LA GESTA DE BEOWULF

  
Compuesta en el siglo VIII de nuestra era, la Gesta de Beowulf es el monumento épico más antiguo de las literaturas germánicas. Fue descubierto en 1705 y registrado en un catálogo de manuscritos anglosajones como epopeya de las guerras entre daneses y suecos. Esta definición errónea se debe a las dificultades del lenguaje poético; a principios del siglo XVIII había en Inglaterra eruditos capaces de comprender la prosa anglosajona, pero no de descifrar un poema, escrito en el lenguaje artificial que ya hemos considerado. 
 Atraído por la mención del catálogo, un erudito danés, Thorkelín, fue a Inglaterra en 1786 para copiar el manuscrito. Veintiún años consagró a estudiarlo, a transcribirlo y a prepararlo, con una traducción latina, para la imprenta. En 1807, la escuadra inglesa atacó a Copenhague, incendió la casa de Thorkelín y destruyó el piadoso fruto de tantos años y de tantos afanes. Encarnada en hombres violentos, en hombres más afines a Beowulf que al editor de Beowulf, la pasión patriótica que había llevado a aquél a Inglaterra se volvía contra él y aniquilaba su trabajo. Thorkelín se sobrepuso a esa desventura y publicó en 1815 la edición príncipe de Beowulf. Esta edición, ahora, casi no tiene otro valor que el de una curiosidad literaria.
 Otro danés, el pastor Grundtvig, publicó en 1820 una nueva versión del poema. No había entonces diccionarios de anglosajón, no había gramáticas; Grundtvig lo aprendió a la luz de obras en prosa y del mismo Beowulf. Corrigió el texto publicado por Thorkelín y sugirió enmiendas que fueron confirmadas, después, por el manuscrito original que no llegó a ver, y que provocaron, naturalmente, la ira del viejo editor. Posteriormente, han aparecido muchas versiones alemanas e inglesas; de éstas, son dignas de mención las de Clark Hall y Earle en prosa y la de William Morris en verso.
 Excluidos algunos episodios secundarios, la Gesta de Beowulf consta de dos partes, que pueden resumirse como sigue:
 Beowulf, príncipe del linaje de los geatas, nación del sur de Suecia que algunos han identificado con los jutos y otros con los godos, llega con su gente a la corte de Hrothgar, que reina en Dinamarca. Hace doce años -doce inviernos, dice el poema- que un demonio de las ciénagas, Grendel, de forma gigantesca y humana, penetra durante las noches oscuras en la sala del rey para matar y devorar a los guerreros. Grendel es de la raza de Caín. Por obra de un encantamiento, es invulnerable a las armas. Beowulf, que en su puño tiene la fuerza de treinta hombres, promete darle muerte y lo espera, desarmado y desnudo, en la oscuridad. Los guerreros duermen; Grendel hace pedazos a uno de ellos, lo devora, huesos y todo, y bebe a grandes tragos la sangre, pero cuando quiere atacar a Beowulf, éste le agarra el brazo y no se lo suelta. Luchan, Beowulf le arranca el brazo, Grendel huye gritando a su ciénaga. Huye para morir; la enorme mano, el brazo y el hombro quedan como trofeo. Esa noche se festeja la victoria, pero la madre de Grendel -«loba del mar, mujer del mar, loba del fondo del mar»- penetra en la sala, mata a un amigo de Hrothgar y se lleva el brazo del hijo. Beowulf sigue por desfiladeros y páramos el rastro de la sangre; al fin llega a la ciénaga. En el agua estancada hay sangre caliente y serpientes y la cabeza del guerrero. Beowulf, armado, se arroja a la ciénaga y nada buena parte del día antes de tocar fondo. En una cámara submarina, sin agua y con una luz inexplicable, Beowulf combate con la bruja, la decapita con una espada monumental que pende del muro y luego decapita el cuerpo de Grendel. La sangre de Grendel quema la hoja de la espada; Beowulf resurge, al fin, de la ciénaga con la empuñadura y con la cabeza. Cuatro hombres llevan la pesada cabeza a la sala real. Así concluye la primera parte del poema.
 La segunda ocurre cincuenta años después. Beowulf es rey de los geatas; en su historia entra un dragón que merodea en las noches oscuras. Hace tres siglos que el dragón es guardián de un tesoro; un esclavo fugitivo se esconde en su caverna y se lleva un jarro de oro. El dragón se despierta, nota el robo y resuelve matar al ladrón; a ratos, baja a la caverna y la revisa bien. (Curiosa invención del poeta atribuir al azorado dragón esa inseguridad tan humana.) El dragón empieza a desolar el reino. El viejo rey va a su caverna. Ambos duramente combaten. Beowulf mata al dragón y muere envenenado por una mordedura del monstruo. Lo encierran; doce guerreros cabalgan alrededor del túmulo «y deploran su muerte, lloran al rey, repiten su elegía y celebran su nombre».
 Estos versos del Beowulf han sido comparados con el último verso de la Ilíada:
 
 Celebraron así los funerales de Héctor, domador de caballos.
 
