Contra la Interpretación (Susan Sontag)

Digresión inicial
Pese a que estoy encerrada en mi humilde morada (mi zulo, mis cucarachas, mi calendario, mi…), los libros no me abandonan ni un momento. Me atrevería a afirmar que es porque estoy estudiando. Y aunque deteste la carrera que estoy haciendo y demás concreciones sobre los fangos, los polvos, los lodos y las deixis que conjugan mi existencia en este barrizal de la moral, hay una asignatura al año (el promedio) que me emociona, me subyuga; o como decía la poeta sobre Bach: “me iza y me conmueve”.

Parte de este elevarme como si fuese una bandera y conmoverme como si fuese una hija de los abriles, es gracias a los libros. El sábado tengo examen de “Crítica Artística”. ¡Por fin una asignatura con una bibliografía extensa! ¡Grandes nombres: Baudelaire, Champfleury, Félix, Valeriano Bozal, Giulio Carlo Argan! ¡Por fin una marea de páginas en la que sustraerse al estudio! Además, el profesor nos deja incrementar su sapiencia con nuestra sapiencia y conformar una bibliografía personalizada que haría las envidias de cualquier comunidad de simpáticos sapiens…

Pues bien, Susan Sontag, la inmarcesible Susan, que murió estas navidades y casi nadie lo dijo, me ha acompañado por el barrizal de febrero. Su Contra la Interpretación ha sido la mejor vela contra el viento, la marea y la arenilla con que la madre nutricia de los estudios se empeña en cegarme la ingenua mirada…

Reseña (im)propiamente dicha
Contra la Interpretación es un conjunto de ensayos de diferentes temas escritos allá por los años 60. La peculiaridad de estos ensayos viene de dos fuentes: por un lado, la época: prolija en manifestaciones artísticas de todo tipo; en innovaciones en forma de performance y de director de cine francés con jersey de cuello vuelto; por otro lado, la juventud de la autora y esa apertura de miras que nunca le hizo rechazar nada hasta haberlo analizado. Si algo me admira de Susan (aparte de haber conseguido esas magníficas becas universitarias "para pensar") es mantener la mirada limpia e ingenua del "primitivo", no dejarse llevar por idées reçues en ningún momento; saber ser dueña de una ignorancia neutral y no prejuiciosa, y por supuesto, vencerla siempre con el conocimiento y no con la tautología. ¿De dónde le saldría todo esto?

"Mi idea de un escritor: alguien que se interesa por todo. Estar interesada por todo siempre me había resultado algo natural, como era natural para mí concebir así la vocación de un escritor.

Luchar contra la hipocresía, la superficialidad y la indiferencia ética y estética han sido siempre los eslóganes ensayísticos de Susan. Y eso es lo que se plasma en Contra la Interpretación: una colección de reflexiones bien sencillas, magníficamente documentadas, exacerbadamente argumentadas… una fortaleza de la inteligencia contra las andanadas a ciegas de la ignorancia. Los ensayos se apoyan en temas concretos, en obras de arte concreto. Se trata, por lo tanto, de críticas artísticas propiamente dichas. Sin embargo, el atrevimiento editorial que se presupone en la reedición de críticas a obras de arte que a día de hoy pueden resultar desconocidas no es tal. ¿Por qué? se preguntará respetuosamente el respetable. Y bien, porque muchos de los casos presentados en esta antología le hacen la "pascua" (en el sentido etimológico 😉 a la obra en sí; son un "paso a través" de las pinceladas, los fotogramas y los versos hasta encontrar la esencia artística de todas las obras que Susan ha pasado por la lupa.

El primer bloque de ensayos lo constituyen "Contra la Interpretación" y "Sobre el estilo". Con ellos, Susan pone en su sitio a mucho pseudo teórico del arte precipitado y nos pone en su sitio a nosotros. Son dos ensayos brújula, que nos enseñarán a manejarnos por el resto del libro. Más allá del acuerdo que alcancemos con las posiciones de la autora, estos dos ensayos nos sirven casi como declaración de principios para adentrarnos en el resto del libro. Por otro lado, ambos son totalmente innovadores sin ser, por ello, ilógicos o demasiado rupturistas… Son fruto de una nueva lógica, que es a su vez fruto de un tiempo nuevo, que es a su vez fruto de un tiempo anterior. (Y no está dicho así para hacer bonito, que no lo hace, sino porque es la pura realidad: la autora utiliza una nueva lógica pero cimentada en la más amplia tradición teórica).

