TOPOGRAFÍA DEL DOLOR

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Tuya es la voz

Amelia Díaz Benlliure

Los Libros de la Frontera.

El Bardo, colección de poesía, Barcelona, 2013, 68 págs.

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tuya_es_la_voz

por Anna Rossell

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Hay una poesía tallada con el cincel de la razón, de arquitectura sopesada, construida desde la distancia reflexiva y analítica, y otra esculpida desde la herida abierta, escrita desde la inmediatez del dolor profundo y vivo, que busca en las palabras del poema el alivio que procura el saberlas pronunciadas, ver mitigado el desconsuelo en el momento en que adopta forma y cristaliza en verbo. La poesía de Amelia Díaz Benlliure (Castellón, 1959) pertenece a esta última especie.

 

Tuya es la voz es un poemario dedicado a un ser querido, es fruto de una vivencia personal de la poeta. Sin embargo Díaz sabe encontrar un registro que eleva esta experiencia a la categoría de universal. Así podría decirse que este libro es un homenaje a las víctimas más sensibles de las guerras, los niños a quienes se ha arrebatado el esencial derecho de la infancia, que han visto morir a sus seres queridos y cuyo alimento ha sido el sufrimiento y la frialdad que inocula la ausencia de cariño, la que se respira en un lugar que no es lugar y que marca para siempre la vida.

El poemario es un recorrido por una de estas vidas, que podría ser la de tantos otros de su misma condición. El punto de partida es la agonía, el tormento que, eterno compañero fiel del tú que evoca e invoca la voz poética, protagoniza el tránsito de éste hacia la muerte. La voz poética rememora, desde este punto agónico del invocado, el sufrimiento de toda su trayectoria vital, al tiempo que refleja la infinita ternura que éste suscita en el sujeto poético: “Sus manos contaron memorias/de los niños sin padres/recluidos entre sombras,/en templos profanados/tras el exilio de los dioses”. La lectura es pues un viaje por la topografía del dolor, por todos sus repliegues, pero también por la compasión en el sentido genuino de la palabra, por la sintonía y empatía con quien sufre, nos descubre lo más sensible del afecto humano, nos desvela las claves de la compenetración: “Llenaba la piel de gritos/el susurro gélido de sus años tiernos”. La comunión con el dolor ajeno lleva al sujeto poético a la indignación por la impotencia de quien ve en estas vidas marcadas en su inicio un destino recurrente sin alivio, sin salida: “La injusticia, la ironía/de una cinta de Möbius/inmortal”. La conciencia de lo injusto, extremada a la vista de la aflicción ajena, deviene culpa en la voz poética, una culpa heredada por el dolor causado en todo el universo, como pecado original que, en nombre de la humanidad entera, se manifiesta en forma de oración: “Pido perdón/a los hijos del Hombre,/a los hijos de los hijos del Hombre.//Perdón/por los cántaros vacíos,/por cada cauce desierto,/por infringir los eriales, perdón”. No hay consuelo para el padecimiento, ni catarsis trascendente. Al contrario, la pena se extrema más aún ante la comprobación de que el descreimiento vence sobre la fe, último baluarte de esperanza: “La fe se reía como arena/huida entre los dedos,/cuando se quiere atrapar/un pretexto de esperanza”. O bien: “[…]. Tenías hambre./Sentías miedo./Tenías hambre./Dios no existía. […]”. La experiencia del mal, ejercido por la criatura humana y traducido en dolor para la criatura humana conduce al sujeto poético a la indignación y a maldecir a un Dios en el que tampoco él cree: ¿Y Tú?/¿Dónde estás ahora?/¿Por qué no regresas/para refundar las piedras/y expulsar/a los dueños del mercado?/[…]”. Si bien no hay redención, sí al menos el bálsamo de la poesía para aplacar la angustia de una existencia desprovista de todo: “La eternidad llegó/en papeles que envolvieron/cada uno de los versos/[…].//Ellos fueron, al fin,/[…]//La luz de todos los terrores”.

El poemario, concebido como un único poema, un largo lamento de principio a fin, está dividido en diez momentos poético-emocionales, que ocupan las páginas de la derecha y rememoran la vida del doliente reviviendo el tormento pasado, mientras que en las páginas de la izquierda se compone, en cada caso y en letra cursiva, el poema sobre el correspondiente de la derecha, una reflexión desde el momento actual de la voz poética, que a la vez que rinde homenaje a los más vulnerables, alza su voz contra la desmemoria, entregando el poemario al recuerdo: “Nos reclaman desmemoria/quienes riegan crisantemos./En vano arrojan guijarros/sobre los úteros vacíos/de la Tierra”. Haciéndose eco de la poesía visual, los poemas juegan a menudo con el diseño de un dibujo, que aporta un componente estético añadido.

De Amelia Díaz Benlliure se ha publicado también en España el poemario Manual para entender las distancias (2011).

