dice. En ningún momento hay sensación de miedo, de urgencia ni de ansia por saber qué va a suceder.
El romance no sólo es absurdo, sino que encima es aburrido, sin garra, casi pasteloso en sus variadas descripciones sexuales en las que cae en lo más bochornoso de la novela rosa con la habitual protagonista virgen y mártir.
También dedica abundantes párrafos a una descripción pormenorizada de la ropa que lleva la protagonista, cómo se maquilla y el porqué de todo ello.

Así, dedica páginas enteras a contar cosas que carecen de relevancia para la historia y descuida la personalidad de sus personajes, la tensión del misterio, en que los poderes psíquicos de Sookie resultan no funcionar en condiciones hasta un final que hubiera podido situar en cualquier página, a ser posible unas cien antes de lo que lo hace.

La novela está escrita en primera persona, algo que no me gusta por desaprovechar las posibilidades descriptivas de todos los personajes, pero en este caso importa menos, porque no hay gran cosa que describir.
Personajes planos, sin vida. La propia Sookie se enfrenta con más interés a la elección de atuendo que a la muerte de los personajes que la rodean, incluso los más cercanos a ella.

En resumen, una novela insípida que desaprovecha todos los géneros y argumentos que aborda.
Hay otras tres novelas, aún sin publicar, protagonizadas por Sookie Stackhouse. Yo no voy a leerlas cuando finalmente aparezcan.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/01/00057-muerto-hasta-el-anochecer-de-charlaine-harris.html

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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La edad secreta (Eugenia Rico)

Una mujer madura recibe un diagnóstico erróneo de cáncer. Pero cuando cree que se va a morir, le dicen que es un error. Ella sin embargo, decide dar un giro a su vida. Toma elcoche y se larga por ahí, sin destino concreto. En una gasolinera se encuentra con un joven, al que lleva consigo. Se enamora de él, pero el chico busca una ciudad imaginaria llamada Nauchipán, sobre la que ha inventado una rocambolesca historia…

No puede decirse que esta novela esté mal escrita, que no lo está, al menos desde el punto de vista de la prosa. La autora usa un tono a veces aforístico, sentencioso, poético, reflexivo, que no resulta demasiado molesto para quien esté habituado a este estilo liteario. Lo realmente molesto es que la novela no trata de nada. Leyendo el argumento podría parecer que sí, pero la forma en que ella la cuenta para mi gusto es totalmente errónea.

En primer lugar, aunque sabemos que esas cosas pasan, lo del diagnóstico erróneo de una enfermedad mortal suena demasiado "peliculero", o "novelesco", y parece demasiado forzado como disparador de la improbable aventura de la protagonista. En segundo lugar, y como si eso no fuera bastante para elevar la ceja con escepticismo, tenemos el personaje del chico que busca la ciudad de los Neandertales, unos seres inmortales que viven bajo tierra, lejos de nuestra civilización, y a la cual se accede a través de ciertas puertas señaladas en un mapa (que también arrastra una retorcida historia, faltaría más). La autora no explica nada sobre el joven, si es que está loco o qué. Parece muy difícil de creer que un chico de nuestro tiempo crea en tales fantasías, así que una de dos, o miente o está chiflado… o Eugenia Rico usa ese pretexto como un recurso simbólico. Me decanto por lo primero y lo último. Al final del libro parece que él, aun manteniendo la ambigüedad, insinúa que tal vez cuente eso para "llamar la atención" o "impresionar".

Pero en esta novela todo es inconcreto, abstracto, simbólico. Más que una novela parece un diario donde la protagonista va contando sus reflexiones sobre todo tipo de cosas. Bueno, habla de su matrimonio, de su trabajo como funcionaria de Hacienda, de la vida, de la muerte… pero sobre todo del amor, del sexo y de la edad, haciendo alusión al título de la obra. Pero ni siquiera estas reflexiones resultan novedosas. Más bien son tópicas, lo del marido con la amante veinte años más joven (y para más inri, secretaria del susodicho), el temor de ella a que el chico (su amante ocasional) descubra su edad madura, etc. Esa obsesión por los años es el leit motiv de toda la novela, hasta resultar algo machacón.