El segundo bloque está dedicado a la narrativa. Pavese encarna al artista sufridor, al novelista amargado y destinado al suicidio. Lévi Strauss y sus tristísimos trópicos sirven para hablar sobre la nueva concepción del novelista de éxito. Posteriormente, Simon Weil, Jean Paul Sartre, Luckaks y Genet sirven para hacer una reflexión sobre los textos críticos. Susan ilumina con su propia antorcha lo que ella considera que son fallas en las argumetaciones de estos autores, las completa y los pone a todos en danza, a decirse cosas, a "intertextualizar", a compartir sus ideas, en una suerte de diálogo perfectamente dirigido desde los bastidores por Susan Sontag.

El teatro también merece atención; aunque quizás esta es la parte que menos me ha impactado. Las representaciones de teatro son algo muchísimo más caduco que las obras en sí, con lo cual se me escapa en muchas ocasiones lo que Susan critica o alaba. Eso sí, la redención de Artaud o el tajo que le mete al pedestal de Ionesco merecen la pena…

Luego viene el cine, cuarto bloque. Apasionante el recorrido por las películas de Bresson, Resnais o Godard. En muchos casos, sin embargo, no consigue trascender las obras que comenta. Sí que se eleva, sin embargo, al hablar de la Ciencia Ficción. En este ensayo "La imaginación del desastre" consigue hacer una caracterización de la película típica de ciencia ficción. Se trata de una sistematización cómica pero no exenta de verdad. Y Susan no se acobarda a la hora de defender dos o tres películas del género. Y no lo hace mal.

Del último bloque, una suerte de "cajón de susan" en elque se analiza desde el tratamiento de la religión en la literatura americana, hasta la catarsis colectiva y efímera que puede suponer un "happening" (¡yuxtaposición radical los llama!), lo más destacable son las "Notas sobre lo camp". Por un lado, porque están escritas con gran frescura, con ejemplos magníficos que incitan a la sonrisa, y a la simpatización con todo lo "camp"; por otro lado, porque levantan el telón de un fenómeno muy extendido y muchas veces visto con desdén o condescendencia. Pero con este artículo, si hacemos un ejercicio de sinceridad para con nosotros; nos descubrimos dueños de un Parnaso de lo más simpático y de lo más "camp". Lo "camp" puede es algo que hay que saber identificar y proteger.

"El gusto camp es una especie de amor, amor a la naturaleza humana".

La gran definición de lo "camp" aparece, a mi modo de ver en la nota 31:

"Así pues, las cosas son campy no cuando se hacen asistencia, viejas, sino cuando nos liberamos hasta cierto punto de ellas y somos capaces de deleitarnos por el fracaso del intento, en vez de sentirnos frustrados".

En este deleite viene incluida una cierta actitud risueña; de perdón o redención a través de la risa. Jejeje. (Me río porque me he visto en el espejo adelantando al fracaso por la derecha. Traía la barba al viento, tipo Séneca… yo mentiendo ;-))

http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200502.htm

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La novia del Diablo (Seabury Quinn)

La joven Alice Hume es secuestrada el día de su boda por unos extraños sicarios al servicio de una religión de oriente, los yezidis, que adoran al Diablo. El investigador de lo oculto Jules de Grandin y su inseparable ayudante, el doctor Trowbridge, más algunos elementos de la policía local americana y de la Sureté parisina tratarán de localizarla y evitar a la vez el peligro de una increible conspiración mundial de ateos organizada por los sovieticos…

