Mephisto- Waltzer
Una mujer separada de su marido, lee un relato que él le envía, trufado de referencias musicales y artísticas.
El relato veneciano de Billie Upward
Billie Upward es una escritora, autora de Closeness and Fugue, un libro de esos de "qualité" que no lee nadie, ejem. El autor nos cuenta la trama, que versa sobre una chica, Alice, a la que sus padres envían a estudiar a Suiza y va en viaje de fin de curso a Venecia, donde le suceden ciertas aventurillas.
Asimetría
Dos hermanas mexicanas recuerdan a su padre asesinado.
Nocturno de Bujara
Extraño y surrealista viaje a Samarcanda.
Comentario:
Como ya se habrá visto por los resúmenes que he hecho, no es fácil contar las "historias" que narra este libro de relatos, ya que la trama es mínima, y eso que en uno de ellos, en boca de uno de los personajes, se habla de la necesidad de que la prosa esté al servicio de la trama o algo así.
Está claro que quien abra este libro y disfrute de él será por razones ajenas al argumento, como pueden ser la magia, su sentido de la maravilla, el surrealismo, el gusto por el viaje imaginario, la metaliteratura y esas cosas tan intelectuales que suelen apartar al lector medio de los libros, para extrañeza y espanto de las instituciones académicas.
No puede negarse, en ese sentido, que Pitol ha creado un libro muy bonito, que recuerda a Borges, o a Calvino (por las menciones a las ciudades), quizás un poco menos intelectual, pero aún demasiado abstracto, demasiado cerebral, erudito y complejo como para que sea asequible a los lectores normales. Además, está repleto de referencias tanto de la música como de la literatura, la mitología, etc.
En el primer relato, por ejemplo, y para mantener la coherencia, se echa mano de la música.
"Hay en el relato (abre la revista, busca el párrafo para convencerse de su existencia, y, al comprobarlo, suspira complacida) una referencia pasajera al concierto oído por ambos en París después de su matrimonio y comprueba que su abatimiento ha sido tal que basta ese mínimo signo para por el momento sentirse homenajeada. El narrador (porque Guillermo crea una distancia entre él y su relato a través de un narrador, mexicano como él, y también como él residente por un breve tiempo en Viena) se refiere al concierto en que oyó por primera vez al pianista y recuerda que, en el momento en que se levantó para agradecer los aplausos, su mujer -sí, ella, la que tendida en la litera de un vagón de ferrocarril viaja de Veracruz a México y lee una revista literaria-, al ver las sienes bañadas de sudor del pianista, comentó (aunque en el momento en que lee está casi segura de no haber dicho tal cosa) que el efecto de esas gotas que se le deslizaban por las sienes y bañaban sus mejillas le hacía pensar en el rostro de un joven fauno que volviera de hacer el amor"
En el segundo, de la literatura, en especial de la obra de Shakespeare, "El sueño de una noche de verano", al hacer aparecer a personajes que llevan el nombre de Titania, reina de las hadas o de Puck. El cuarto relato es el que más me ha recordado a Italo Calvino y su obra sobre las ciudades imaginarias. En el libro hay una curiosa mezcla de realidad y fantasía; está lleno de descripciones de lugares, ciudades, edificios, citas culturales…
El estilo es limpio y elegante, muy sugerente, que varía entre lo puramente narrativo y el ensayo, un poco al estilo de Joan Perucho. La prosa es casi lo que más me ha gustado, dado que en ningún momento me he metido en el texto. Tiene un aire arcaico, como de Las mil y una noches, con historias dentro de otras historias que se mezclan y entrecruzan, y a mí particularmente, me confunden; una importancia de las ciudades con nombres de resonancias evocadoras (Viena, Venecia, Samarcanda, etc)
Como ya dije antes, todo tiene un sentido muy metaliterario: así pues habla de cierto personaje, y nos cuenta lo que ese personaje escribe, como una muñeca rusa.