 A juzgar por el Beowulf, las ceremonias funerarias de los germanos coincidían con las de los hunos. Gibbon, en su Historia de la Declinación y Caída del Imperio Romano, describe de este modo las exequias de Atila: «Alrededor del cuerpo de su rey, cabalgaron los escuadrones; cantando una canción funeraria en memoria del héroe: glorioso en el decurso de su vida, invencible en su muerte, padre de su pueblo, azote de sus enemigos y terror del orbe.»
 Otro rito funerario figura en el Beowulf; el cadáver de un rey de Dinamarca es confiado a una nave que luego entregan al «poder del océano». Agrega el texto: «Nadie, ni quienes hablan en las asambleas, ni los héroes bajo los cielos, puede declarar con verdad quién recibió esa carga.»
 El germanista inglés W. P. Ker cuenta en la obra Epic and Romance, que Aristóteles redujo a pocas líneas los veinticuatro libros de la Odisea y observa que basta reducir a esa escala la Gesta de Beowulf para que sean evidentes sus vicios de estructura. Ker propone este resumen irónico: «Un hombre en busca de trabajo llega a casa de un rey a quien molestan las arpías y, tras de ejecutar la purificación de esa casa, vuelve con honor a su hogar. Años después, el hombre llega a rey en su tierra y mata un dragón, pero muere por obra de su veneno. Su pueblo lo llora y le da sepultura.»
 Ker observa que ninguna simplificación puede eliminar la dualidad fundamental de la historia de Beowulf. Agrega que la pelea con el dragón es un mero apéndice, y recuerda el desdeñoso juicio de Aristóteles sobre las Heracleideas, cuyos autores suponían que siendo uno el héroe, Heracles, también era una la fábula de sus doce trabajos. Escribe Ker: «Matar dragones y otros monstruos es la ocupación habitual de los héroes de los cuentos de asistencia, viejas, y es difícil dar individualidad o dignidad ética a esas trivialidades. Esto ha sido logrado, sin embargo, en la Gesta de Beowulf.»
 El hecho es que la participación de un dragón en la epopeya de Beowulf parece disminuirla a nuestros ojos. Creemos en el león como realidad y como símbolo; creemos en el minotauro como símbolo, ya que no como realidad; pero el dragón es el menos afortunado de los animales fabulosos. Nos parece pueril, contamina de puerilidad las historias en que figura. Conviene no olvidar, sin embargo, que se trata de un prejuicio moderno, quizá provocado por el exceso de dragones que hay en los cuentos de hadas. Empero, en la Revelación de San Juan, se habla dos veces del «dragón, la vieja serpiente que es el Diablo y es Satanás». Análogamente, San Agustín escribe que el Diablo «es león y dragón; león por el ímpetu, dragón por la insidia». Jung observa que en el dragón están la serpiente y el pájaro, la tierra y el aire.
 Ker ha negado la unidad de la Gesta de Beowulf; para intuirla bastaría considerar al dragón, a Grendel y a la madre de Grendel símbolos o formas del mal. La historia de Beowulf sería en tal caso la de un hombre que cree haber sido vencedor en una batalla y que, después de muchos años, tiene que librarla otra vez y no es vencedor. Sería la fábula de un hombre a quien alcanza finalmente el destino y de una batalla que vuelve. Grendel, hijo remoto de Caín, sería de algún modo el dragón, «el horror manchado, la peste de la penumbra». Esa sería la unidad negada por Ker. No digo que tal es el argumento de Beowulf; digo que tal es el argumento que entrevió el poeta de Beowulf o hacia el cual escribió.
 Hay pocos argumentos posibles; uno de ellos es el del hombre que da con su destino; Beowulf sería una forma rudimentaria de ese argumento eterno.
 Por lo demás, la sangrienta fábula de Beowulf es menos importante que el contexto en que ésta se produce; advertimos, como en las epopeyas homéricas, que las hazañas de la espada y la aniquilación de los monstruos interesaban menos al poeta que la hospitalidad; la lealtad, la cortesía y los lentos discursos retóricos. El influjo de la Eneida es notorio en la famosa descripción de la ciénaga de Grendel; se conjetura que el anónimo autor era un clérigo del reino de Nortumbria, a quien estimularon parejamente la lectura latina y las tradiciones escandinavas. Como cristiano, no podía nombrar las divinidades paganas, pero tampoco habla del Redentor o de los santos. Logra así, acaso sin proponérselo, el efecto de un mundo antiguo, tau antiguo que es anterior a las mitologías y teologías.
 Unos tres mil doscientos versos integran el poema, que ha llegado casi integro a nuestro tiempo. Los personajes son geatas, daneses y frisios y la acción, según hemos dicho, transcurre en el continente. Ello es índice de que los diversos pueblos germánicos tenían plena conciencia de su unidad. La gente latina era designada por ellos con una palabra hostil, que en Inglaterra sirvió para los galenses (welsch) y en alemania para los italianos y los franceses (welsch).
 El sentimiento del paisaje, tardío en otras literaturas europeas, verbigracia en la española, hace una aparición precoz en el Beowulf.
 Se ha dicho que es inadmisible comparar el Beowulf con la Ilíada, ya que ésta es un poema famoso, leído, conservado y venerado por las generaciones, y de aquél nos ha llegado una sola copia, obra de la casualidad. Quienes asi razonan, alegan que el Beowulf es quizá una de tantas epopeyas anglosajonas. George Saintsbury no rechaza la posibilidad de que hayan existido tales epopeyas, pero observa que éstas ahora tienen la desventaja de no existir.