No se trata de alta literatura para nada, sino de puro y simple entretenimiento de corte pulp, con cierto estilo arcaico (está ambientado en los años veinte) y un irrefrenable espíritu aventurero de la vieja escuela, que recuerda a las novelas de Borroughs (pero mejor escrita, naturalmente) o de Ridder Haggard.
La misma estructura es un homenaje a las novelas de inicios de siglo, con el detalle, por ejemplo, de que sea el doctor Trowbridge, amigo de Jules de Grandin, el narrador de sus aventuras, a la manera del doctor Watson. En cierto modo Jules de Grandin es una especie de Sherlock Holmes a la francesa, ingenioso en sus apreciaciones y formas de discurrir, pero dotado a la vez de un sexto sentido mágico, como de medium. En su descripción física, parece una imagen invertida de Sherlock: es bajito (se insiste mucho en ello) y muy francés, tanto que se pasa la novela diciendo rebuscadísimas exclamaciones en su lengua, que tienen, por lo irreales y descabelladas, ese encanto de lo pasado de moda, que Quinn revitaliza. Así, oímos de su boca cosas como: Por las penas de una rana dispéptica, sacre nom de sacre nom de sacre nom, en bien, parbleu, morbleau y similares, que nos demuestran que estamos ante un cómic, una novela de aventuras, un dibujo animado, o una película como esas de la Hammer, llena de misas negras espectaculares, crímenes, mujeres desnudas, sacrificios humanos, peligros africanos, asistencia, viejas ruinas romanas, rituales arcanos, y conspiraciones mundiales.
Al respecto de la conspiración citada en el libro, mencionar que su líder, un ruso llamado Grigor Bazarov, es descrito como un genio del mal no tan exagerado como Fu- Manchú, pero capaz de organizar un movimiento ateo universal que engloba lo mismo a adoradores del diablo, como a seguidores thug de la diosa Kali y a los hombres-leopardo africanos, como a diversos movimientos satánicos y librepensadores, todo ello pagado por los rusos. Resulta gracioso por lo descabellado.
Como es de ley en las novelas de aventuras, la descripción sicológica de los personajes es breve o nula. Pero la acción, dejando aparte un inicio tal vez un poco lento, es rápida y continua, está bien documentado en cuanto a los rituales de las misas negras y del satanismo en general, y aunque la trama como dije antes transcurre en los años veinte, el autor no tiene empacho en mostrar escenas macabras con abundancia de sangre e incluso sacrificios humanos y de bebés.
Una novela para el que busque aventuras sin complicaciones intelectuales. Para pasar el rato en verano está bien. No es un texto exquisito pero tampoco da asco y además está a años luz de engendros modernos que se venden bajo el marchamo de "aventuras" como los bodrios de la señora Navarro (La hermandad de la sábana santa y La biblia de Barro) o de la señora Asensi (El Origen Perdido, Iacobus).

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Disfraces terribles (Elia Barceló)

Ariel Lenormand se propone escribir la biografía definitiva del fallecido escritor Raúl de la Torre. Para ello se entrevista con algunas de las personas que le conocieron.

Algunas de las cosas que se perciben cuando apenas se han leído varias páginas no tienen que ver directamente con la historia, aunque sí con la forma de escribirla.

Por ejemplo, Barceló insiste en construir sus novelas con frases larguísimas (no es raro que ocupen ocho o diez líneas), no le importa poner seguidas palabras que riman, repetir varias veces una palabra en la misma frase o construirla con estructura anglosajona o abusar del “su” hasta el punto de ponerlo cuatro o cinco veces en una sola frase.. Da la impresión de que nadie hubiera leído y corregido el original, como ocurría en su anterior novela, “El contrincante”.

Además de esto, “abusa” de términos en inglés y francés sin molestarse en traducirlos (menos mal que entiendo algo de ambos idiomas) y sin que sea indispensable para la historia.

En cuanto a la novela en sí misma, se pueden hacer dos lecturas, la primera y quizá más superficial es la investigación casi policíaca del pasado de Raúl de la Torre.
Para relatarla, Barceló recurre a la estructura de novela de género (finales de capítulo que dejan algo a medias…) y desde el primer momento incluye varios misterios e informaciones a medias que impulsen a continuar la lectura.

Por medio de recuerdos de personajes como su primera esposa, Amelia, y su editor, André, además de algunas cartas, relatos en primera persona y viajes al pasado se va formando la imagen del escritor y de los que le rodearon.

Los diversos misterios, de diferente importancia, son bastante previsibles cuando se ha leído novela policíaca de forma habitual, quizá por falta de sutileza de la autora o porque no lo considera imprescindible para el funcionamiento de la obra (uno de los hechos importantes se sabe casi desde la primera página.)

La segunda lectura de la novela, y quizá la que más le interesa contar a Barceló, se centra en mostrar la importancia del pasado, recuerdos, apariencias y su influencia en la vida de quienes los vivieron.

Para ello presenta a quienes han sobrevivido a la muerte del escritor y mediante sus recuerdos, conversaciones, y actitudes muestra las consecuencias de vivir entre mentiras, ocultaciones y verdades a medias.

También se habla de la obra que dejó. Varios libros de relato y poesía y, sobre todo, dos novelas que le han hecho mundialmente conocido, y se analiza concierto detalle la primera, “Amor a Roma” y su estructura de palíndromo, tanto en el título como en el contenido.