 

© Anna Rossell 

La verdad sobre el caso Harry Quebert_Joël Dicker

La verdad sobre el caso Harry Quebert_Joël DickerEsta vez una de suspense. Ha sido Premio Goncourt des Lycéens, un curioso premio dotado con 10 euros, pero de reconocido prestigio. Su autor, poco conocido, ya es uno de los que está dando que hablar y lo seguirá haciendo en el futuro.

La historia parece simple, a simple vista. Una joven de quince años, Nola Kellergan, es asesinada en 1975 en Aurora, New Hampshire. En 2008 Marcus Goldman, un afamado y joven escritor sufre el síndrome de la “hoja en blanco” y acude al que fue su mentor y amigo desde la Universidad, allá por 1998, Harry Quebert.

Ya tenemos la situación temporal. La vida de Nola, las preocupaciones de Marcus, su miedo a no volver a poder escribir, y la amistad que se va forjando entre Harry y Marcus en los años universitarios de este último. Tres planos que irán encajando de forma precisa y con gran acierto por parte del autor.

En la casa de la playa de Harry, Marcus descubrirá la relación que unía a Nola y a Harry, una inquietante relación entre una adolescente de 15 años y un profesor universitario de 34. Además, el cuerpo de Nola, se descubre enterrado en el jardín de Harry. Todo parece apuntar en una única dirección. Apremiado por su editor, Marcus comenzará a investigar la muerte de la muchacha con la idea de publicar un libro sobre el caso aunque, en ocasiones, primará la fidelidad al amigo y a sus secretos.

Pese a que la historia, a veces, da vueltas sobre sí misma, es una novela de lectura muy entretenida, con giros argumentales inesperados. Cada personaje es un posible sospechoso y será el autor el que vaya conduciendo las sospechas del lector sobre cada uno de ellos. No resulta fácil concluir hasta el final quien será el asesino, o quien ha participado en el crimen, lo cual es muy de agradecer. Una novela de gran complejidad, en la que nada queda al azar; cada hilo es perfectamente hilvanado por el autor y tiene su sentido dentro de la historia.

Como anécdota, los capítulos están numerados en orden decreciente, desde el 31 al 1. Lo dicho, recomendable y muy, muy entretenida.

CRISIS COMO OPORTUNIDAD

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Arno Geiger, El vell rei a l’exili,,
Trad. de Ramon Montón,
Ed. Proa, Barcelona, 2013, 199 págs.
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Geiger (Todo nos va bien)
por Anna Rossell
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Entrañable este pequeño libro del austriaco Arno Geiger (Wolfurt –Austria-, 1968), de quien en España conocemos “Todo nos va bien”(El Aleph, 2006), publicada también el mismo año en catalán por el sello Empúries, “Tot ens va bé”, una de sus novelas más logradas, galardonada en 2005 con el Deutscher Buchpreis de los editores alemanes, uno de los más prestigiosos en esta lengua.
Como ya hiciera entonces a partir de la herencia de la casa familiar del protagonista, el autor se sumerge de nuevo en el pasado. Parece como si Geiger se sintiera especialmente cómodo en este registro, aquél que a partir de los objetos, detalles y gestos da pie a la reflexión y a la reconstrucción de la historia, la de su país o la personal, ligadas entre sí.

Sin embargo “El vell rei a l’exili”, publicada también este año en español por El Aleph (“El viejo rey en el exilio”), no es una novela, sino un ensayo intimista en el que Geiger nos ofrece un regalo lleno de ternura y esperanza, un texto biográfico en el que narra la relación de un hijo con su padre a partir del momento en que éste enferma de Alzheimer y se manifiestan sus primeros síntomas.
Lejos de desunir y destrozar las relaciones familiares, la enfermedad de August Geiger, que al principio, cuando los signos de la demencia no fueron convenientemente identificados,
amenazaba con aniquilar la paz y la armonía, se torna una maravillosa oportunidad de acercamiento y de aprendizaje, la ocasión que la vida brinda a la familia para conocer a un August distinto, a veces incluso más cercano. A un ritmo ralentizado, como si el tiempo de la narración se acompasara a la nueva vida del enfermo, Arno Geiger nos abre su intimidad y nos descubre, paso a paso, el nuevo y precioso vínculo que va naciendo entre él y su padre. En congruencia con el carácter reflexivo del libro, el autor sabe crear un ambiente interno sosegado que contagia al lector, que se adentra en la lectura con la plácida serenidad de quien asiste a una liturgia mágica.