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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ULFILAS (obras diversas)

En el origen de las literaturas germánicas está el obispo de los godos, Ulfilas (Wulfila, Lobezno), que nació en el año 311 y murió hacia 383. Su padre era godo, su madre una cautiva cristiana; además de la lengua gótica, Ulfilas dominaba el latín y el griego. A la edad de treinta años debió cumplir una misión en Constantinopla, donde profesó el arrianismo, doctrina cristiana que niega la generación eterna del Hijo y su consustancialidad con el Padre. Hacia esa fecha fue ungido obispo por Eusebio de Nicodemia, Poco después regresó a su patria e inició, al norte del Danubio, la conversión de los godos. Su tarea misionera fue ardua. El rey Atanarico, fiel a sus antiguas divinidades, ordenó  que un carro con la tosca imagen de Odín recorriera el país; quienes le negaban su adoración eran entregados al fuego. La persecución arreció; en el año 348 Ulfilas atravesó el Danubio con su pueblo, sus rebaños y sus majadas, y los condujo a una retirada región, en la actual Bulgaria. Lejos del tumulto guerrero de sus hermanos, los conversos emprendieron ahí una vida pacífica y pastoril. Dos siglos después, el historiador Jordanes escribiría en la obra

De rebus Geticis: «Otros godos hubo también llamados menores, nación inmensa, cuyo obispo y jefe fue Vúlfilas, que, según es fama, los instruyó en el arte de la escritura; son los que habitan ahora en Eucópolis. Pacíficos y pobres, se establecieron al pie de una montaña, sin otro caudal que el ganado, los campos y los bosques. Sus tierras, abundantes en frutos de toda especie, dan poco trigo, y en lo que se refiere a las viñas, muchos no saben que hay tal cosa en el mundo; sólo se alimentan de leche.»

De sus escritos en idioma griego nada ha quedado, y de los latinos sólo la breve confesión en que reiteró, en la hora de la muerte, su fe: Ego Ulfilas semper sic credidi… La gran obra de Ulfilas fue su traducción visigótica de la Biblia: «Omitió con prudencia -ha observado Gibbon- los cuatro Libros de los Reyes, que hubieran propendido a excitar el sanguinario espíritu de los bárbaros.» Antes de acometer la traducción, hubo de crear el alfabeto en que la escribiría. Los germanos poseían el alfabeto rúnico, que constaba de veintitantos signos, aptos para ser grabados en madera o metal, y vinculados, en la imaginación popular, a las hechicerías paganas. Ulfilas tomó dieciocho letras del alfabeto griego, cinco del rúnico, una del latino otra no se sabe de dónde, que tenía el valor de Q, y fabricó así la escritura que se llamó ulfilana y también maeso-gótica. Largos fragmentos de la

Biblia ulfilana se conservan en el Codex-Argenteus (Códice de Plata), así llamado porque las letras y la encuadernación son de plata. Este manuscrito fue descubierto en Westfalia en el siglo XVI y está ahora en Upsala. Un palimpsesto hallado en la biblioteca de un monasterio italiano ha revelado otros fragmentos de la obra. (Se da el nombre de palimpsesto a los pergaminos cuya escritura ha sido borrada para estampar encima otro texto.) La Biblia górica es el monumento más antiguo de las lenguas germánicas. Ulfilas hubo de superar vastas dificultades; la Biblia, más que un libro, es una literatura; reproducir esa literatura, a veces compleja y abstrusa, en un dialecto de guerreros y de pastores es un trabajo que parecería, a priori, imposible. Ulfilas lo cumplió con decisión, a veces con agudeza. Prodigó, como es natural, barbarismos y neologismos; tuvo que civilizar el idioma. Su lectura nos reserva sorpresas. En el Evangelio de Marcos (VIII, 36) está escrito: «¿Qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo y perdiere su alma?» Ulfilas traduce mundo (cosmos, orden en el original) por bella casa. Siglos después, los anglosajones traducirían mundo por woruld (wereald, edad del hombre), que contrapone el tiempo humano a la infinita duración de la divinidad. Los conceptos de cosmos y de mundo eran harto abstractos para los sencillos germanos.