"Un escritor navega siempre al borde del naufragio cuando trata de recorrer todos los tiempos que han compuesto no sólo a Venecia sino a la más polvorosa y deslucida ranchería. Y Billie no se libra por entero del ridículo y de los peligros de una retórica un tanto hueca. La protagonista ve a su acompañante salir de una función de ópera del brazo de una diva que ha cantado una Norma perfecta y a quien va a estrangular horas después en esa misma góndola funeraria; lo reconoce cuando es un griego de Siria que intenta hacer subir a las hijas de un notario a su bajel con el pretexto de mostrarles unos paños finísimos; lo descubre en el momento de espiar en el baño a sus primas y también en aquel en que con devota unción asiste a las exequias de su primera amante. De pronto se insinúa el amanecer en la laguna. A medida que la góndola avanza bajo una lluvia de oro, Venecia se despoja de su abigarrada historia. Las fachadas se asemejan cada vez más a las de la primavera de 1928; la máscara del gondolero ya no existe, y el joven que viaja a su lado se deshace del espectro de todos los hombres que esa noche ha sido para ser solamente el esbelto muchacho de talle deportivo, pómulos prominentes y dientes infantiles."
Hay mucho artista, mucho escritor, pianistas, y demás élites intelectuales, sumidos en su búsqueda y recreación de la belleza y esas cosas con las que las personas normales no solemos identificarnos. Eso no significa que el libro esté mal. Es un libro muy bien escrito, hermoso, con una prosa elegante y culta, pero desde luego no es para todos los públicos. Ideal para quien busque una lectura de sosiego, de evasión a mundos sofisticados y surrealistas compuestos a partir de las creaciones culturales de Occidente. No solo de bestsellers chapuza vive el hombre, jeje, y además, el libro es corto…
Sergio Pitol fue galardonado con el Premio Cervantes 2005.
Algunas obras:
No hay tal lugar (1967)
Infierno de todos (1971)
Los climas (1972)
El tañido de una flauta (1973)
Asimetría (1980)
Nocturno de Bujara (1981)
Cementerio de tordos (1982)
Juegos florales (1985)
El desfile del amor (1985)
Domar a la divina garza (1988)
Vals de Mefisto (1989)
La casa de la tribu (1989)
La vida conyugal (1991)
El arte de la fuga (1996)
http://reginairae.blogcindario.com/2005/12/00247-vals-de-mefisto-de-sergio-pitol.html
Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.
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Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia
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Tiempos turbulentos (Gonzalo Iribarnegaray)
La novela comienza con un listado de los principales personajes en que es inevitable notar que les ha dado apellidos según su papel en la historia.
Mientras los buenos se llaman Freeman o Fighter (hombre libre, luchador), los malos son Evildoer o Bonebreaker (hacedor del mal, rompe huesos), un poco tosco pero eficaz.
El autor cuenta la historia de varios personajes, centrada sobre todo en la venganza de uno de ellos, aunque tarda un poco en llegar a ese punto, dificultando establecer la identidad de los protagonistas. Se recrea en describir la personalidad de personajes que van a morir o salir muy poco, creando cierta confusión, algo que se repite en el reparto de protagonismo entre los dos muchachos.
Los personajes carecen de fuerza y personalidad, limitándose a ser lo que se espera de ellos, el chico bueno y vengador, el amigo fiel que arriesga su vida por él… se conoce lo que les impulsa, pero apenas tienen matices.
Los malos lo son de forma desmedida, tanto Matt Evildoer como su hijo Ken (que al menos siente miedo a la hora de enfrentarse a quien quiere traicionar), pero sobre todo el malo malísimo.
Robin Bonesbreaker es el típico malvado loco, a quien se intenta justificar relatando cómo vio que violaban y degollaban a su madre y hermanas. Lo curioso es que de tan traumatizado (y eso que a él no le hicieron nada) no se le ocurra volverse protector de mujeres indefensas, sino que prefiere tomar ejemplo y volverse como esos asesinos que tanto trauma le causaron. Como característica “original” le gusta mirar a los ojos de quienes asesina mientras mueren.
Las mujeres son las más desfavorecidas por este protagonismo coral y falta de caracterización de los personajes, reduciendo incluso el papel de Leonor de Aquitania al de una anciana llorosa que ve morir a su hijo.
El resto de personajes femeninos están ahí para ser bellas jóvenes de largas cabelleras, cuerpo voluptuoso y dientes perfectos (¡en plena Edad Media!) con el cometido de ser idealizadas como objeto de amor o violadas y degolladas como objetos sin más.
Se nota que esta es la primera novela del autor, no sólo en la falta de originalidad del argumento, más que visto y utilizado, sino además en la forma de escribir. La prosa sencilla no tiene que ser un defecto, ya que además contiene muchos diálogos que facilitan la lectura.