Más allá del inestimable consuelo y de la ayuda que puede proporcionar a aquellos que se encuentren en una situación similar, el libro supone una gran enseñanza: mientras haya vida siempre habrá oportunidad. Ésta es la lección que aprende y transmite Arno. Él, que nunca tuvo una relación digna con su padre; él, que había convivido tantos años con August ignorando tantas cosas de su pasado y los motivos de sus rarezas, ahora intuye y descubre las claves de su distancia. La enfermedad le reta a encontrar un código distinto y él acepta el difícil desafío, un desafío del que sale airoso y enormemente enriquecido. Con exquisita sensibilidad y una capacidad de observación que sólo proporciona el afecto y la naturaleza delicada de quien escribe, Geiger se acerca a su padre intentando imaginar el caos mental que lo domina, los miedos a los que ha de enfrentarse, la inseguridad, la desorientación, la frustración. En un gesto de empatía hacia su padre, Arno evoca el mundo incomprensible que desde hace un tiempo habita August para comprenderlo y puebla su camino de aprendizaje de reflexiones que constituyen un verdadero tesoro. El libro, que está salpicado de preciosos diálogos entre padre e hijo o de voces diferentes a la del narrador, que el autor distingue del hilo narrativo en cursiva, adopta un carácter casi poético y con mucha frecuencia las afirmaciones o respuestas de August –supuestamente inconexas e incoherentes- se acercan a las inteligentes aserciones de un Kafka o un Thomas Bernhard, como el mismo autor apunta.
Reflejando el cambio psicológico de la voz narradora, el último capítulo adopta una cadencia distinta, un carácter más enumerativo en las reflexiones, que ahora se ven potenciadas por los diálogos con otros inquilinos del hogar de ancianos en el que ha empezado a residir August. La narración no termina con la muerte de August, sino que queda abierta, como abierta queda también la relación entre padre e hijo. Todo un homenaje de Arno a su padre, y un acto de inteligente humildad de quien sabe reconocer lo que vale la sencillez y leer los signos del cariño donde otros ven sólo confusión y desorden.

© Anna Rossell

Entrevista a Iván Montero, autor de “El lamento de Aasm”

Ivan_Montero_1Tras su aparente desaliño se esconde un hombre inteligente, buen conversador, Barcelonés de origen extremeño, con mirada incisiva e inquieta; parece que va a beberse de un trago todo lo que está ocurriendo a su alrededor. Además de su formación científica y técnica es multidisciplinar, por eso entre otras muchas cosas, recorrió bares y cafés-teatro cantando sus propios poemas guitarra en ristre, y ahora nos sorprende con su saga de novelas, que a buen seguro darán que hablar pues calidad y entretenimiento no le faltan.