Así, por obra de Ulfilas, remoto precursor de Wyclif y de Lutero, los visigodos fueron el primer pueblo de Europa que dispuso de una Biblia vernácula; Francis Palgrave, para explicar esta prioridad, sugiere que la traducción del texto latino a una lengua romance hubiera corrido el albur de parecer un tosco remedo o una irreverente parodia, dada la similitud entre aquél y éstas.

Antes de la era cristiana, los idiomas germánicos se habían dividido en tres grupos: el oriental, el occidental y el septentrional. El septentrional logró

 

su máxima difusión con la lengua de los vikings, que éstos llevaron a Inglaterra, a Irlanda y a Normandía y que se habló en las costas de América y en las calles de Constantinopla; el occidental dio el idioma alemán, el holandés y el inglés, que han cubierto el planeta; el oriental, que Ulfilas adiestró para un complejo porvenir literario, ha perecido enteramente. No lo salvó el destino imperial de la estirpe; Quevedo y Manrique celebraron las glorias de sus antepasados, los visigodos, pero lo hicieron en español, hijo del latín

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el caso del secretario italiano (Caleb Carr)

Caleb Carr retoma la senda de Conan Doyle para ofrecer un nuevo caso de Sherlock Holmes, al que aporta el rigor histórico y el profundo conocimiento de la psicología humana que caracteriza toda su obra.
Una de las novelas más populares de Conan Doyle es El perro de Baskerville, cuya resolución tiene tintes paranormales. Poco más de un siglo después, Caleb Carr, que conoció el éxito internacional con su thriller histórico El alienista, retoma a Sherlock Holmes como protagonista de una nueva investigación con connotaciones sobrenaturales.   

Decidí leer esta novela movida por la buenísima impresión que me dejaron sus dos anteriores libros, El Alienista y El Ángel de la Oscuridad. Y me ha decepcionado muchísimo. Me parece mentira que el autor sea el mismo. No entiendo cómo le ha salido esta historia aburrida, pesada de leer, sin final inesperado, con una trama tan pobre… En fin, que no lo recomiendo en absoluto. Ni siquiera al intentar imitar el estilo de Conan Doyle a la hora de escribir le ha salido bien, a mi entender, pues a éste último al menos se le entendía, pero Carr se enrolla insufriblemente para contarte cualquier pequeñez.

Espero con todas mis ganas que el autor vuelva a lo suyo, a libros como El Alienista porque es lo que le sale realmente bien.

http://lectoresempedernidos.mforos.com/1178118/6259010-el-caso-del-secretario-italiano-caleb-carr/

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El asno de oro (Apuleyo)