Es una novela que produce mucha frustración en su lectura, ya que esperas siempre algo que no llega. La autora no dramatiza las situaciones, las cuenta, sin diálogos, sin detalles, despojadas de todo sentido de lo real, regodeándose en la calidad de su prosa y en lo supuestamente interesante de sus ideas.

Así pues hay una historia de amor que no se ve, un viaje encoche que solo se atisba, y que más bien parece un viaje mental, un accidente decoche sin significado dramático, y unos recuerdos y pensamientos de la protagonista, mezclados a veces con los de él que no aclaran mucho de su decisión de dejarlo todo atrás. También menciones a la ciudad de Nauchipán, a la forma de ser de sus habitantes y sus costumbre, que recuerda a la obra de Calvino ("Las ciudades imaginarias"), y cómo no, ejemplos del amor entre mujeres maduras y hombres más jóvenes como R. L. Stevenson y Fanny Osborne… Ya digo, es como un cuaderno de bitácora (o una fábula, estilo "El Principito") más que una narración bien trabada. Carece de emoción y no implica al lector en la trama, que no hay.

Además, para hacer bulto, la autora utiliza el truco de "Seda", de llenar capítulos con un solo párrafo, generalmente sentencioso, con ínfulas líricas. Eso implica que se lee muy rápidamente. Yo la terminé en los intermedios de un documental sobre Roma que pusieron en la TV.

Insatisfactoria y aburrida.

Fue finalista del premio Primavera de Novela en el año 2004.

Algunos fragmentos (son capítulos enteros cada uno de ellos):

Dicen que en Nauchipán sólo mueren los que creen que son mortales. Todos nacemos inmortales, cuentan. Morimos porque creemos que vamos a morir.
Parece fácil ser inmortal, pero incluso la mayoría de los hombres de Nauchipán carecen de la fe necesaria. Empezamos a ver a la gente que muere a nuestro alrededor. Y acabamos por dudar, por creer que quizá nosotros también moriremos y en el momento en que lo creemos por vez primera empezamos a morir, y con nuestra muerte sembramo la duda en el corazón de otro que había nacido inmortal como nosotros.
Y la duda acaba matándole.

Y habrá Bancos de Tiempo, los que tengan tiempo de sobra lo meterán en un banco y otros podrán tomarlo prestado. Habrá gente que venderá su tiempo, como hoy los pobres venden su sangre.
Y habrá ladrones que robarán el tiempo de los demás y lo venderán en el mercado negro.
Gente que empeñará su tiempo para pagarse vicios que no merecen la pena.
Y otros que ahorrarán tanto tiempo que no les quedadrá vida para gastarlo.
Claro que el tiempo de todos no valdrá lo mismo, será muy difícil hacerse con tiempo de calidad, porque los que tienen tiempo exquisito son los que lo guardan para sí mismos y no lo cambian por nada.
En esos días la gente de Nauchipán podría hacerse rico si sólo saliera al mundo y vendiera su tiempo.

Esa noche acampamos en un bosque de pinos. Las agujas atraviesan la piel de la tienda.
Huelo a verde.
Hacemos una hoguera en el linde del bosque. Yo tengo miedo a que todo se incendie. Nunca he hecho una hoguera en el bosque. Las mejillas nos arden al calor de las llamas como si ya hubiéramos bebido vino. Miramos al fuego y el fuego nos emborracha. Es como el mar. Se puede ver todo en el fuego.
Alimentamos al fuego como a un dios, pero es un dios insaciable. A medida que el fuego se va apagando nosotros nos vamos encendiendo.
Nunca había pasado una noche con un hombre a la luz del fuego.
Qué triste hubiera sido haber muerto sin llegar a probarlo.