Iván Montero es un escritor con muchas ganas, y tal vez sea heredera la ilusión de saber que tiene algo grande y bueno entre sus manos.
Pregunta: En estos momentos de desencanto y dificultad generalizada, y con lo difícil que es publicar, de donde sacas fuerzas para escribir una obra tan extensa como la que tienes entre manos? Y teniendo en cuenta que seguramente aún no vivas de la escritura.
Respuesta: Precisamente por vivir estos momentos tan difíciles para la inmensa mayoría de nosotros, aquella parte que reside en nuestro interior y que, en definitiva, es la que nos hace Vivir —debería ponerse en mayúsculas—, ha de ser escuchada y atendida; el resto son horas robadas que de nada sirven si no es para pagar nuestras deudas y no quedar excluidos de este despiadado sistema. Educar a un hijo y compartir nuestro tiempo libre con él, reunirnos con nuestros amigos, familiares o amantes, tocar un instrumento o, incluso, leer un libro son, en definitiva, la vida, porque nos aportan alegría y nos hacen sentir, por un brevísimo instante, tal vez, libres.
Esta crisis, casi frivolizando, se puede reducir a un sacrificio —impuesto— de estos pequeños momentos en favor de los otros (los que nada más que dinero nos prestan).
Pese a todo, por suerte o por desgracia, parece ser que ésta es la idiosincrasia de este país, pues Cervantes ya hizo mención a ello en el Quijote cuando escribió algo parecido a: ‘año de hambre, año de poesía’. ¡No hemos cambiado tanto!
En cuanto a mí, la trama de esta obra se fue fraguando en mi mente durante varios años (largas horas de viaje de casa de mis padres a la universidad o, más tarde, hasta en el trabajo). Lo cierto es que no me planteé si era extensa o no: me gustó y sentí la necesidad de escribirla. Ése era el primer paso: pasar de la idea a la palabra, de la palabra al hecho. El resto —edición, críticas y un largo etcétera que aún ha de llegar y que desconozco— no había entrado, entonces, en juego. Al fin y al cabo, cayendo en el tópico, escribir es una carrera de fondo en la que, como en todo, se ha de disfrutar del trayecto sin pensar en la meta.
Así pues, por mi parte, he tenido la gran suerte de tener que sacrificar únicamente horas de sueño para dedicarme a escribir.
Pregunta: Lo de escribir te ha acompañado siempre o surgió en algún momento de tu vida? Cuál es tu formación, te consideras autodidacta?
Respuesta: Desde siempre, me he dedicado a soñar, a inventar historias y a contarlas, con la única intención de entretener a mis oyentes; ¡he sido bastante payaso, afortunadamente!
Siendo bastante joven, me inicié en el solemne mundo de la poesía —simples trazos que rimaban, sin métrica ni estructura alguna—, con el claro propósito de plasmar, sobre papeles clandestinos que fueron a parar al olvido, las frustraciones amorosas de un adolescente.
Recuerdo, sin embargo, el momento en el que me dediqué a escribir la primera página de ‘El Lamento de Aasm’, cuando éste aún no tenía ni título. Por aquel entonces, me encontraba estudiando Matemáticas —en concreto, la asignatura ‘Historia de las Matemáticas’—, cuando el profesor resaltó —con halagos que, aún hoy, considero exagerados— mi particular forma de escribir. Aquello me hizo pensar: «¿y por qué no?».
No obstante, escasa fue la dedicación que le di, pues viré hacia las odas y los sonetos sin contemplación alguna, posiblemente para tratar de camuflar mis enormes lagunas en el arte de tañer la guitarra; que, por aquel entonces, también emergía en mí.
Pese a haber estudiado carreras de ciencias (Estadística y Matemáticas), siempre disfruté con una novela entre mis manos, un poema el-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-i-330en mi memoria y los versos de alguna buena canción tarareados entre mis labios. Eso, haber atendido (nunca como hubiera debido) a mis profesoras de literatura y lengua castellana (en la EGB y en el instituto) y el haber sentido la necesidad de leer y observar la estructura de los clásicos —y de los que no lo eran tanto— han sido el único aprendizaje con el que he contado para escribir como lo hago. Supongo que sí soy autodidacta, o, tal vez, mediocre alumno a distancia de los grandes escritores, poetas y cantores.
Pregunta: Ha salido ahora la versión ebook de “El Lamento de Aasm”, la primera parte que ocupa dos volúmenes. Para cuándo el libro impreso. Por qué no sale todo junto, acaso la gran promoción será para 2014?
Respuesta: Mi idea primera era que ‘El Lamento de Aasm I. El Triángulo de Gnurk’ hubiera sido editado en un único volumen. Sin embargo, su enorme extensión obligó a que éste fuera dividido en dos partes. Por fortuna, su estructura facilitó esto, pues se compone de dos libros.
Habiendo hablado con mi editor, acerca del asunto, parece ser que el formato papel sí será lanzado como un único tomo; algo que, debo confesar, me agrada enormemente, dado que así fue concebido en origen.
Realmente, tengo grandes expectativas en cuanto a la promoción de la novela que el año próximo promete. Poco puedo decir, sin embargo, en cuanto a esto; sólo que ansío embarcarme en esta aventura que va a representar, para mí, una experiencia sin parangón hasta ahora.
Pregunta: Crees que editoriales como Amarante son el nuevo modelo editorial que habrá que tener en cuenta? Te planteaste autopublicar ahora que hay facilidades para ello, cuál fue la clave para no lanzarte en solitario a Amazon u otros?
Respuesta: Editoriales como Amarante demuestran, con hechos, que apuestan por la literatura y no por un nombre.
Para un novel, resulta extremadamente difícil y arduo lograr que alguien con decisión y criterio se decida a estudiar su obra. Hasta ahora, nos hemos encontrado en un sistema en el que sólo importan los grandes beneficios y, por consiguiente, no se ha prestado atención a aquello que, a priori, sólo aporta costes —comprensible, por otro lado—; perdiendo, de este modo, la oportunidad de hallar enormes joyas literarias y, asimismo, la propia naturaleza de lo que debiera ser una Editorial.
Quiero hacer referencia a John Kennedy Toole, junto con su ‘La conjura de los necios’, y a J.K.Rowling, autora de la saga de ‘Harry Potter’, por ejemplo. Son autores que hubieron de luchar mucho para lograr que sus obras vieran la luz (cosa que no sucedió con Toole, que, ante tanto rechazo, terminó suicidándose y hubo de ser su madre quien tomara el relevo). ¿Quién puede asegurar que no hay obras de autores como ellos, que, lamentablemente, no han podido gozar de este final?