Sin embargo, se ve que la novela hubiera necesitado una última revisión en algunos pasajes que resultan demasiado explicativos, escenas innecesarias para la continuidad de la historia o esa repetición de los nombres de los personajes varias veces en cada párrafo cuando hay formas de evitarlo con un poco de destreza.
En cuanto a la parte histórica, quien haya leído otras novelas ambientadas en el mismo periodo notará que, sin aportar novedades (todo lo que se cuenta se puede leer en otras obras centradas en la época o encontrar fácilmente en internet), no se hace pesada, sobre todo para quienes les guste la descripción pormenorizada de batallas, formas de asaltar un castillo, nombres de las piezas de ropa y armaduras o la historia precedente de la realeza británica.
Aún con sus carencias, puede tener interés para incondicionales del género, a quienes no les importe leer más de lo mismo. Ni que el final parezca abierto a una continuación…
Además de la lista de personajes, se incluye un glosario de términos medievales y bibliografía utilizada por el autor.
Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.
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Tokyo Station (Martin Cruz Smith)
Harry Niles, hijo de misioneros, ha vivido desde niño en Japón. Desde muy joven, aprende que su posición de mediador entre dos culturas puede servirle para ganarse la vida. En el Japón anterior a Pearl Harbor, la situación prebélica le obliga a tomar partido.
Comencé a leer esta novela porque se sitúa en Japón, país que me interesa.
Sin embargo pronto se ve que todas las costumbres a las que alude el autor, y que se nota que ha investigado para reconstruir la época, ya son conocidas por otras lecturas e incluso mejor contadas.
Desde el protagonista hasta el resto de personajes, como el antagonista, los amigos o las mujeres que le rodean no dan ninguna sorpresa, todos se adaptan a los tópicos más habituales.
Relatada en un presente situado en los días previos a Pearl Harbor y aderezada con “viajes” a la niñez del protagonista (quizá lo más interesante), relata unas aventuras carentes de garra y emoción..
Se hace demasiado lenta, atendiendo a situaciones que no siempre son interesantes o necesarias para explicar la trama y los personajes, dando la impresión de ser aún más larga de sus casi cuatrocientas páginas.
Entre traiciones, muertes, algo de política y descripciones sociales japonesas transcurre una historia banal, escrita correctamente pero sin emoción ni novedades, previsible desde el principio hasta el delirante final excesivamente desmadrado.
Está muy lejos de las aventuras de Arkady Renko, y no la recomendaría a entusiastas (como yo) de las novelas protagonizadas por este personaje.
Obra:
1970 – The Indians Won
1971 – Gypsy in Amber (Gitano en ámbar)
1972 – Canto for a Gypsy (Canto por un gitano)
1975 – Human Factor (firmada como Simon Quinn)
1977 – Nightwing
1977 – The Analog Bullet
1981 – Gorky Park (Parque Gorky) (serie Arkady Renko) Premio Gold Dagger
1986 – Overture to Death
1986 – Stallion Gate (Los Álamos)
1989 – Polar Star (Estrella Polar) (serie Arkady Renko)
1992 – Red Square (Plaza Roja) (serie Arkady Renko)
1996 – Rose (Rose) Premio Hammett
1999 – Havana Bay (Bahía de La Habana) (serie Arkady Renko) Premio Hammett
2001 – December 6/Tokyo Station (Tokyo Station)
2004 – Wolves Eat Dogs (serie Arkady Renko)
http://reginairae.blogcindario.com/2005/11/00171-tokyo-station-de-martin-cruz-smith.html
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Maigret se equivoca (Georges Simenon)
Simenon vuelve a situar a Maigret entre un reducido grupo de sospechosos de asesinato, a los que ha de interrogar hasta encontrar al culpable.
Aunque pronto descubre que la fallecida tenia un amante que vive en el mismo edificio (él fue quien le puso el piso cerca del suyo) y es un famoso y carismático cirujano llamado Gouin, Maigret (o Simenon en una inteligente decisión que mantiene la intriga y la tensión), decide comenzar los interrogatorios por las mujeres que rodean tanto al médico como a su amante.
La primera es la criada de la asesinada, Desirée Brault, una ex presidiaria cuya brutal sinceridad aprecia y disfruta.