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El ansia (Elfride Jelinek )

El director de una fábrica de papel somete a su esposa a todo tipo de actos sexuales de manera continua, casi enfermiza, debido a que no puede ir a prostitutas por miedo al SIDA (no le gustan los preservativos). Una tarde la mujer, en pijama y medio borracha, se va por un camino entre la nieve y es recogida por Michael, un estudiante de Derecho, con el que tiene una relación sexual. Ella se prenda del joven. Sin embargo, la historia terminará trágicamente. (según dice la contraportada, Elfride saca sus argumentos de casos de la vida real)
Es la primera novela que leo de esta autora (premio Nobel 2004) así que no la puedo comparar con otras obras suyas.
Se trata de una novela bastante breve que en la contraportada definen como “novela pornográfica femenina” o algo así, pero quien la lea buscando eso se llevará una decepción (Comentario de la autora: “Yo quería escribir un porno, pero me di cuenta de que era imposible. Es el hombre quien hace la pornografía: la mujer es sólo un objeto mudo de la mirada masculina”). Es cierto que todas las páginas hay sexo, penetraciones, eyaculaciones, etc, pero la forma (que es lo que define qué es literatura y qué no) es totalmente vanguardista y atípica. La autora tiene un número ingente de metáforas para referirse a los actos sexuales (pero no para ocultar, sino para “darle la vuelta” a la visión convencional), y no se priva, en medio de la descripción, de incluir sus propias reflexiones, generalmente violentas, por no decir panfletarias, sobre lo que ocurre en las escenas. Hay en todo el libro una crítica furibunda del capitalismo (el sexo solo es metáfora de eso) El Director ejerce su poder desmesurado sobre los obreros, sobre su mujer, los parados de la zona, etc. Hay mucha violencia en este libro, sobre todo verbal. Las mismas escenas e ideas se repiten una y otra vez hasta terminar saturando al lector. Es agobiante, claustrofóbico, repetitivo. Desde luego, no es un libro que deje indiferente.
El personaje femenino, parece muy pasivo. Se insinúa que se somete a todas esas cosas por el dinero y los bienes a los que puede acceder (todas las mujeres la envidian; el hombre paga con bienes materiales los “servicios” sexuales de su esposa, etc). Cuando se encapricha con Michael parece revivir un poco, y al final, estalla del todo al caer en un crimen terrible e impensable, que se ve claramente que es causado por la desesperación más tremenda.
Todo esto expresado de un modo tan críptico que, sinceramente, muchas de las cosas te las tienes que imaginar casi a partir de referencias que parecen enigmas.
No me ha disgustado. A pesar de la manera un poco brusca y elemental con que la autora transmite sus ideas, al menos tiene ideas. No deja títere con cabeza: ataca al capitalismo, a la sociedad de su país, al deporte, al consumismo, a la Iglesia católica.
Creo que es una lectura interesante y “diferente”, aunque llegas a aborrecer al ser humano y a pensar que somos una auténtica basura.
De todas formas, ya digo que quizás no lo he entendido del todo debido a esa peculiar manera de expresarse (pondré más adelante citas del libro para que os hagáis una idea)

Aquí pongo algunos fragmentos:
(Aviso para escrupulosos y personas sensibles: cuidadín )

"El hombre espera hasta que su agua hierve. Después echa en ella a su mujer, a la que ha despojado del pijama. Su señal se ha elevado, la vía está libre. Y todo habla conforme al tono de su señal. Patea a su mujer en el regazo. No necesita ánimos por su parte, ya está muy animado. Es como si su rabo ya no pudiera hallar reposo, porque quizá otro se ha enterrado en su coño y ha ensuciado su suelo con su pedazo de salchicha. De pura ira, este hombre se desgasta, a sí y a su obra, demasiado pronto, demasiada energía se despilfarra entre bramidos, su bóveda truena. Todo en el exterior, ha sido dominado con hielo y nieve. La Naturaleza suele hacerlo bien, sólo a veces hay que ayudarla a poder consumir su propiedad en nuestra mesa en calma y silencio. El hombre llueve humedad por delante y por detrás sobre la mujer, a la que pulimenta. Las pequeñas alfombras de sus pechos son sacudidas con fuerza. Como piedras le cuelgan sus sacos de dos kilos. Y sin miedo él rocía a la mujer con su tosca escoria, y vaga por ella, con el suelo firme bajo los pies."