La existencia de estas editoriales —mal llamadas modestas— es la que permitirá —si no lo hace ya— que los lectores sigamos disfrutando de majestuosas obras. Pensemos, además, que esto repercutirá también, favorablemente, en otros aspectos artísticos como son el cine o el teatro. Con seguridad, serán ellas las que lograrán que el mundo de la literatura no termine como el de las discográficas: engrillado a la decisión de unos pocos que sólo buscan un rostro bonito y una voz de encanto sin aportar nada nuevo. ¿Te imaginas a Bob Dylan o a Joaquín Sabina tratando de abrirse un hueco en el mundo de la música, hoy en día? Pues ésa es la solución que aportan editoriales como Amarante para la literatura.
Poco antes de terminar mi primer volumen, estuve indagando en el mundo de la autoedición, pero temí que con ello me saltara un paso de los más importantes; yo no quería simplemente el fin para mi obra: verla publicada. Deseaba, además, ponerla a prueba anteel-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-ii-330 un tercero —profesionales—, convencerme de que sí valía la pena ver mi libro en el estante de una librería o colgado en una página web de venta online.
Al fin, mi obra ha logrado esto. Ahora, habrá de ser el lector el que juzgue el resultado de tantas horas de trabajo.
Pregunta: Cómo es tu vida a diario? Barcelona puede ser un buen lugar para catapultarte en un futuro, te relacionas con otros escritores o con personas del sector?
Respuesta: Durante más de una década, me he dedicado —y lo sigo haciendo— a una rama profesional que poco o nada tiene que ver con la de ser escritor: analista-programador informático. Desde hace ya varios años, procuro, sin embargo, escribir cada día, al menos, una página completa de mi libro; siempre robando tiempo al tiempo para dejar constancia de que esa jornada ha sido bien empleada. En ocasiones, al llegar a casa o por correos o mensajes, suelo atosigar a mi pareja —la cual es uno de los pilares fundamentales que me permiten escribir con la ilusión con la que lo hago— con ideas variopintas (indescifrables muchas veces para ella, pues trato de no estropearle las sorpresas que esconde la novela; dado que es la primera lectora con la que me topo) o frases absurdas al estilo de: «¡Ya lo tengo! Ya sé cómo va a continuar… ¡Verás!». Asimismo, no pasa una jornada, tampoco, sin que lea —o relea— noticias, blogs, parte de un libro o, incluso, el prospecto de un medicamento: siempre se ha de buscar esa palabra nueva que derivará en una inesperada situación de la novela que, sin ella, no se me hubiera ocurrido.
Vivir en una ciudad tan destacable y cosmopolita como lo es Barcelona puede ser, indudablemente, una muy buena forma de explotar una obra de cualquier tipo. Sin embargo, hoy, gracias a las redes sociales —a las que, debo decirlo, siempre he sido reacio—, poco importa ya dónde viva uno para tener acceso a los contactos profesionales adecuados que ayuden a promocionar un buen trabajo.
Pregunta: Háblanos de tu libro, “El lamento de Aasm.”
Respuesta: En principio, debo decir que es una historia extensa —actualmente la englobo en cuatro volúmenes como el que presento; esto es, en ocho libros— de la que sólo conozco lo que podría denominar ‘su estructura ósea’; es decir, los grandes rasgos de la obra.
Poco a poco, según he ido rellenando hojas, los personajes, sorprendentemente, han ido tomando sus propias decisiones y yo, tecleando, sólo he tenido que seguirlos hasta darme cuenta de que han abierto un abanico —doy mi palabra de que esto es así— que ha dado cabida para que nuevos decorados, actores y situaciones tengan lugar en la novela. Lo que más me ha llamado la atención es que todo está correlacionado de forma sorprendente, dejándome a mí como puro cronista de los acontecimientos. Esto, posiblemente, se debe a que todos y cada uno de ellos poseen un pasado —omitido o no en la obra— y unas filias y unas fobias que los definen unívocamente en mi mente y que, indudablemente, les hacen reaccionar del modo en el que actúan. Esto me hace saborear de manera especial la creación de este libro; pues me siento como el primero de los lectores, con la particularidad de que puedo modificar algunas características de la trama.
Paralelamente, trato de resaltar aquello que más me gusta y procuro mejorar —tras incontables lecturas y en la medida de lo posible— los puntos que se me antojan más débiles (a excepción del capítulo ‘Preludio’, que lo he releído decenas de veces y no he logrado hacerlo menos descriptivo).
Asimismo, el hecho de haber dibujado un mapa de la tierra de Aasm me facilita, enormemente, el ubicar razas, gestas y acontecimientos en la novela. Es como realizar un examen de historia; con la salvedad de que el contenido lo voy inventando yo.
Por otro lado, se encuentran los lenguajes: una de las partes más complejas de este proyecto. Algo que, pese a que algunas reglas ortográficas ya han quedado resueltas en dos de los ficticios idiomas, no sé si alguna vez lograré sacar a la luz como apéndice para lograr interpretar las frases que aparecen a lo largo de la obra. Esto ha generado la existencia de ciertos nombres que, para muchos, han representado una complicación en la lectura y que me ha hecho colgar un pequeño diccionario de los principales personajes en mi blog.
Pregunta: Por qué una obra tan extensa?
Respuesta: Lo cierto es que en ningún momento me planteé la extensión de la obra. De un modo u otro, la idea se fue fraguando en mi mente y, lentamente, decidí plasmarla sobre el papel. Cuando comencé a ver que las páginas se acumulaban del modo en el que lo han hecho, sí me di cuenta de que aquello podía jugar en mi contra —para un autor novel, ofrecer una obra tan magna representa un hándicap importante; pues el coste de edición es proporcional al tamaño de la obra—. Sin embargo, he tenido mucha suerte al dar con editorial Amarante, que no han dado demasiada importancia a esta característica.
Pregunta: Qué destacarías como lo más positivo de la novela?
Respuesta: Dar una respuesta a esta pregunta, siendo yo su autor, es bastante difícil.
Sin embargo, si debo destacar un detalle, creo que me decantaré por el protagonismo que las mujeres poseen en la obra; algo que echo de menos en ciertos libros de este género y que considero no bueno, sino fundamental. La vitalidad y ese punto de vista que ellas tienen tan optimista y generoso de las situaciones adversas —y que tanto nos cuesta explotar a los hombres—, creo, aportan una esencia característica y agradable en la novela.
eslogan IvánPregunta: Creo que es difícil encuadrarla. Ni fantasía ni historia. Medievalismo-ficción?