La fama de Apuleyo va unida más a su novela El Asno de oro que a sus obras filosóficas y oratorias. El autor construye en once libros, probablemente en el momento de su madurez creadora, una novela de aventuras con un fondo místico-religioso. El episodio central de la obra es la transformación por arte de magia en asno de Lucio, un joven de Corinto, y las peripecias que sufre hasta recuperar su forma humana gracias a la intervención milagrosa de Isis. Los estudiosos de la novela latina han centrado sus discusiones en torno a varias cuestiones fundamentales: el título de la obra, las fuentes utilizadas por su autor y, por último, el género al que la obra se adscribe.
El título que originariamente llevó el libro y que nos transmite la tradición manuscrita es el de Metamorfosis, con el que se alude tanto a la transformación del protagonista en asno, núcleo central de la obra, como a otros cambios y hechizos de los que el libro está lleno. Ya desde la Antigüedad se popularizó un segundo título, que hizo mayor fortuna: El Asno de oro. San Agustín (354-430), buen conocedor de la obra de Apuleyo, se refiere a la novela como "los libros que con el titulo de Asno de Oro escribió Apuleyo" (La ciudad de Dios XVIII,18). Una vez admitido el título, se discute si el adjetivo "aureus" (de oro) hace referencia al carácter excepcional del asno que piensa y razona como un hombre, o más bien tiene otro significado dentro de la simbología de los cultos de Isis.
Fuera de toda duda está que Apuleyo sigue alguna narración griega y así lo declara él mismo en el prólogo de la obra: "Fabulam graecanicam incipimus" (iniciamos una fábula de origen griego). Una obra con la misma anécdota central y escrita en griego, aunque de extensión notablemente más reducida, nos ha llegado entre los escritos de Luciano, autor contemporáneo de Apuleyo. La autoría de esta obra no es aceptada por todos los especialistas y muchos hablan de ella como un Pseudo-Luciano. Posteriormente, en el siglo IX, Focio, patriarca bizantino y estudioso de la literatura grecolatina, hace referencia a unas Metamorfosis de un tal Lucio de Patras en varios libros. Basado en ese testimonio se postula la existencia de un original griego que estaría en la base tanto de la obra de Apuleyo como del Pseudo-Luciano. Apuleyo interpreta libremente el modelo precedente: lleva a cabo numerosas modificaciones, añade episodios nuevos sacados de otras fuentes literarias; cambia nombres y circunstancias y, sobre todo, impregna la obra de su espíritu, de su particular afición por la magia y por los misterios. El resultado es una obra totalmente nueva, con una intención simbólica y que consigue mejorar notablemente tanto el original griego con el Pseudo-Luciano.
El Asno de Oro resulta una obra de difícil clasificación. El propio autor en el prólogo afirma que va "a tejer en esta charla milesia fábulas de origen griego"; de esta forma queda establecida la relación de la novela de Apuleyo con esa tradición narrativa oriental, que ya hemos comentado a propósito del Satiricón y que tenía como características fundamentales su brevedad y su tono erótico, casi obsceno. Obtiene también materia e inspiración de la fabulística sacra, que surgía en torno a los templos y sectas y que difundían vida y milagros de dioses, hechizos de los magos, apariciones, resurrecciones y toda clase de portentosas y extrañas aventuras. Con todo este material construye un relato de una extraordinaria fantasía, al que se añaden algunos elementos satíricos y burlescos y, por último, una intencionalidad místico-religiosa. Si comparamos la novela de Apuleyo con la ya comentada de Petronio, dos rasgos las diferencian fundamentalmente: en un plano formal hay que señalar como elemento diferenciador la ausencia de versificación en el Asno de Oro; por otra parte, desde el punto de vista de la intencionalidad se debe insistir en el tono místico-religioso de la obra de Apuleyo, totalmente alejado de las pretensiones de Petronio.
La novela adopta la forma de un relato narrado en primera persona por un joven de buena familia, llamado Lucio. La obra consta de once libros en los que se narran múltiples y fantásticas aventuras, cuyo nexo es la persona de Lucio, transformado en asno. Podemos estructurar la obra en los siguientes bloques:
Primer bloque: Lo forman los hechos narrados entre el libro primero y el tercero. El joven Lucio, dominado por una malsana curiosidad por los hechizos y encantamientos, llega a Tesalia, la supuesta patria de la magia. Allí escucha pavorosas aventuras de encantamientos que no hacen sino acrecentar su curiosidad. Se hospeda en casa de un viejo usurero llamado Milón, cuya mujer practica la magia con la colaboración de su criada; Lucio seduce a Fotis, la criada, e intenta así conocer las artes de hechicerías de su ama. Por un error en los encantamientos se ve convertido en asno, conservando su facultad de raciocinio. El libro tercero termina con el saqueo de la casa de Milón por unos ladrones que se llevan con ellos al asno junto con todas las caballerías.
Segundo bloque. En los libros cuarto, quinto y sexto se narran las desventuras de Lucio mientras está en poder de los ladrones. El episodio más importante de este bloque y el relato de mayor valor literario de todo El Asno de Oro lo constituye la fábula de Cupido y Psique, auténtico relato independiente que comienza hacia la mitad del libro cuarto y se extiende casi hasta el final del sexto. La narradora es una anciana que pretende distraer a una joven capturada por los ladrones. Este cuento se remonta a las tradiciones primitivas de Grecia, pero es Apuleyo el primero que lo fija por escrito. El hermosísimo cuento narra la historia de Psique una joven de extraordinaria belleza de la que el dios Cupido se enamora. El dios, que había prohibido a la joven que lo contemplara, sólo se reunía con ella al caer la tarde. Una noche, movida por la curiosidad, Psique, mientras Cupido duerme, acerca una lámpara de aceite para poder verlo; el dios despierta y, enfadado por su desobediencia, la abandona, Psique inicia la búsqueda de su amante por toda la tierra, sometida a pruebas inhumanas por parte de los dioses. Finalmente Júpiter consiente el reencuentro de los amantes y Psique asciende al cielo. Esta fábula, que ha inspirado a escritores y artistas de todos los tiempos, por su contenido simbólico ha sido objeto de gran número de interpretaciones, incluidas algunas de inspiración cristiana; entre las interpretaciones propuestas, quizá la más acorde con el platonismo de su autor sea aquella que ve en Psique una alegoría del alma que busca su perfección en la unión con la divinidad. Terminada la narración, el asno intenta escapar en compañía de la joven. Es capturado y conducido de nuevo a la cueva, donde los ladrones deciden matarlo. De esta manera concluye el libro VI.
Bloque tercero (libros VII, VIII, IX y X). El libro VII se inicia con el rescate de la joven por su prometido. Ambos jóvenes se llevan con ellos al asno Lucio. Comienza entonces un peregrinar del asno por distintos amos, que lo tratan de forma desigual y con los que corre múltiples aventuras. Finalmente, se descubren sus facultades extraordinarias y lo llevan a exhibirse en el teatro con una mujer depravada; logra escapar y con el relato de su evasión termina el libro X.
El libro XI merece ser considerado aparte por cuanto narra la intervención de Isis, devolviendo su forma humana a Lucio. La mayor parte del libro se consagra a la ceremonia de iniciación de Lucio en los cultos de Isis.
3.3.- Valoración literaria
El estilo del Asno de Oro mereció elogios unánimes desde la antigüedad hasta casi nuestros días. Su lengua barroca y con gran carga retórica resulta quizá algo extraña a los gustos contemporáneos. Son características de nuestro autor, que comparten los otros grandes autores del siglo II, la artificialidad y la extravagancia verbal tomadas de la segunda sofística. Apuleyo es un maestro de la llamada elocutio novella, que consigue sorprendentes efectos expresivos combinando arcaísmos y helenismos, vulgarismos y neologismos. Es notable en él la influencia de la oratoria asiánica, usando gran variedad de palabras con finales iguales (homoioteleuton) así como aliteraciones y rimas. En resumen la novela de Apuleyo constituye una importantísima muestra del estilo de la época de los Antoninos.
La influencia de la novela de Apuleyo a partir del Renacimiento ha sido muy importante. En el Renacimiento italiano hemos de destacar su influjo sobre Boccaccio, que manifestó su interés por la novela de Apuleyo transcribiendo él mismo el manuscrito de Monte Casino. Se ha de destacar también la importancia del Asno de Oro en el desarrollo de la novela picaresca española: su influjo se observa en el Lazarillo de Tormes, en el Gusmán de Mateo Alemán y en La pícara Justina. Conviene también citar la influencia que en la literatura occidental ha tenido la fábula de Cupido y Psique; podemos encontrar su influencia en Boccaccio, Calderón y La Fontaine. La literatura moderna alemana prestó especial atención al mito de Cupido y Psique y a sus representaciones plásticas.