En cuanto a los personajes, creo que son los mejores que ha creado Barceló (de las tres novelas que he leído); Ariel Lenormand, biógrafo obstinado; Amelia, una mujer fuerte que sigue enamorada de quien tanto daño le hizo; André, amigo de Raúl también enamorado de él, e Ives, su actual pareja, que apenas conoció al escritor pero también sufre la influencia de su personalidad.

Estos cuatro personajes se presentan con lo bueno y lo malo y, a raíz de los descubrimientos que realiza Ariel, cambian en mayor o menor medida sus vidas.

Hay otros personajes secundarios que también tiene cierta importancia. Amanda, la segunda esposa de Raúl y quizá el personaje menos creíble por la historia personal que le impone la autora; Solange, sobrina del recientemente fallecido Armand, que tuvo su importancia en la historia de Raúl e incluso un librero que recomienda a Lenormand que cuando acabe la biografía de De la Torre escriba una novela con el mismo tema para explicarse a sí mismo todas las lagunas que han quedado en la historia del escritor.

Ah, y Raúl de la Torre, un ser egoísta, egocéntrico, manipulador y casi malvado que sigue dominando las vidas de los que lo amaron diez años después de muerto.

Aunque hay algunas cosas que no me gustan, como la injusticia que comete la autora con Amelia, la absurda historia de Amanda, y, quizá de forma algo superficial, el fallido título y la horripilante portada, creo que esta es la mejor de las novelas de Barceló que he leído.

Correcta en el estilo que está escrita y digna en lo que pretende y el resultado conseguido, si tuviera que recomendar una novela suya sería esta.

http://reginairae.blogcindario.com/2005/05/00167-disfraces-terribles-de-elia-barcelo.html

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LA CIUDAD DE LOS NICTÁLOPES (Tanya Tynjälä)

Wriixka vive en una ciudad viviente que le provee de todo lo necesario, le soluciona todos sus problemas e incluso toma decisiones por ella.
Wriixka vive en una ciudad viviente que le provee de todo lo necesario, le soluciona todos sus problemas e incluso toma decisiones por ella. Una mañana descubre que le han crecido alas y que su permanencia en la ciudad está en peligro. Si no quiere que la expulsen, tiene que ocultarlas hasta encontrar una solución. Sin embargo, mientras más crecen… (Tomado de la contratapa)
Tanya Tynjälä es una escritora peruana. Vive y trabaja en Finlandia, donde enseña español y francés.
Libro publicado por la editorial NORMA. Va por la quinta edición y es utilizado en colegios de Perú, Chile y Ecuador.

http://personal.inet.fi/private/tynjala/tanya/

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La celestina (Fernando de Rojas)