Respuesta: El entorno medieval que Europa vivió a lo largo de su historia ha sido el marco perfecto para muchos relatos ficticios. Creencias que a día de hoy nos parecen simples supercherías de un tunante fueron seguidas a pies juntillas por naciones enteras (donde los poderosos no quedaban rezagados en tales doctrinas supersticiosas). Esa ignorancia generalizada, esos miedos y ese salvajismo ayudan enormemente a caracterizar a muchos personajes del género fantástico. La magia, en innumerables casos, no ha sido más que ciencia desde el punto de vista de la incultura más pertinaz. Supongo que por ello los escritores del género nos sentimos cómodos desarrollando estas obras bajo este marco político-social o uno similar.
En ‘El Lamento de Aasm’, he tratado de pormenorizar —hasta donde mis conocimientos me lo han permitido— cierta realidad, incluyendo su crudeza, desde un punto de vista de esa época. Por ejemplo, en las heridas que las armas ocasionan a los personajes o en las enfermedades que sufren, así como sus remedios, o, incluso, en las obras arquitectónicas que describo. Asimismo, también es tangible una jerarquía de clases —reyes, señores feudales, militares, plebe…—, desde la que se respira el autoritarismo de los gobernantes. Por consiguiente, puedo decir que, en efecto, existe cierto medievalismo en mi libro.
Dicho esto, ya sea por ciertos poderes extraños que algunos personajes poseen (los Siervos, las gnurkyah, etc.) y/o por esas extrañas razas que van a ir aflorando a lo largo de toda la novela, el género fantástico aparece, indiscutiblemente también, en ella.
Si tuviera que diseccionar el libro según su género, diría que, para la primera mitad, el medieval se impone en la obra para ceder su hegemonía al fantástico, en la segunda.
Pregunta: Y las influencias? Habrá algo más, imagino, aparte de “El señor de los Anillos”?
Respuesta: Por supuesto. Es evidente que cualquier libro que se escriba de este género, inevitablemente, va a ser comparado con la obra de Tolkien —y eso, indudablemente, es un halago y un peligro; pues es una auténtica obra maestra—. No obstante, es también ineludible —y sano— el hecho de dejarse influenciar por otras obras. En mi caso, vienen a mi cabeza varias. Podría mencionar ‘Los Pilares de la Tierra’ de Ken Follet, dada la crudeza que utiliza para describir ciertas miserias, ‘El Médico’ de Noah Gordon, por su excelente forma de narrar los profundos desconocimientos médicos (aludiendo a la respuesta anterior) de la sociedad de aquella época o, incluso —pese a que parezca complicado relacionarlo— ‘La Ilíada’ de Homero; dada la dinámica con la que cuenta los enfrentamientos de las batallas.
Asimismo, debo decir que Tolkien —tal como él mismo afirmó en alguna de sus muchas cartas— se identificaba con los hobbits; pues amaba los jardines, la buena comida sencilla y no viajar. Eso mismo se respira en su obra, pues todo sucede contra la voluntad de sus protagonistas; que viven a una serie de situaciones ansiando no tomar parte en ellas. En mi caso, podría decir que me identifico más con los magos; pues parece ser que —no sólo en mi vida personal, sino en la obra que he escrito— los personajes tratan de acudir, por diferentes causas, al meollo de los conflictos. Supongo que ésa es una de las muchísimas diferencias entre ambas obras. Al fin y al cabo, ‘El Lamento de Aasm’ es una novela de magos.
Pregunta: Si tuvieras que definir “El lamento de Aasm” con dos o tres frases, por cuales te decantarías?
Respuesta: Posiblemente, haciendo referencia a la pregunta anterior, diría que, al margen de ser la típica batalla del bien contra el mal —donde no termina de quedar claro qué es cada una de estas interpretaciones éticas, pues existe la relatividad que aporta el punto de vista desde el que se contempla cierta situación—, es un cuento de magos, con sus consecuentes cambios de ritmo —así como ellos trocan entre la risa y el enojo alternativamente— y sus anhelos por someter o eximir Aasm a su voluntad.
Pregunta: Indícanos un párrafo breve de la novela que pueda enganchar al lector a esta magna obra.
Respuesta: Es bastante complicado dar una respuesta que pueda atraer a los lectores, pues, en muchas ocasiones, no terminan de coincidir o, incluso, poseen apreciaciones antagónicas acerca de una misma lectura.
Personalmente, considero que el siguiente párrafo —extraído del capítulo I de la segunda mitad— defina el origen de la trama que rodea y da sentido a ’El Lamento de Aasm I. El Triángulo de Gnurk’:
[…]
La imagen de lo que contempló provocó que un grito de espanto, apagado por los nervios, muriera entre sus labios mientras la ahogaba durante unos instantes: su hermano, desnudo, se encontraba a cinco o seis metros de ella, fuera de la protección del fuego y de las grandes rocas entre las que habían descansado a lo largo de toda la noche, detenido sobre la densa capa de nieve y sentado a los pies de una inmensa bestia cuya raza Giurka jamás había contemplado en toda su vida. Se trataba de un enorme lobo huargo. Sus ojos, ocres como el mismísimo ámbar, se clavaban fijamente sobre el pequeño mientras su ronca respiración provocaba el ruido que, al principio, había logrado alterar sus sentidos.
De nuevo, la presión de Alheix logró aplacar el impulsivo movimiento que su cuerpo solicitaba para ponerse en pie.
— ¡Fijaos bien en lo que estáis viendo, Giurka! —susurró el mago a su lado, sin dejar de sujetarla.
Fríamente, Giurka comenzó a estudiar la situación. Su hermano, sentado sobre la blanca superficie, ni lloraba ni hacía ningún gesto que denotara impaciencia o malestar. Tampoco observó indicio alguno de que se encontrara divirtiéndose; como cualquier bebé que jugase con un perro. Simplemente, estaba sentado y observaba a la bestia con serenidad; si esa característica podía ser entendida en un niño de escasos tres meses.
Por su parte, la bestia había adoptado una actitud que no parecía, en absoluto, peligrosa. Quizá se equivocara, pero, a la Señora de Gnurk, le pareció que aquel animal estaba rindiendo pleitesía al pequeño: a su propio hermano. […]
Cuando llegó, su mirada se cruzó con la de Alheix. Tal vez, la mujer se estuviera equivocando o, incluso, los nervios que había pasado estuvieran ofuscando su percepción de la realidad. Sin embargo, la sensación que tuvo fue que, al Hilven, aquello no le había desagradado tanto como ella hubiera deseado. Incluso pensó que, durante un instante, en la mirada del mago se había mostrado una fugaz sonrisa.
[…]