Luego la portera, Señora Cornet, que no duda en ocultarle datos necesarios para la investigación.
Además, se entera de que la joven tenía un novio músico, Pierre Eyraud (un hombre débil que no parece tener inconveniente en que su amada sea mantenida por otro), que la visitaba ocasionalmente.
La esposa del médico, Germaine Gouin, no duda en acercarse a Maigret y mantener con él una de esas conversaciones que tanto gustan al autor, en que el personaje desnuda su alma y miserias sin perder la dignidad, haciendo un conmovedor (y servil) panegírico del esposo, el gran cirujano mujeriego y vejador.
El detective habla también con la secretaria del “gran hombre”, Lucile Decaux, que niega estar enamorada de él pero intenta justificarle tanto como la esposa.
Finalmente, se entrevista con Gouin (citado por este), hacia el que siente una admiración reticente provocada por la similitud de sus orígenes y metas. Maigret también estudió, brevemente, medicina, ambos proceden de familias humildes y han triunfado en profesiones “intelectuales” (como Simenon), además de tener una visión similar, con algunos matices, del ser humano:
* “Sus ideas sobre los hombres y sus motivaciones no eran muy diferentes. Lo que les diferenciaba era su actitud frente al problema”
* “Quizá el comprender a las personas (a Magiret) le embargaba de un sentimiento hacia ellas, más que de piedad, afectuoso. Gouin les miraba desde arriba. Maigret se colocaba en el mismo plano que ellos”
Gouin es otro de esos personajes fascinantes de Simenon, un tipo vanidoso, prepotente, nada empático, que desprecia los intentos de justificarle de “sus” mujeres (“No se preocupaba en lo más mínimo sobre el efecto que causaba en los demás”)
* “Maigret hubiera preferido que Gouin mintiese. Desde hacía una hora había deseado ver mentir a Gouin siquiera una vez, pero el profesor era de una sinceridad implacable”.
De nuevo Simenon presta mayor atención a los personajes, sus personalidades y motivaciones que a la resolución del misterio, aunque en esta ocasión mantiene la intriga hasta los últimos capítulos, llegando a un clímax final de considerable interés, que incluso consigue que nos replanteemos cada una de las declaraciones hechas por sus protagonistas.
Una lectura muy entretenida, por momentos fascinante (cuando “radiografía” las personalidades de l@s sospechos@s), en que el autor consigue que se sienta una diversa gama de emociones hacia los personajes que “viven” entre sus páginas.
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La feria del progreso (Gabriel Zaid)
El libro está dividido en seis partes. Casi todas ellas están dedicadas a la literatura, al arte de leer, a la corrupción editorial o a la ágrafa sociedad actual. Pero también dedica una parte a ensayos variados y otra llamada “El progreso improductivo”, a hablar de economía. No voy a hacer un análisis pormenorizado de esta parte porque me resultó bastante densa y farragosa. En parte debido a mi ignorancia, en parte a que las circunstancias descritas en el libro ya son pasto del pasado en México y en parte a que el propio Zaíd no supo hacerme entender sus ideas. (No iba a tener yo toda la culpa, oigan). De todas formas, es una parte pequeñita del libro que no hace desmerecer al conjunto.
Ya los títulos de las distintas secciones son bonitos, sugerentes, evocadores e incluso misteriosos: “La máquina de cantar”, “Los demasiados libros” o “Cómo leer en bicicleta”. Estos títulos revelan algo acerca del conjunto de artículos o ensayitos que acogen: y es la capacidad que éstos tienen para iluminar partes ocultas de temas manidos, para hacernos adoptar nuevas perspectivas sobre temas que, de tan sobados, ya teníamos arrinconados en la carpeta de lo asumido. Gabriel Zaid plantea, a cada página, un reto al lector, un desafío a romper con lo convencional, con las firmes asideras del pensamiento común; Zaid nos pide que caminemos solos y para ello, nos muestra cuántas de nuestras ideas son lo que los franceses llaman “idées reçues” (ideas recibidas) y a lo que nosotros decimos prejuicios.