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Manon Lescaut (Antoine François Prévost)

Manon Lescaut es una novela del Abate Prévost, que originalmente se llamó Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut, y formaba parte de las Memorias y Aventuras de un hombre de calidad retirado del mundo (7 volúmenes, 1728 – 1731). Tras ser condenado dos veces al considerarse escandaloso (1733 y 1735), Prévost publica en 1753, une nueva edición de Manon Lescaut, revisada, corregida y ampliada con un importante episodio. Las cualidades humanas de la novela sedujeron pronto al público y la lanzaron a la fama.

El autor (el "hombre de calidad" de las Memorias) regresa de Ruán. Llega a la hora de comer a Pacy-sur-Eure. En la ciudad reina una gran agitación. Los habitantes se han reunido ante un cabaré ante el que hay dos carros estacionados. Se trata de un convoy con una docena de muchachas de mala vida, condenadas a embarcarse hacia América. Una de ellas, Manon, le sorprende debido a su belleza y porte distinguido. El autor se interesa por ella ante el jefe de los centinelas, pero no consigue respuesta. Ante la pregunta, un arquero le indica que debe preguntar al joven que se encuentra apartado y que sólo puede ser "su hermano o su amante". Este hombre, que ha seguido el convoy desde París parece enfermo. Se niega a revelar su secreto o la identidad de la joven, pero confiesa la pasión que siente por ella y declara haber intentado todo para conseguir que fuera liberada, hasta el punto de encontrarse arruinado por esa razón.

Dos años más tarde, el hombre de calidad regresa de Londres y espera permanecer un día y una noche en Calais. Mientras pasea por la ciudad, cree reconocer al joven con el que se había topado dos años antes, por lo que se decide a hablar con él. El joven también se alegra de volver a ver al narrador. Feliz por este reencuentro, declara regresar de América. Esa misma noche, el narrador acoge al joven en el hotel en el que se encuentra alojado. El misterioso joven inicia el relato de sus aventuras.

Des Grieux, joven de 17 años, proviene de una buena familia. Fue un alumno ejemplar en un colegio de Amiens y su padre deseaba que fuera caballero de la orden de Malta, lo que explica su título de Caballero. Tiberge, su mejor amigo, es generoso y comprensivo. Al regresar a su ciudad natal en vísperas de las vacaciones, des Grieux conoce en un hostal en el que se detiene a Manon Lescaut, de la que se enamora inmediatamente. A pesar de su juventud y de carecer de experiencia amorosa, se muestra fascinado por ésta. Es un flechazo. Des Grieux sabe entonces que Manon se dirige al convento, al que sus padres la envían. Cuando se encuentran solos, esta confiesa inmediatamente que se se siente "halagada al haber conquistado un amante" como él. Para escapar al destino que se le presenta no hay más solución que la fuga, de ese modo podrán vivir su amor. Se citan al día siguiente en el hostal de Manon, antes de que el conductor de la diligencia se despierte. A pesar de los intentos de Tiberge para que Des Grieux cambie sus planes, éste decide huir con Manon. Consigue tranquilizar a su amigo y burlar su vigilancia.