Pregunta: Puedes expresar lo que desees sobre tus preferencias, aficiones, pensamientos, ideas, etc. Y agradecerte que te hayas prestado amablemente a esta entrevista.
Respuesta: Creo que esta es, sin parangón, la pregunta más difícil que me haces. Aquéllos que me conocen saben, además, que puede ser contraproducente, dado que, según afirman —y debo creerlo—, si me permites expresarme coloquialmente, me enrollo sin parar.
Quisiera haceros saber, sin embargo, que, indudablemente, las expectativas que sobre esta obra deposito son enormes, pues, aunque muchos puedan llegar a opinar que es mejorable en muchísimos aspectos, he de reconocer que, tras haberla releído en más de diez o quince ocasiones, siempre la he disfrutado y la he vivido como si estuviera escribiéndola en ese mismo instante. Es decir, no ha habido ocasión en la que me haya dicho: «Iván, has escrito un tostón». Más bien, ha sido todo lo contrario; pues ha mantenido el mismo espíritu que quise cincelar en ella cuando la fui urdiendo. Sólo espero que los lectores la disfruten tanto como yo la he saboreado durante tantos años de trabajo.
Asimismo, reconozco que, para aquel grupo de lectoras y lectores que les guste indagar en las frases y en sus ambiguos significados, he ido volcando pensamientos e ideas que, en efecto, son bastante personales —creo que es muy complicado que un autor pase de puntillas sobre una obra sin hacerlo; al menos, yo no he podido—. Sin embargo, estas ideas pueden ser entendidas —o malentendidas— por cada uno a su gusto y libre albedrío; no voy a ser yo —que me he caracterizado siempre por pensar que es el lector el que posee la hegemonía de la interpretación de la obra— en decir qué he querido decir con cada una de estas expresiones.
Durante estos últimos meses, me he ido introduciendo en la creación de la segunda parte de ‘El Lamento de Aasm’. Tal vez, llegue el momento en el que pueda dedicar más tiempo a su desarrollo. Sin embargo, sea como fuere, nadie podrá impedir que un paternal orgullo se haya instaurado en mi interior cada vez que veo la obra de la que ahora hablamos.
Con esto último, deseo animar a todas aquellas personas que hayan arrinconado sus más idílicos —o no tanto— proyectos, por falta de tiempo o recursos, a que desempolven sus ajados relojes para sacrificar unas pocas horas de sueño cada día y entregárselas a eso que, al fin y al cabo, es lo que va a sacudir de sus solapas la mancha gris de la mediocridad del sistema que nos atenaza.
Antes de terminar, vuelvo a agradecer a todo el equipo de Editorial Amarante, tras él, hay un grupo de profesionales que se esfuerzan a diario por lograr que obras como la mía estén al alcance de todos—, a mi familia y a mi pareja; sin la que, como ya he escrito en algún lugar del libro, ha ido enardeciendo a este Triángulo de Gnurk.
Espero que ya sepáis qué libro/ebook regalar para estas fiestas; al fin y al cabo, no hay nada como regalar sueños.