La Celestina es una obra literaria española que en sus primeras ediciones (¿1499?, 1500, 1501) fue titulada Comedia y, a partir de algunas ediciones de 1502, Tragicomedia de Calisto y Melibea. Ya en el siglo xvi fue impresa 80 veces en castellano, lo que revela una aceptación poco común, y muy pronto se tradujo al italiano, el alemán, el francés y el latín; también desde esa época empezó a utilizarse el título de La Celestina con que sería conocida para la posteridad, inspirado por la fuerza de su protagonista, la alcahueta por antonomasia.
TÍTULO=»\T1\»>El autor
Los orígenes de la obra continúan siendo poco claros, aunque se han podido establecer las fases principales de su publicación: las primeras ediciones ofrecen un texto en dieciséis actos, unos versos acrósticos en los que se dice que fue «acabado» por el bachiller F. de Rojas, nacido en La Puebla de Montalbán, y, a partir de la edición de 1500, una epístola del autor, que confiesa que halló el primer acto manuscrito y anónimo y lo continuó con quince más. A partir de las ediciones de 1502 incluye cinco actos nuevos (entre el XIV y el XV, con lo que pasó a tener 21) y presenta adiciones en algunos (menos en el primero y casi todo el segundo); en la citada epístola del autor se recoge la opinión de «algunos» según los cuales el autor del primer acto fue Juan de Mena o Rodrigo de Cota. A partir de una edición de 1526 se intercaló, entre los actos XVIII y XIX otro, llamado el «acto de Traso». Exceptuando esta última modalidad, en la impresión de las dos primeras fases de La Celestina intervino el bachiller, el cual siempre afirmó que el acto primero no era suyo y se atribuyó la paternidad del resto. A principios del siglo xx, la crítica adoptó la curiosa actitud de negar la veracidad de estas afirmaciones de Rojas, a quien unos consideraron autor del acto primero y del resto de la obra en veintiuno, y otros le atribuyeron del primero al XVI de la primera fase y le negaron los cinco intercalados y las adiciones que se advierten a partir de 1502. En la actualidad, se cree que Rojas fue veraz y que, por tanto, el primer acto de La Celestina es de un autor castellano desconocido, de fines del siglo xv, y el resto, tanto en la versión compuesta de dieciséis actos como en la de veintiuno con adiciones, se debe al bachiller.
TÍTULO=»\T2\»>La trama
La acción transcurre en tiempo contemporáneo al de la composición de la obra (finales del siglo xv) en una ciudad española (Salamanca, Toledo, Sevilla, parece que es intencionada esta vaguedad). El joven Calisto, rico, gallardo y culto, se enamora de Melibea, muchacha de condición similar, y al ser rechazado por esta, su criado Sempronio le aconseja que recurra a la mediación de una vieja tercera llamada Celestina, y el joven va en su busca. Pármeno, otro criado de Calisto, le pone en guardia contra Celestina, cuya ruindad le explica con todo detalle. Pero, llegada Celestina a casa de Calisto, con su hábil dialéctica y sus promesas se capta el favor de Pármeno, y recibe dinero de Calisto en pago de su futura tercería. Los dos criados y Celestina deciden aprovecharse todo lo posible de la dadivosidad del enamorado Calisto. Celestina, en la soledad de una habitación, conjura a Plutón untando con un ponzoñoso hechizo un ovillo, y luego se dirige a casa de Melibea, donde entra con la excusa de vender hilado. Al hallarse a solas con Melibea, le hace grandes elogios de Calisto, ante lo cual la muchacha reacciona airadamente, pero la alcahueta deja en su poder el ovillo. Al día siguiente Melibea manda llamar a Celestina y le confiesa su pasión por Calisto; así se concierta una cita de los dos enamorados para aquella misma noche. Acompañado de Sempronio y Pármeno, Calisto se encamina a medianoche a casa de Melibea y habla con ella a través de la puerta. Deciden verse la noche siguiente en el huerto, o jardín, de Melibea.
Por la mañana, Sempronio y Pármeno van a casa de Celestina para reclamarle la parte que les toca de las dádivas de Calisto, pero como se niega a darles nada, Sempronio la mata. Ambos huyen, pero son apresados por la justicia y decapitados en la plaza pública. Calisto, que ensimismado en sus pensamientos amorosos poco se preocupa de las muertes de Celestina, Sempronio y Pármeno, toma otros dos criados, Sosia y Tristán, y a las doce de la noche se encamina a casa de Melibea; con una escalera de mano entra en el jardín y allí gozan del amor.
Siguen los cinco actos intercalados a partir de las ediciones de 1502, según los cuales Elicia y Areusa, pupilas de Celestina y amantes de Sempronio y Pármeno, deciden vengar las muertes en la persona de Calisto y contratan a un rufián llamado Centurio para que lo mate. Tiempo después, cuando una noche se halla Calisto en el jardín con Melibea, unos compañeros de Centurio arman alboroto en la calle, lo que espanta a los criados Sosia y Tristán, que se ponen a gritar.
A partir de este momento, vuelven a coincidir los textos de las ediciones primitivas y el de las de 1502 en adelante: al salir del huerto, Calisto no acierta con los peldaños de la escalera, cae a la calle y muere. Los criados se llevan el cuerpo, y Melibea, desesperada, es consolada por su padre, Pleberio (que ignora todo el proceso de sus amores); ella pide ser llevada a la azotea alta de la casa y quedarse sola. Desde allí declara a su padre sus amores con Calisto y la muerte de este, y finalmente se arroja desde lo alto de la torre y se mata. Pleberio cuenta a su mujer, Alisa, lo ocurrido, profiere un largo lamento y maldice al amor.