Antes de que oscurezca, los dos jóvenes llegan a Saint-Denis. Los proyectos de boda se olvidan pronto: "Defraudamos los derechos de la Iglesia". En París, los dos amantes se alojan en un apartamento amueblado y viven durante tres semanas el amor perfecto. Pero al sentir remordimientos, el joven trata de reanudar las relaciones con su familia. Contempla la posibilidad de solicitar a su padre la autorización para casarse con Manon, pero la joven es contraria a esta idea, por temor a perder a des Grieux si su padre se opone a su boda. Des Grieux también teme encontrar dificultades económica, pero Manon le tranquiliza y se encarga de gestionar sus finanzas. Confiado, el joven acepta. Una noche en la que regresa antes que de costumbre, se encuntra cerrada la puerta y Manon tarda mucho en abrir. Tras preguntar a la sirvienta, des Grieux se da cuenta de que el anciano Señor de B., un rico fermier general, se escabulle de su casa. Esa misma noche, durante la cena, des Grieux espera explicaciones espontáneas de Manon, pero ésta las evita y se echa a llorar.

En ese momento alguien llama a la puerta. Tras un beso a su amante, Manon huye. Son los lacayos de su padre que vienen a llevarse a des Grieux. En la carroza que lo devuelve a la familiar, el joven trata de entender quién ha podido traicionarlos.

En el domicilio familiar es recibido de un modo bastante indulgente. Sin embargo, el joven recibe una seria reprimenda de su padre, que le achaca su excesiva credulidad: "tienes una buena disposición para convertirte en un marido paciente y cómodo." En ese momento confiesa a su hijo que ha sido el Señor de B. el que ha seducido a Manon: "Sabes vencer con rapidez, Chevalier; pero no sabes conservar tus conquistas." Des Grieux está desesperado, sin que por ello se le ocurra ni siquiera imaginar una traición por parte de Manon. Para impedirle que se vuelva a fugar, su padre decide secuestrarlo y encerrarlo en su propia habitación.

Durante seis meses des Grieux se muestra desesperado, pero poco a poco y gracias a la ayuda de su amigo Tiberge, recupera el amor por la vida por medio de la lectura y del estudio. Tiberge que ha visto a Manon le informa de que vive en París y que está siendo mantenida por su amante viejo y rico. Des Grieux decide entonces renunciar al mundo y entra junto a Tiberge en el Seminario de Saint-Sulpice.

Encuentra la paz en sus estudios, olvida a Manon y vuelve a alcanzar notoriedad hasta que en la Sorbona, vuelve a encontrarse frente a frente con Manon. Des Grieux vuelve a prendarse de ella, la perdona y abandona inmediatamente el Seminario. Tras una noche en una posada, los dos amantes, más enamorados el uno del otro que nunca, deciden instalarse en el pueblo de Chaillot.

Gracias al dinero que Manon obtuvo del Señor de B., la pareja vive al margen de las necesidades. Pero Manon se aburre en Chaillot y convence a Des Grieux para que alquilen un apartamento en París. El hermano de Manon, que vive en la misma calle que ellos se instala en su casa y vive a su costa, con lo que acaban de despilfarrar sus ahorros.

Una mañana, mientras los dos amantes están pasando unos días en París, Des Grieux se entera de que su casa de Chaillot ha ardido. Este incendio termina de arruinarles. Sin embargo, el joven no quiere que Manon se preocupe y le oculta la noticia. Buscando una solución, des Grieux se confía al hermano de Manon que le propone primero explotar los encantos de Manon y luego los suyos, a lo que Des Grieux se niega. La última alternativa que plantea el hermano es hacer trampas en el juego. Pero poco convencido por estas soluciones, Des Grieux prefiere no hacer nada de eso.

Des Grieux decide por fin volver a apelar a la generosidad de su amigo Tiberge. Tras una entrevista, Des Grieux le pide perdón por haber sido ingrato. En cambio Tiberge, demuestra la calidad de su amistad y ofrece dinero a Des Grieux. Pero éste se da cuenta de que a pesar de que el amor de Manon sea sincero, ésta tiene necesidad de lujos y placeres, le gusta gastar sin fijarse en lo que tiene y no está preparada para una existencia modesta. Temeroso de perder a Manon, des Grieux vuelve a aproximarse a Lescaut, quien hace que se le admita en un círculo de jugadores. En poco tiempo pasa a ser un experto tramposo y vuelve a nadar en la riqueza. Su amigo Tiberge teme con razón que se esté apartando de la ley y le advierte. Esta vida fácil une aún más a los amantes.