"La mujer yace desparramada, abierta al mundo, en el suelo, con alimentos viscosos esparcidos sobre ella, y es subastada por un efecto y varios efectos. Sólo su marido negocia con ella, y negocia completamente solo. Y ya cae en el amueblado vacío de la habitación. Sólo su propio cuerpo le hace justicia, y cuando lo desea puede hacerse oír y retumbar en el deporte. Como una rana, la mujer tiene que abrir las piernas hacia los lados, para que su marido pueda mirar dentro e ella lo más posible, hasta la Audiencia Provincial para Causas Penales, y examinarla. Está por entero bañada y cagada por él, tiene que levantarse, dejar caer al suelo las últimas cáscaras e ir a buscar una esponja para limpiar al hombre, ese enemigo irreconciliable de su sexo, de sí mismo y del flujo que ella ha producido. El le mete el índice derecho bien hondo en el ano, y con los pezones colgando ella se arrodilla sobre él y limpia, el cabello en los ojos y en la boca, sudor en la frente, saliva ajena en la garganta, la blanca ballena asesina allí ante ella, hasta que la amable luz se pone, llega la noche y este animal empieza a fustigarla de nuevo con su rabo."

"El director es tan grande que es imposible circundarlo en un solo día. Este hombre está abierto a los cuatro vientos, pero sobre todo hacia arriba, de donde vienen la lluvia y la nieve. A nadie tiene por encima de sí, salvo al consorcio matriz, del que no hay quien pueda protegerse. Pero por el lado cortante de la mujer puede tranquilamente abrir su grifo y aspersar. La mujer se contorsiona como un pez, porque tiene las manos atadas, mientras el hombre le hace cosquillas y le pincha un poco con agujas. El escucha su interior, donde ha escondido sus sentimientos. Palabras como hojas caen del vídeo en la pantalla y van a parar al suelo ante esta Humanidad unipersonal. Desconcertadamente protectora, la mujer mira un tiesto desfalleciente en el alféizar de la ventana. TAmbién el hombre habla ahora, tosco como el buen corazón de la fruta."

"El padre ha descargado un montón de esperma, la madre ha de limpiar y dejarlo todo en condiciones. Lo que no lame, tiene que recogerlo con un trapo."

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El gallo rojo vuela hacia el cielo, de Miodrag Bulatovic.

En las cercanías de un pueblo, Ljesnica, junto a una casa blanca, cerca de un cementerio musulmán, se celebra un banquete de boda.

Unos desenfrenados y ebrios invitados, una novia que observa casi impasible, un novio que sólo desea jugar atrapando renacuajos y pececillos, el viejo Ilija, un par de vagabundos, el joven Muharem, dos sepultureros y un cadáver, Mara la loca… un gallo rojo.

Todo conforma un cuadro bajo el sol abrasador, un calor asfixiante, desde el que su autor nos describe con gran maestría, imágenes nítidas de algo que no nos dejará indiferentes.

Ésta, es una lectura que no sólo nos introduce en una historia, en unos personajes, en una sucesión de acontecimientos… todo esto no es más que una vía, un instrumento para mostrarnos los, quizás, recónditos y oscuros lugares del alma.

Nos habla del miedo, la miseria, el sufrimiento, la crueldad, la muerte, el hambre, la agonía, la mentira… pero sobretodo de la supervivencia.

El inicio de su lectura, el primer capítulo, es impactante, desolador. Sensación que acompaña a lo largo de toda la lectura.

No sabría decir qué conmueve más, si lo que cuenta o cómo lo cuenta. Supongo que si pudiera colocar en una balanza estos dos conceptos, quedarían igualados.

Si tenéis oportunidad de encontraros con este libro no lo dejéis escapar, sería casi como perder parte de vuestro gallo rojo.

http://reginairae.blogcindario.com/2004/11/00016-el-gallo-rojo-vuela-hacia-el-cielo-de-miodrag-bulatovic.html

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