TÍTULO=»\T3\»>El género
La Celestina, por su forma dramática, por algunos de sus rasgos estilísticos y técnicos y por los nombres de sus personajes, se inserta en una vieja tradición europea: la que, derivada de la comedia nueva griega, recogieron Plauto y Terencio y conservaron en latín los autores de la culta y minoritaria comedia elegíaca y, posteriormente, el teatro de los humanistas (también en latín). En esta tradición es frecuente el caso de dos jóvenes que consiguen hacer realidad su amor gracias a los criados y a la intervención de una alcahueta o tercera. Sin embargo, la obra española supone la ruptura con esta tradición. Destaca la clara intención moral de La Celestina, donde en oposición a sus precedentes latinos, medievales y humanísticos (en los que siempre triunfa el amor logrado con deshonestidad), todos los pecadores reciben el mayor de los castigos. Implacablemente, la muerte sin confesión, y por añadidura el desesperado suicidio de Melibea, castiga a los principales personajes de la tragicomedia, en lo que constituye una evidente lección moral, como atestiguan las palabras que aparecen en algunas de las ediciones primitivas: «compuesta en reprehensión de los locos enamorados […], fecha en aviso de los engaños de las alcahuetas y malos y lisonjeros sirvientes», frases que adquieren su verdadero alcance si se considera que los jóvenes nobles vivían entregados al cuidado de sus criados, quienes les facilitaban todos los vicios cuando querían arrancarles dádivas. Es de advertir que la Inquisición jamás puso reparo ni introdujo enmienda alguna en las numerosas ediciones que se hicieron de La Celestina en España durante los siglos xvi y xvii. Sólo se prohibió a partir de 1793, a causa de los episodios amorosos que en la obra se describen, que habían pasado a ser inmorales para criterios más modernos, y de las blasfemias que profieren algunos de los personajes. Pero la lascivia y la blasfemia reciben, en la obra, el peor de los castigos; en ello reside su moralidad.
TÍTULO=»\T4\»>• Técnicas dramáticas
La obra está escrita en forma de diálogo dramático, a base de parlamentos de los personajes que intervienen en la acción, pero la falta de acotaciones escénicas que permitan advertir los movimientos de los personajes hace dudar de que fuera compuesta con la intención de ser representada (tampoco los argumentos que encabezan cada acto tienen carácter dramático) y existen testimonios de que en su época se llevara a las tablas. No obstante, se ha representado en teatro con un resultado excelente. En la obra, el diálogo se impone sobre lo que se podría llamar el decorado, sobre el movimiento y sobre el tiempo, de tal suerte que este se paraliza, para dejar hablar a los personajes largamente en una escena que transcurre en pocos segundos, o se acelera, cuando un diálogo de pocas líneas se produce en el espacio de dos horas. Por otra parte, a veces ocurre que dos personajes hablan en un lugar determinado (la casa de Calisto, por ejemplo), siguen dialogando por la calle y acaban su conversación en otro lugar (la casa de Celestina), sin que haya ni la más mínima fisura en el coloquio. Se trata de una técnica dramática que parece más cinematográfica que teatral, pero que, en realidad, obedece al propósito de los autores de cifrarlo todo en el diálogo, empeño que se impone a las conveniencias de tiempo, lugar y movimiento.
TÍTULO=»\T5\»>El lenguaje
La Celestina rompe también con la tradición secular al abandonar el latín para ser redactada en un castellano elegante, culto y a veces engolado en boca de Calisto y de Melibea, y otro popular en boca de Celestina, sus pupilas y los criados, con lo que se oponen dos mundos y dos ambientes, captados de la misma realidad. El autor del primer acto y el bachiller Rojas (supuestamente considerados como autores distintos) llevaron a cabo la auténtica revolución literaria de prescindir del latín, aunque no fueron capaces de renunciar a la tradición clásica que se refleja en los nombres de los personajes (Calisto, Melibea, Pármeno, Sempronio, Pleberio, Centurio, etc.), los cuales se mantienen fieles a los de las asistencia, viejas comedias de Plauto y Terencio.
TÍTULO=»\T6\»>El realismo
La Celestina se puede considerar una obra realista, donde todo transcurre con lógica y de acuerdo con las reacciones psicológicas de los personajes. Para el lector, el nexo con la realidad queda roto cuando advierte que el cambio de actitud de Melibea respecto a Calisto no se debe sólo a las eficaces palabras de Celestina, sino también, y principalmente, al ovillo hechizado que esta deja en poder de aquella, ovillo al que Plutón, o sea, el diablo, ha infundido un poder sobrenatural. La magia, pues, es aceptada por el bachiller Rojas como un elemento real, y ello no es de extrañar si se tiene en cuenta el gran número de procesos de brujas que se celebraron en el siglo xvi en toda Europa, y en algunos de los cuales, realizados en España, se encuentran conjuros muy parecidos al que Celestina realiza al invocar a Plutón.

De la Enciclopedia Espasa

Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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