“La máquina de cantar” aborda los temas de la escritura automática, la posibilidad de crear máquinas capaces de mezclar palabras que constituyan canciones; la posibilidad de conseguir una máquina que fabrique sonetos. Esto ya lo planteó el sabio Juan de Mairena y aún así se hizo realidad. Zaid plantea un sistema lógico que será capaz de escribir y ordenar todos los sonetos del mundo, por ejemplo, al mendeveliano modo. De las distintas aberraciones que surgen de las máquinas fabricadas y concebidas por distintos gurús de la literatura, Zaid pasa a hacer una defensa de la lectura personal, de lo que él llama una “lectura concreta”, que obedece a ciertas necesidades y es capaz de dar significados no mecánicos a lo escrito. “La literatura, dice Zaid, es el medio abstracto de alcanzarse a uno mismo como concreto”. Esto, parece lo mismo que “lo universal concreto” hegeliano, ¿verdad? Zaid une los actos de escritura y lectura y no los quiere disociar. Y es que, efectivamente, fundirse en lo literario, hallarse a uno mismo en lo concreto no es más que verse maravillosamente bien expresado en una obra de otro. Por eso las obras literarias son antorchas que nos iluminan el camino y también las causas de que caminemos. Nos hacen conocernos mejor y nos aportan la reconfortante sensación de que no estamos solos, puesto que hay quien es capaz de expresar lo que yo siento tal y como yo lo siento. Así, dice Zaid, “una de las más válidas razones para escribir es poder leer algo que uno necesitaba leer”. La verdad es que me parece una idea bastante cierta: escribimos para expresarnos porque no hemos encontrado la expresión exacta de lo que nos sucede en otros. (Y a veces, dice Zaid, se escriben cosas anodinas, poco interesantes y poco literarias, precisamente porque se ha leído poco y no se sabe que lo nuestro, lo que nos abre las carnes ya está expresado excelsamente en Dostoievski o en Flaubert).
Otra de las grandes ideas de Zaid en esta primera parte del libro habla de la naturaleza creadora de la literatura. Y es que cuando dudamos desesperadamente, ¿no pensamos siempre en Hamlet? Cuando acometemos hazañas en pos de un sentimiento anacrónico, ¿no nos acordamos de Alonso Quijano? Dice Zaid que la duda hamletiana o la noche oscura del alma son cosas que cobraron existencia con su verbalización, que fueron creadas e incorporadas a la naturaleza y por lo tanto, han pasado a formar parte del acervo humano.
En “Leer poesía”, Zaid aborda aspectos de eso tan controvertido que es “la lectura de poemas”. Y es que… ¿cuánta gente dice que no lee poesía porque no la entiende o porque no le transmite nada o porque le aburre? Para Zaid sólo hay una solución: la única manera de leer poesía es embarcándose. En esta parte del libro, el autor no se adentra sesudamente en los recovecos de lo que significa o deja de significar tener una experiencia poética al timón de un poema, sino que coge tres o cuatro versos que a él le encantan y nos los lee y nos enseña lo que ha encontrado en ellos, y se deja llevar por la corriente de belleza, y simplemente, al final, grita: ¡qué hermoso! Y a uno le quedan ganas de saber leer como él.
Resulta curioso el artículo “Un gato cruza el puente de la luna”, en el que se ofrecen diversas interpretaciones de distintos lectores sobre este verso de Octavio Paz. En el ensayo “Dicho sea con temor”, Zaid parte de la perogrullada: “Los textos de poesía… son más breves que los de prosa”, para demostrarnos que ni siquiera obviedades como ésta están exploradas a fondo y que, alguien como él, es capaz de decir muchas cosas nuevas acerca de la poesía partiendo de esta frase. Y efectivamente, la narrativa se mueve en espacios más amplios, abarca más, la poesía (e incluso el poema en prosa) ha de ser capaz de soltar el resplandor en un espacio más acotado, en un texto más breve, en definitiva, en un número muchísimo menor de sílabas. “La riqueza del poema es como la riqueza del dibujo: dibujar es omitir”. ¿Se puede prosificar un poema? Sí, claro, cómo no, se puede contar en prosa lo que viene dado en un poema. Imaginemos que en vez de “Enhiesto surtidor de sombra y sueño/que al cielo acongojas con tu lanza” alguien dice: en el centro de un claustro de piedra surge un ciprés tan natural y tan alto que parece que está pinchando el cielo. Pero no es la misma verdad la que opera en ambos casos. Los versos de Gerardo Diego son una verdad que depende del número de palabras que la expresan. Y ahí está la magia de la poesía. Parece casi un misterio pitagórico. Los siguientes ensayos de esta parte son lecturas de Zaid, desde “los azules que se caen de morados” hasta un soneto de Manuel Ponce. En este sentido, Zaid nos aporta su maleta llena de libros y nos deja conocer nuevos autores, pero además, nos da las claves para aprender a leer como él.