Podéis encontrar el ebook en la web de Editorial Amarante o en amazon: http://editorialamarante.es/ebooks/ficha/el-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-i

Eladio Martín, para “Crítica de Libros”
Diciembre, 2013

 

TOPOGRAFÍA DEL DOLOR

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Tuya es la voz
Amelia Díaz Benlliure
Los Libros de la Frontera.
El Bardo, colección de poesía, Barcelona, 2013, 68 págs.
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tuya_es_la_voz

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por Anna Rossell
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Hay una poesía tallada con el cincel de la razón, de arquitectura sopesada, construida desde la distancia reflexiva y analítica, y otra esculpida desde la herida abierta, escrita desde la inmediatez del dolor profundo y vivo, que busca en las palabras del poema el alivio que procura el saberlas pronunciadas, ver mitigado el desconsuelo en el momento en que adopta forma y cristaliza en verbo. La poesía de Amelia Díaz Benlliure (Castellón, 1959) pertenece a esta última especie.

“Tuya es la voz” es un poemario dedicado a un ser querido, es fruto de una vivencia personal de la poeta. Sin embargo Díaz sabe encontrar un registro que eleva esta experiencia a la categoría de universal. Así podría decirse que este libro es un homenaje a las víctimas más sensibles de las guerras, los niños a quienes se ha arrebatado el esencial derecho de la infancia, que han visto morir a sus seres queridos y cuyo alimento ha sido el sufrimiento y la frialdad que inocula la ausencia de cariño, la que se respira en un lugar que no es lugar y que marca para siempre la vida.
El poemario es un recorrido por una de estas vidas, que podría ser la de tantos otros de su misma condición. El punto de partida es la agonía, el tormento que, eterno compañero fiel del tú que evoca e invoca la voz poética, protagoniza el tránsito de éste hacia la muerte. La voz poética rememora, desde este punto agónico del invocado, el sufrimiento de toda su trayectoria vital, al tiempo que refleja la infinita ternura que éste suscita en el sujeto poético: “Sus manos contaron memorias/de los niños sin padres/recluidos entre sombras,/en templos profanados/tras el exilio de los dioses”. La lectura es pues un viaje por la topografía del dolor, por todos sus repliegues, pero también por la compasión en el sentido genuino de la palabra, por la sintonía y empatía con quien sufre, nos descubre lo más sensible del afecto humano, nos desvela las claves de la compenetración: “Llenaba la piel de gritos/el susurro gélido de sus años tiernos”. La comunión con el dolor ajeno lleva al sujeto poético a la indignación por la impotencia de quien ve en estas vidas marcadas en su inicio un destino recurrente sin alivio, sin salida: “La injusticia, la ironía/de una cinta de Möbius/inmortal”. La conciencia de lo injusto, extremada a la vista de la aflicción ajena, deviene culpa en la voz poética, una culpa heredada por el dolor causado en todo el universo, como pecado original que, en nombre de la humanidad entera, se manifiesta en forma de oración: “Pido perdón/a los hijos del Hombre,/a los hijos de los hijos del Hombre.//Perdón/por los cántaros vacíos,/por cada cauce desierto,/por infringir los eriales, perdón”. No hay consuelo para el padecimiento, ni catarsis trascendente. Al contrario, la pena se extrema más aún ante la comprobación de que el descreimiento vence sobre la fe, último baluarte de esperanza: “La fe se reía como arena/huida entre los dedos,/cuando se quiere atrapar/un pretexto de esperanza”. O bien: “[…]. Tenías hambre./Sentías miedo./Tenías hambre./Dios no existía. […]”. La experiencia del mal, ejercido por la criatura humana y traducido en dolor para la criatura humana conduce al sujeto poético a la indignación y a maldecir a un Dios en el que tampoco él cree: ¿Y Tú?/¿Dónde estás ahora?/¿Por qué no regresas/para refundar las piedras/y expulsar/a los dueños del mercado?/[…]”. Si bien no hay redención, sí al menos el bálsamo de la poesía para aplacar la angustia de una existencia desprovista de todo: “La eternidad llegó/en papeles que envolvieron/cada uno de los versos/[…].//Ellos fueron, al fin,/[…]//La luz de todos los terrores”.

El poemario, concebido como un único poema, un largo lamento de principio a fin, está dividido en diez momentos poético-emocionales, que ocupan las páginas de la derecha y rememoran la vida del doliente reviviendo el tormento pasado, mientras que en las páginas de la izquierda se compone, en cada caso y en letra cursiva, el poema sobre el correspondiente de la derecha, una reflexión desde el momento actual de la voz poética, que a la vez que rinde homenaje a los más, alza su voz contra la desmemoria, entregando el poemario al recuerdo: “Nos reclaman desmemoria/quienes riegan crisantemos./En vano arrojan guijarros/sobre los úteros vacíos/de la Tierra”. Haciéndose eco de la poesía visual, los poemas juegan a menudo con el diseño de un dibujo, que aporta un componente estético añadido.
De Amelia Díaz Benlliure se ha publicado también en España el poemario “Manual para entender las distancias” (2011).

© Anna Rossell