Pero envidiosos de su fortuna, una noche en la que está cenando en casa del hermano de Manon, sus criados aprovechan para robar a sus jefes y saquear la casa. Manon y Des Grieux se ven desesperados y en la calle. Lescaut aconseja a su hermana entonces que establezca una lucrativa relación con el viejo Señor de G. M., lo que Manon, deseosa de conseguir dinero, hace. Gracias a sus encantos seduce al viejo y consigue que éste le ponga una casa y la mantenga. Sin embargo, su maquiavélico hermano propone a Des Grieux estafar al viejo amante de Manon. Se organiza una cena, en la que el anciano ofrece a Manon joyas y riquezas y le ofrece la mitad de sus ingresos. Los tres se burlan del viejo durante toda la velada antes de escaparse en una carroza. Al darse cuenta del engaño, el viejo les hace perseguir y consigue que la policía los detenga de madrugada. Encierran a manon en el Hospital de La Salpêtrière; y Des Grieux es enviado al presidio para jóvenes aristócratas depravados de Saint-Lazare.

Des Grieux consigue escapar con la ayuda involuntaria de su amigo Tiberge. Vuelve a contactar con Lescaut quien le consigue un arma. Obliga entonces al padre prior bajo amenaza a que abra las puertas del presidio y huye, matando a un centinela. Des Grieux trata entonces de liberar a Manon. Consigue entrar en el Hospital y volver a verla. Un criado disfraza a Manon de hombre y la saca. Mientras escapan, Lescaut se encuentra a un hombre que se arruinó en el juego por sus trampas, quién le dispara, matándolo. Los dos amantes, ya solos, regresean a la Posada de Chaillot. Tiberge vuelve a acudir en su ayuda y les proporciona dinero, a la vez que se echa tierra sobre el escándalo. Los amantes parecen alcanzar un atisbo de tranquilidad.

Los dos amantes se instalan entonces en la Posada de Chaillot. Des Grieux vuelve a jugar y a hacer trampas. Por su parte, Manon permanece fiel y se divierte dando esperanzas a un príncipe italiano que le hace la corte. Sin embargo, el destino parece perseguirlos. El hijo del Señor de G. M. desembarca y acude a cenar con ellos. Se enamora locamente de Manon, y esta organiza un plan para conseguir de él una gran cantidad de dinero, para vengarse de su padre. Cuando Manon concierta la cita amorosa con el joven G. M. Des Grieux decide vengarse, monta una escena de celos a Manon, aunque ambos terminan reconciliándose. Pero Des Grieux presiente "una catástrofe". Un lacayo del Señor de G. M. ha dado la voz de alarma, y los amantes se vuyelven a ver en la cárcel. En el Châtelet, Des Grieux recibe una visita de su padre, quien le reprocha con energía su conducta, pero le perdona y promete hacer cuanto esté en su mano para liberarlo. Para conseguir alejar a Manon de él consigue que sea desterrada a América. Pero al verse libre y conocer la noticia la ruptura entre padre e hijo parece ser definitiva.

Desesperado, tras intentar sin conseguirlo que Manon sea liberada, Des Grieux consigue, pagando una fuerte cantidad, permiso para seguir a Manon. Es el momento en el que el hombre de calidad se encuentra con él por primera vez en Pacy: ya no le queda dinero y se ve separado de su amante.

Libro Segundo

Des Grieux se enrola como voluntario a bordo del barco que conduce a Manon a América. Se gana la confianza del capitán, quién le permite que pueda dedicar a Manon todos los cuidados que ésta necesita.

Tras una travesía de dos meses, el barco llega a Nueva Orleans, en la Luisiana. El capitán informa al gobernador acerca de la situación que existe entre Des Grieux y Manon. Sus calamidades despiertan la simpatía del gobernador, quien les encuentra un alojamiento.

Manon agradece a Des Rieux todas las preocupaciones que éste ha padecido y le promete que ha cambiado. Los dos amantes deciden por fin casarse. Pero el sobrino del gobernador también se ha enamorado de Manon, y al saber que está libre, la reclama. Se enfrenta en duelo con Des Rieux, y es herido por éste. Tras darlo por muerto, Des Rieux y Manon huyen al desierto, en donde ella muere de agotamiento. Des Grieux la entierra, y se recuesta sobre su tumba decidido a esperar la muerte.

Pero Tiberge, que ha viajado también a América en busca de su amigo lo encuentra y lo vuelve a llevar a Francia]] de regreso nueve meses después de la muerte de Manon. A su regreso se entera de la muerte de su padre, destrozado por la pena y el dolor. Ese es el momento del segundo encuentro con el hombre de calidad, en Calais.

De la versión española de wikipedia

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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