“Los demasiados libros” se mete con los libros en tanto objetos físicos. El primer ensayo de este grupito se llama “La superación tecnológica del libro” y es una defensa absoluta de la superioridad tecnológica del libro frente a otros soportes. Aporta los siguientes argumentos: 1. Los libros pueden ser hojeados. 2. Un libro se lee al paso que marca el lector. 3. Los libros son portátiles. 4. Los libros no requieren cita previa (lo abres cuando quieres). 5. Los libros son baratos. 6. Los libros permiten mayor variedad (a diferencia de los programas de televisión). Son todas ellas razones, que de tan obvias, quizás ni siquiera habíamos pensado. En otro ensayo aborda los porqués de que se lea tan poco, preocupación anual de nuestros ministerios.
En este grupo de artículos, Zaid también hace reflexiones muy certeras sobre la infinitud de libros editados, sobre las bibliotecas personales como “proyectos de lectura” y sobre el ansia de escribir pero no de leer. El artículo “La oferta y la demanda de la poesía” me llamó mucho la atención porque pone ejemplos de revistas que tienen la oferta de publicar poemas de un suscriptor que compre cuando menos cinco libros al año (por ejemplo). Dice, por ejemplo, que Plougshares “recibe 16.000 textos al año de unas 6.000 personas, de las cuales ni 200 están suscritas a la revista”. Por lo visto, si todos los que quieren escribir en la revista mencionada comprasen la revista, ésta triplicaría sus ventas. Es decir, que hay mucha gente que lo que quiere es escribir, no leer. Pero si todos queremos escribir y no leer, entonces, ¿quién leerá lo que escribimos? “Si todos los que quieren ser leídos leyeran, habría un auge nunca visto”. La solución que da Zaid para evitar esta proliferación de autores que no leen (que como hemos visto antes, hace que se escriba mucho texto inválido), es que el que quiera escribir demuestre que ha leído: por cada 1000 libros leídos, te daremos un cupón que vale por la publicación de un poema tuyo. O algo así. La solución que la sociedad moderna ha encontrado es otra. Seguro que sabéis cuál es… (hay premio, un cupón en blogs.ya.com, por ejemplo jeje).
Otra cosa que molesta a Zaid del mundo de los “demasiados libros” es la absurda necesidad que sienten algunos del show off, de presumir, de fardar de lector, de ir por ahí presumiendo de lo mucho que se lee: ”Bajo el Imperativo Categórico de Leer y Ser Culto, una biblioteca es una sala de trofeos. La montaña mágica es como una pata de elefante que da prestigio, sirve de taburete y permite conversar de peligrosas excursiones al África”. En realidad, esto no tiene ningún sentido, dice Zaid, dada la inmensa cantidad de libros que existen y que se publican cada año, no importa si uno ha leído todos los libros. Lo que importa es otra cosa:
”Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calla y la nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente más reales”.
La última parte dedicada al viaje de la literatura es “Cómo leer en bicicleta”, un batiburrillo de artículos más socarrones, más cínicos, destinados a destapar algunos convencionalismos que están asentados como matronas en nuestro pensamiento acerca de las letras. Se ríe de los críticos literarios, de los premios, de las ansias de publicación, del malditismo afectado de los poetas de ahora y de tantas otra dolencias de nuestros (i)letrados corazoncitos.
Personalmente, leo ese anuncio de “País sumamente importante de ejemplar y brillante subdesarrollo con una literatura en plena expansión al mercado internacional solicita crítico literario ideal” y, qué quieren, me ruborizo toda y me arrepiento de haber estado profanando y lapidando las ideas de Zaid con este texto…
PD. Esta reseñita también va con dedicatoria: para Seven, Don Mario y Oscar Cid, que para mí, le ponen la letra al México de Zaíd y que yo no conozco. Y, sin lugar a dudas, mis tres mexicanos favoritos 🙂
Cristina Núñez Pereira
Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.
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